La escuela y la crisis, Por Daniel Agostino05-12-03

Por Redacción

Miles de chicos asisten a clase cotidianamente en nuestra provincia, en nuestro país. Una observación rápida y al pasar del patio de cualquier escuela con chicos jugando nos haría pensar ligeramente que la fenomenal crisis que azotó a nuestro país en los últimos años, que dejó como saldo una situación social de extrema gravedad, no entró en el sistema escolar, que al menos no lo afectó gravemente. Quien así pensara se equivocaría. En la superficie son los mismos edificios y los mismos docentes e incluso los mismos niños, pero en el fondo muchas cosas han cambiado en los últimos años.

En principio cambió dramáticamente la situación social. Hoy el 70% de los chicos menores de 14 años vive en la pobreza. Esto significa que nos enfrentamos a una situación social como no conocimos en el pasado: la escuela definitivamente está jugando un rol dentro de las políticas sociales, millones de chicos almuerzan en la escuela y ésa es su única comida; millones de chicos tienen familias que viven el peso de esta situación de distintas formas, abandonos, violencia familiar, adicciones, padres ausentes, inexistencia de estímulos familiares, cuando no directamente la desnutrición. Estas son algunas de las realidades con las que los docentes deben lidiar cotidianamente.

Tampoco los docentes están libres de estas situaciones. Según una encuesta realizada por el Instituto de Investigación y Planeamiento Educativo de la UNESCO, en la Argentina a pedido del Ministerio de Educación en el 2000 más de un tercio de estos docentes viven debajo de la línea de pobreza y el resto no nada precisamente en la abundancia, buena parte de los hogares tienen como jefa de hogar a docentes, con parejas que han quedado desocupadas, con todas las connotaciones que eso tiene para la valoración de las personas y el clima familiar. Luego de la devaluación de la moneda y la caída del consumo, estos niveles seguramente se agravaron entre la planta docente argentina.

En otras palabras, las familias de los docentes sufren lo mismo que las familias de los alumnos. La crisis entró, aunque de distintas formas, a todos los hogares.

Lo cierto es que cada día, ese universo iza la bandera y repite códigos añosos en todos los rincones del país. Resulta difícil en este contexto imaginar que el deseo circula, que los alumnos y docentes comparten con la avidez de otros tiempos lecturas mágicas y datos de geografías lejanas. Creo que ahí se esconde el desafío de pensar una escuela en tiempos de crisis, sabemos que más allá de las intenciones quien no lee no aprende y que es muy difícil desear leer o hacerlo al menos con ganas en un contexto social como el actual. Partiendo de la premisa que la educación debe ser una política de Estado y estar inmersa en el universo de las políticas sociales, ya que no se puede enseñar a niños que no comen, que no tienen guardapolvos, zapatillas y útiles, la escuela debe equilibrar esas diferencias y desde ahí pensarse en equidad. Se puede desde las buenas intenciones querer una educación con equidad, pero no es posible en las actuales circunstancias. Además resulta muy importante con estas condiciones no sólo quedarse en lo paliativo, sino retomar la educación como un proceso lo suficientemente flexible como para crear condiciones de innovación, de alternativas en la enseñanza, en el quehacer cotidiano del aula, mientras la situación mejora. Porque los chicos asisten a la escuela cada día y mientras se equilibra la balanza hay que seguir enseñando y transmitiendo contenidos, valores y normas que se adapten a estos tiempos y que tengan sentido. Porque la crisis no es sólo económica, también hay una fuerte crisis de valores e ideas, donde hemos perdido el placer por el conocimiento, el deseo de saber, el valor del esfuerzo. La escuela debe enseñar a construir un sentido que nos reúna nuevamente en ideales, en proyectos y en expectativas.

Nuestros chicos tienen hambre de muchas cosas.

La educación argentina debe tomar el desafío de paliarlo, formando ciudadanos con sentido crítico que construyan un futuro digno.

 

 

(*) Psicólogo,ex legislador provincial, coautor de la ley provincial de Educación y ex coordinador de becas del Ministerio de Educación de la Nación (1999-2001).


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