La inflación no se rinde
Los kirchneristas consiguieron instalar la idea de que los años sin inflación de la convertibilidad habían sido tan horribles, por lo que sucedería después, que deberíamos agradecerles por haberla impulsado nuevamente y mantenerla en lo que, según las pautas locales, es un nivel bastante razonable, de entre el 25 y el 40% anual. El logro propagandístico así supuesto forma parte de la “herencia maldita” que sus sucesores están tratando de manejar. Para el gobierno del presidente Mauricio Macri, el que la sociedad se haya acostumbrado a convivir tranquilamente con una tasa de inflación que en otros países motivaría angustia tiene sus pros y sus contras. Por un lado, si el costo de vida sube un par de puntos, el ministro a cargo de la economía no sufrirá los ataques demoledores que en tal caso tendrían que enfrentar sus homólogos en países como Alemania; por el otro, no podrá tomar medidas fuertes destinadas a frenar la inflación porque la mayoría parece estar convencida de que aquí la cura suele ser mucho peor que la enfermedad, razón por la cual sería mejor resignarse a tasas que en los países desarrollados serían consideradas suicidas. Aunque los economistas ortodoxos coinciden en que la inflación alta es malísima y muchos políticos dan a entender que comparten su opinión, para la mayoría el tema no es prioritario. Si bien no le gustan para nada las consecuencias concretas de la inflación, le preocupa más la posibilidad de que el gobierno termine optando por intentar frenarla mediante un ajuste. Aunque el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, inició su tarea con lo que podría calificarse de una serie de shocks al desmantelar el cepo cambiario de un día para otro, lo que para decepción de los kirchneristas no tuvo el impacto devastador que habían previsto, además de eliminar muchas retenciones y reducir otras, parecería que en adelante obrará de manera gradualista, aplicando medidas similares a las de gobiernos anteriores. Por razones políticas y sociales, los macristas no quieren que caiga demasiado el poder adquisitivo ni de los sectores de ingresos exiguos ni de la clase media relativamente adinerada, de ahí la decisión de continuar “cuidando” los precios de los bienes de la canasta básica y de negociar en las paritarias aumentos salariales “racionales” con los sindicatos más poderosos, con la esperanza de que, andando el tiempo, el control más profesional de las variables financieras sirva para que los vientos inflacionarios comiencen a amainar. ¿Lo harán? Para inquietud de muchos expertos, el gobierno de Macri ha elegido una política monetaria y fiscal tan expansiva como la adoptada por el kirchnerista en la fase final de su prolongada gestión al privarse de fuentes importantes de ingresos y comprometerse a aumentar el gasto social para combatir el clientelismo. Parece confiar en que las eventuales mejoras productivas, más inversiones y un grado mayor de endeudamiento le permitan saltar de la situación nada prometedora actual hasta otra más holgada sin demasiados problemas. Mientras que, gracias al estancamiento de la economía, el año pasado el costo de vida aumentó aproximadamente el 28% según algunos sindicalistas y consultoras privadas, se prevé que para el año corriente suba hasta el 35% o más al hacerse sentir la devaluación del peso oficial y las remarcaciones que se registraron en noviembre y diciembre. Lo mismo que el gobierno kirchnerista, el de Macri espera que tanto los comerciantes como los sindicalistas colaboren en un esfuerzo mancomunado por impedir que la inflación ya rutinaria se transforme en hiperinflación, advirtiéndoles que en tal caso todos perderían. Sin embargo, algunos sindicalistas ya han dicho que pedirán aumentos por encima del 30%, lo que según su lógica sería más que razonable ya que servirían para conservar el poder adquisitivo de sus afiliados. Reconciliar tales pretensiones con la realidad económica no sería del todo sencillo, paro a juzgar por lo hecho y dicho hasta ahora por los funcionarios del nuevo gobierno, Macri, Prat Gay y los demás creen poder alcanzar acuerdos con los sindicatos que les permitan superar las dificultades coyunturales sin que estalle una crisis realmente grave que los obligaría a adoptar una postura mucho más antipática frente a quienes exigen a la economía más de lo que está en condiciones de darles.
Comentarios
Estimados/as lectores de Río Negro estamos trabajando en un módulo de comentarios propio. En breve estará habilitada la opción de comentar en notas nuevamente. Mientras tanto, te dejamos espacio para que puedas hacernos llegar tu comentario.
Gracias y disculpas por las molestias.
Comentar