La falta de anticipación, otro de los flagelos de la economía




El último rebrote inflacionario podría haberse evitado. Lo más sensato hubiera sido haber determinado en enero un ajuste tarifario bajo y trabajar en un esquema de precios de servicios públicos de largo plazo y cumplible.

Volvió a estallar la inflación, con un nivel del 4,7% en marzo, y de nuevo se repiten los errores de la clase política argentina, siempre preocupada más por la expectativa electoral y el corto plazo que por buscar herramientas e instrumentos que permitan de a poco enderezar el país hacia una mayor previsibilidad y estabilidad.

La semana pasada se anunciaron medidas para intentar frenar la espiral inflacionaria, que después de la debacle de marzo puso muy nervioso al gobierno y muy “contentos” a dirigentes de la oposición en pleno comienzo de la campaña para las elecciones presidenciales de octubre.

Ni la actual gestión, ni la anterior kirchnerista, y tampoco las que les antecedieron a estas dos pudieron anticiparse a los hechos en la economía argentina.

Claramente este último rebrote inflacionario podría haberse evitado. Quizás el congelamiento de tarifas de servicios públicos se podría haber efectuado antes, no cuando el tema se transformó en una ola gigantesca.

Después de una inflación del 47% en el año pasado, la lógica indicaba que era difícil poder llevar un nuevo ajuste de tarifas como se venía dando en los últimos años.

Tal vez lo más sensato hubiera sido haber determinado en enero un ajuste tarifario en una cifra muy baja y trabajar de lleno en un esquema de precios de servicios públicos de largo plazo y cumplible.

Se podrá decir que los subsidios deben seguir recortándose para poder cumplir con las metas fiscales, con el objetivo de déficit cero comprometido en el acuerdo con el FMI.

Pero la capacidad contributiva de la población ha llegado a un límite y, si bien era lógico reducir los subsidios y corregir la “gravísima” distorsión de precios que dejó la administración kirchnerista, también hay que entender que la devaluación hizo estallar un proceso inflacionario que estranguló el consumo interno.

Es allí donde los gobiernos en la Argentina repiten los errores una y otra vez. Los congelamientos de precios nunca funcionaron, aunque en esta última versión son pocos productos, aquellos que integran una mínima canasta familiar.

Pero no se observa desde el punto de vista fiscal que se hayan recortado sustancialmente los gastos de la política.

A pesar que el balance de las cuentas públicas ha mejorado y el primer trimestre terminó con un ligero resultado positivo del 0,1% del PBI, la estructura de la administración pública nacional sigue siendo notablemente sobredimensionada.

Hasta el momento han sido muy acotados los recortes en distintas áreas políticas como por ejemplo, los ministerios, las embajadas, los gastos de representación de los funcionarios y diplomáticos.

Es verdad que el panorama fiscal dejado en el 2015 fue calamitoso, pero el gobierno se concentró solo en los subsidios para el recorte fiscal, disminuyendo notablemente la capacidad de compra de los salarios y avanzó muy poco en los recortes de los gastos de la política.

Recién en los últimos tres meses se vio algo más de movimiento en ese aspecto, pero también en forma acotada.

Es indudable que la estructura estatal y tributaria de la Argentina requiere reformas profundas, como para generar las condiciones hacia delante de un país más estable y previsible.

Para ello, los gobiernos en el país deben mirar más allá de las elecciones de turno, algo que en la dirigencia política toda que tiene nuestro país es cada vez más difícil.


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