La dura lucha de los crianceros a la orilla del Limay
A la sequía que diezma sus rebaños se sumó este invierno la ceniza volcánica, que corroe la dentadura de las ovejas. “Nos entregaron nueve fardos de pasto a cada uno. No alcanza ni para mantener un caballo”, dicen.
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A la sequía que diezma sus rebaños se sumó este invierno la ceniza volcánica, que corroe la dentadura de las ovejas. “Nos entregaron nueve fardos de pasto a cada uno. No alcanza ni para mantener un caballo”, dicen.
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