La esquizofrenia del territorio

Por María Nélida Martínez (*)

El profesor Milton Santos, geógrafo y pensador brasileño, nos legó con su vasta obra intelectual una propuesta de interpretación multidisciplinar del mundo contemporáneo. Ideología, globalización perversa, tiranía de la información y el dinero, empobrecimiento creciente de las masas son algunos de los conceptos que nos permiten construir un bagaje de nociones para comprender parte de la existencia. El penúltimo libro que escribió en el 2000 lo denominó «Por uma outra globalizcao. Do pensamento único a consciencia universal». A un año de su desaparición física queremos compartir, a través de este artículo, algunas de las ideas principales que desarrolla en ese texto.

Los territorios constituyen una fracción regional o local de la sociedad nacional, planetaria, que están en constante transformación y movimiento. Por eso, el territorio no es un dato menor ni un actor pasivo en un mundo globalizado que fragmenta los lugares, robándole su propio destino, a través de fuerzas dominantes expresadas en la manipulación de la información y en el circuito financiero. Se produce así una verdadera esquizofrenia.

La violencia de la información

Una de las características del período histórico actual es el papel despótico que tiene la información. El avance de la tecnología en comunicación debería posibilitar el conocimiento del planeta real, sus sistemas sociales, sus sistemas artificiales. Pero en realidad los agentes que producen la información generalmente están lejos de que así sea. Por un lado, la información es manipulada en función de objetivos particulares y hegemónicos; y por el otro, la facilidad o la dificultad en la obtención de sucesos de la realidad de los países «libres» o de los «menos libres» hace que se informe sólo una parte del mundo, fraccionando así su funcionamiento, que en realidad constituye un todo interrelacionado. Por lo tanto, sólo se exhibe una parcialidad, lo cual significa mostrar el mundo a medias. «El evento se le entrega maquillado al lector, al oyente, al telespectador, y es también por eso que en el mundo de hoy se producen simultáneamente fábulas y mitos».

Actualmente la información es imprescindible. Pero lo que abunda es la noticia manipulada y superficial que en vez de esclarecer, confunde. «Los eventos se falsifican, porque no es el hecho verdadero lo que los medios nos dan, sino que es una interpretación, esto es la noticia (…) marcada por los humores, visiones, preconceptos e intereses de las agencias».

La producción, el poder y el consumo necesitan de la información como propaganda para «vender», es por eso que el discurso antecede a las acciones, dirigidas a tal propósito. «Estamos delante de un nuevo «encantamiento del mundo», en el cual el discurso y la retórica son el principio y el fin. Por lo tanto, la información actual tiene dos rostros, uno por el cual busca instruir y otro por el cual busca convencer».

La violencia del dinero

El circuito del capital financiero no tiene fronteras ni territorio. Es una red interconectada como si fuese un flujo de energía constante, aplicada en todos los lugares donde se asienta.

«Cuando una empresa multinacional se instala en un país C o D, los impuestos internos pasan a participar de la lógica financiera y del trabajo financiero de ella. Cuando el dinero es expatriado luego puede volver al país de origen en forma de crédito y de divisa, es decir, por intermedio de grandes empresas globales. Lo que sería impuesto interno se transforma en impuesto externo, por el cual los países deudores deben pagar cuotas extorsivas. Esa es la lógica actual de la internacionalización del crédito y de la deuda. La aceptación de un modelo económico en que el pago de la deuda es prioritario implica la aceptación de la lógica de ese dinero».

El sistema financiero internacional no sólo cuenta con la base de megaempresas productoras de bienes y servicios, sino que también se reproduce con el «blanqueo» de dinero sucio, y viceversa, de los capitales destinados al terrorismo, la venta ilegal de armas, el tráfico de drogas. La ausencia de control del origen y destino de estos capitales se ha transformado en una nebulosa y en una amenaza para la paz mundial. La suma de dinero que manipulan las redes terroristas es cuantiosa. Para 1990 oscilaba entre 800.000 y 900.000 millones de dólares. Como dato ilustrativo, los expertos han creado un instrumento estadístico denominado PBC, Producto Bruto Criminal. En los últimos 10 años las mafias han acumulado más de 3.300 millones de dólares, que están esparcidos por el mundo en el sistema financiero. Esto demuestra que «las finanzas mueven la economía y la deforman, llevando sus tentáculos a todos los aspectos de la vida». Por eso, es lícito hablar de tiranía del dinero.

La globalización del

terrorismo y el territorio

Los territorios de Oriente y Occidente son diferentes por su pasado histórico, su cultura, su identidad… Pero con los actos terroristas de New York y Washington quedó demostrado que el sistema financiero y la información tornaron a estos mundos en uno. El dinero unificó el planeta en una aldea global, pues la financiación de los atentados fue concretada con los depósitos de células terroristas en plazas financieras de las ciudades más importantes del mundo. La lógica capitalista esparció sus redes en entidades financieras de escala nacional, regional y local, para seguir reproduciendo las tasas de ganancias de «sus inversores». La aplicación de la velocidad e instantaneidad de las técnicas comunicacionales y operativas ha posibilitado, desde distintos y distantes territorios reales, ejecutar operaciones financieras virtuales en apenas 20 minutos.

El «nuevo orden mundial» de los años «90 se ha transformado en un «nuevo desorden». La información y el sistema financiero han jugado un papel importante en la construcción, casi instantánea, de las conciencias colectivas. Nos preguntamos cómo interpretaría el profesor Santos los hechos actuales. Quizás haría referencia a que en el desorden aparente de las cosas y las personas siempre se trasluce en esencia la lucha por el poder económico y financiero en los territorios. Ambos, producto de una globalización perversa, que también deja entrever la peligrosidad de sus excesos y extremismos. Seguramente nos repetiría incansablemente que la lucha de los pueblos conscientes unidos por la fuerza de la cooperación debería tender a buscar otra globalización.

(*) Docente e investigadora del Departamento de Geografía de la Facultad de Humanidades. Universidad Nacional del Comahue.


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