La fuerte afluencia de chilenos apuntala la temporada

La afluencia de visitantes triplicó a los turistas trasandinos del año pasado. No obstante, los extranjeros miden sus gastos y no son tan consumistas como los argentinos.

SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Si bien la temporada turística en esta ciudad es la peor en muchos años, la fuerte afluencia de visitantes chilenos registrada a lo largo de febrero está ayudando a mitigar la crisis. Los registros en el paso Cardenal Samoré revelan que el ingreso de personas desde el vecino país está triplicando al del mismo período del año anterior, y son muchos los comerciantes de la ciudad que atribuyen a clientes de esa nacionalidad hasta el 80 por ciento de sus ventas.

La devaluación bajó a la mitad los precios relativos de todos los servicios turísticos para quien llegue con dólares (o con pesos chilenos). Debido a la cercanía y los lazos históricos con la región (muchos tienen familiares en Bariloche), los habitantes del país vecino fueron los que con mayor rapidez pudieron organizar el viaje para aprovechar la nueva relación cambiaria.

El empresario chocolatero Luis Brogger reconoció que la presencia de los chilenos «se hace sentir» y que -luego de un enero muy malo- este mes empujó la facturación en muchos comercios hasta equipararla con la de febrero de 2001. Quienes más aprovecharon la fugaz primavera están las cabañas y bungalows, los locales gastronómicos de todo tipo, las chocolaterías y la casas que venden regalos y artesanías.

Pero (siempre hay un pero), un vendedor de tejidos hizo notar que el público chileno no se parece en nada al argentino. «Aunque anden con dinero, ellos no son tan consumistas como nosotros -analizó-. Preguntan mucho el precio, regatean y es difícil que compren algo que no necesitan».

En varios bungalows consultados dijeron que los chilenos «se bajan y no miran nada. Sólo preguntan el precio y si les parece caro se van». En «Los Ciervos», por ejemplo, dijeron haber alojado varias familias de ese origen, pero «se quedan sólo un par de días». En materia de regalos, suelen llevarse tallas en madera, mates, velas y flores secas, ropa de calidad, cueros y también chocolates artesanales, que son un producto distintivo de Bariloche y difícil de encontrar del otro lado de la cordillera.

Los restaurantes fueron uno de los rubros más beneficiado por los visitantes trasandinos. Richard Oyarzún, de Chachao, dijo que «se sorprenden con los productos locales y son muy adeptos a las carnes, los ahumados y los hongos de la región». En restaurantes como «La Granja», los mozos indicaron que estos días «de cada 10 mesas ocupadas, en 8 había chilenos».

Quienes casi no pudieron aprovechar la oleada de trasandinos fueron las empresas de excursiones. Se trata de un servicio que les resulta caro y la gran mayoría prefiere recorrer la zona en sus propios vehículos. Algunos -muy pocos- contratan excursiones lacustres. Como hacía años no ocurría, las colas en la aduana de Puyehue este año no están hegemonizadas por argentinos. Según refirió el gerente del Emprotur, Guillermo Estévez, en todo febrero el paso internacional contabilizó el ingreso de unos 10 mil chilenos «y este año fueron 9.000 en los primeros 10 días».

En Bariloche «desfilan» las patentes blancas

Sin cifras precisas en la mano, los barilochenses suelen medir la presencia de chilenos por la frecuencia con la que se cruzan con las patentes blancas que caracterizan a sus vehículos. Este año parecieron adueñarse de las calles, favorecidas por la deserción del turismo nacional. El sábado último al mediodía, fue posible contabilizar 15 autos y camionetas chilenas sólo en las dos primeras cuadras de Mitre.

Milna Almonacid, de Puerto Montt, reconoció que «los hoteles están muy baratos y la gente es muy amable, pero uno los ve deteriorados. Les falta pintura. La ciudad también está fea, nada que ver con lo que era hace 10 años». En materia de compras dijo haber elegido mucho pero terminó llevándose chocolate y prendas de cuero, «porque allá no hay de esta calidad».

A pocos metros paseaba con su familia un santiaguino, Omar Quijano, quien destacó la variedad de la gastronomía y se quejó por «el precio de las excursiones». Al enterarse de todo lo que podía hacer con un puñado de dólares, también optó por viajar hasta esta ciudad Enrique Franco, un peruano de Arequipa a quien sorprendió «lo bonito de los paisajes». Los servicios, a su juicio, son muy buenos, pero también los contrastó con «las cosas descuidadas y el pesimismo de la gente». (AB)


SAN CARLOS DE BARILOCHE (AB).- Si bien la temporada turística en esta ciudad es la peor en muchos años, la fuerte afluencia de visitantes chilenos registrada a lo largo de febrero está ayudando a mitigar la crisis. Los registros en el paso Cardenal Samoré revelan que el ingreso de personas desde el vecino país está triplicando al del mismo período del año anterior, y son muchos los comerciantes de la ciudad que atribuyen a clientes de esa nacionalidad hasta el 80 por ciento de sus ventas.

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