La desintegración del amor, en clave literaria
En la entrevista, el joven escritor argentino habla de la nueva novela.
“La escribí en pleno duelo, tras separarme de la persona con la que había estado los últimos doce años de mi vida”, cuenta Garcés.
Con un trasfondo biográfico apenas transformado por el estatuto literario, el escritor Gonzalo Garcés narra en su novela “El miedo” los intentos de una pareja por disciplinar sus diferencias a lo largo del tiempo y describe el catálogo de secuelas que sobreviene con la ruptura. Conmoción y perplejidad. Los instantes que siguen a la desintegración de una pareja están atravesados por la confusión absoluta, por la falta de respuestas y vectores para calibrar la realidad circundante, tal como le sucede a los protagonistas de la nueva obra del autor de “El futuro”, que recurrió a la literatura para “organizar” el caos que desencadenó el fin de su matrimonio. La novela de Garcés arranca por el final: Cora y Gonzalo se acaban de separar, epílogo que irrumpe como punto de partida para desandar una historia signada por los vaivenes y los desplazamientos geográficos, y donde la sexualidad va marcando el pulso del desencuentro, al principio con la ambigüedad sexual de ella y luego con la inclusión de otros partenaires que terminan de horadar la ilusión del amor-brújula. El autor de “Diciembre” y “Los impacientes”, que actualmente está radicado en Barcelona y llegó a Buenos Aires para presentar “El miedo” (Mondadori), aseguró en una entrevista con que una pareja “es un relato que cuando se quiebra pone en crisis todos los otros relatos: los políticos, los literarios y los afectivos”. –¿Qué plus le otorga la autobiografía a esta suerte de tratado sobre la ruptura amorosa que plantea tu novela? –Por un lado la autobiografía es el género más interesante que conozco. Cuando uno se sienta a escribir con la intención de indagar en algo que pasó, con la intención explícita de no inventar sino de contar la verdad, lo que se consigue es a menudo más interesante que la ficción. Como lector me interesa más el tono de alguien que entrelíneas está hurgando en su vida para contar una verdad que quien compone una fábula para entretener. Al mismo tiempo, creo que cuando describís una experiencia te das cuenta de que esa experiencia no existía antes como relato. Seleccionás, exagerás, subrayás y eliminás elementos de la historia hasta darle una cierta coherencia: al hacer eso no es que falseás la verdad… la estás creando. En el caso de la novela, se narra un momento particularmente frágil para mi identidad, ya que la escribí en pleno duelo, tras separarme de la persona con la que había estado los últimos doce años de mi vida. – ¿La narración del fin de su matrimonio fue únicamente funcional a un interés literario o tuvo también un efecto “paliativo” sobre tu vida? –Cualquiera que ha pasado por esto sabe que sobreviene un período en el cual no sabés bien quién sos: estás acostumbrado a vivir con una persona y de repente no tenés más esos códigos que compartías con ella. En mi caso, se cayeron todas las referencias al mismo tiempo, ya que me separé y dejé de estar con mi pareja y mis hijos (que se fueron a vivir a otro país con su madre) al mismo tiempo me fui del país donde estaba viviendo y me instalé en Barcelona, así que estaba en un vacío total. En esa circunstancia que suele ser muy angustiosa, crear un relato coherente es casi una necesidad. Toda la coherencia que perdiste de golpe hay que volver a generarla contando la historia. Y poco importa que esa historia sea alegre o triste: el sólo hecho de tener de nuevo gracias al relato una historia coherente es una operación curativa muy grande. Yo nunca en mi vida vi tan claramente que la escritura podía funcionar como una balsa. –¿El amor se puede leer bajo las mismas coordenadas que la ficción, se puede equiparar en su construcción de un universo propio que guarda cierta autonomía de la realidad? –Una de las ideas en la novela es que un matrimonio es un relato, es decir, dos personas se enamoran, se juntan y se hacen ciertas promesas. Después ese relato se desarrolla: las promesas se van desintegrando, algunas se cumplen, otras no, otras a medias… pero siempre una pareja son dos personas que se están contando continuamente la historia de lo que son. A todos esa condición nos resulta tranquilizadora. – Lo que se pone de manifiesto en “El miedo” es la validez de un estatuto de percepción ¿Qué ocurre con ese “dispositivo” que construimos al enamorarnos cuando se quiebra el vínculo en cuestión? –Una pareja que convive tiene dos casas: una es el espacio físico que comparte y la otra –más importante– es la “casa” del relato que habita. Cuando ese relato se rompe llega el escepticismo, y entonces uno pasa a desconfiar de todos los relatos. “Si este refugio que era el relato que tenía con mi pareja se vino abajo, entonces cualquier refugio se puede venir abajo”, solemos pensar. Y como la novela o los relatos son refugios también, es interesante notar que hay toda una tradición de relatos donde al mismo tiempo se cuenta un duelo y se cuestiona el relato mismo. El máximo exponente en ese sentido es “Hamlet”, que está en duelo porque acaba de perder al padre, su madre luego se casa con su tío, en fin, todo un desbarajuste. No es casualidad entonces que Hamlet se pase la mitad de la obra cuestionando los relatos: el que que los otros personajes hacen de las obras o el “relato oficial” en Dinamarca según el cual todo corresponde al orden natural de las cosas. Hamlet no se banca eso y lo cuestiona. Hay un momento en el cual cuestiona el acto dramático. Eso está ligado a la problemática de la novela: si una pareja es un relato, cuando eso se viene abajo hay un momento en el cual se desconfía de todos los relatos. Los políticos, los literarios y, por supuesto, los afectivos. –En una relación, a veces tomamos del otro sólo aquello que necesitamos o deseamos ver, en definitiva una parcialidad ¿La ruptura se puede leer como un doloroso proceso de “sinceramiento” en el que por fin estamos en condiciones de ver al otro como es? –Hay una lucidez que tenés cuando recién te separás acerca de la gran ficción sobre la que apoyamos nuestras vidas, la sociedad, la política, las relaciones en general y todo el entramado social. Hay momentos en que lo percibís como un refugio, otros como una cárcel y otros simplemente no lo creés, pero tarde o temprano te debés `entontecer` un poco y volver a creer, porque no podés vivir en el vacío, salvo que fundes tu identidad en el hecho de ser el que duda… ése sería como el camino Hamlet. (Télam)
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios