La jornada de Macri
De regir en la Capital Federal las reglas que se han adoptado para las elecciones presidenciales, Mauricio Macri estaría celebrando un triunfo aplastante sin tener que prolongar la campaña tres semanas más, ya que quedó a menos de tres puntos del 50% que necesitaría para formalizar su reelección. En teoría, sería factible que su contrincante principal, el kirchnerista Daniel Filmus, lograra remontar la diferencia abismal que, para sorpresa de muchos, lo separó del jefe del gobierno porteño, pero para que ello ocurriera tendría que producirse un cambio cataclísmico en el panorama político, razón por la que a juicio de muchos le convendría al representante del oficialismo darse por vencido. Si bien Filmus mejoró levemente la proporción de votos que consiguió cuatro años antes, también lo hizo Macri, de suerte que la actitud triunfalista que, a pesar del resultado contundente de la primera vuelta, han asumido tanto el candidato como los voceros del gobierno nacional podría servir para intensificar todavía más la antipatía que sienten tantos porteños hacia el kirchnerismo. Como el propio Macri entenderá muy bien, una parte significante del más del 47% de los votos que cosechó se debió menos a las bondades de su gestión que a la voluntad del grueso de los habitantes de la Capital Federal de castigar a un movimiento que a su entender es prepotente y vengativo. Macri, quien optó por replegarse a la Capital Federal al darse cuenta de que su precandidatura presidencial no iba a ninguna parte, ya tiene derecho a considerarse el opositor mejor posicionado para las elecciones de 2015, pero sus planes en tal sentido dependen de la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Si antes del 23 de octubre el país experimentara una de sus esporádicas mutaciones políticas, el jefe del gobierno porteño podría verse marginado nuevamente ya que, como aprendió en los meses que siguieron a las elecciones legislativas del 2006, sus eventuales aliados en la provincia de Buenos Aires y otras jurisdicciones del interior, cuya colaboración necesitaría para armar una estructura nacional, siempre privilegiarán sus propios intereses inmediatos y, de llegar uno a la presidencia, se pondría enseguida a subordinar al porteño a su “proyecto” personal. De todos modos, en cuanto se hizo evidente que Macri había hecho una muy buena elección, superando a las previsiones más optimistas de su propio equipo, varios opositores que aún están en la carrera presidencial se apresuraron a celebrarla. Lo que quieren hacer es instalar la idea de que en el resto del país también las encuestas han subestimado groseramente el poder de convocatoria de los adversarios de Cristina como en efecto hicieron en la ciudad de Buenos Aires, donde algunas ubicaron a Filmus a escasa distancia de Macri. Por razones similares, el gobierno nacional está procurando impedir que se “nacionalicen” las elecciones locales no sólo en la Capital Federal sino también en Santa Fe y Córdoba, distritos en que las perspectivas ante los candidatos oficialistas no son exactamente promisorias. Puesto que la noción de que “Cristina ya ganó” constituye una de las armas proselitistas más eficaces del gobierno, los estrategas de la presidenta no tienen más alternativa que la de intentar hacer pensar que las únicas elecciones provinciales o municipales que realmente importan son aquellas en las que el desempeño del kirchnerismo resulte ser mejor que el previsto, tesis ésta que los aspirantes opositores están procurando rebatir. Así, pues, Ricardo Alfonsín jura que de haber sido porteño hubiera votado por el PRO, lo que fue sin duda una noticia ingrata para la candidata radical Silvana Giúdici que tuvo que conformarse con el 2% del total y por su ex correligionario Ricardo López Murphy que recibió un aún más magro 1,4%. También trató de aprovechar el resultado Eduardo Duhalde, que ya se había acercado a Macri, mientras que Elisa Carrió lo tomó por un golpe muy fuerte asestado al “autoritarismo fascista” y la corrupción del gobierno nacional. Aunque la candidata de la Coalición Cívica, la senadora María Eugenia Estenssoro, sólo obtuvo el 3% de los votos, de compartir los simpatizantes de Carrió sus opiniones vehementes, Macri ya podría dormir tranquilo aun cuando todos los votos de Pino Solanas se fueran a Filmus, lo que, huelga decirlo, sería muy poco probable.
De regir en la Capital Federal las reglas que se han adoptado para las elecciones presidenciales, Mauricio Macri estaría celebrando un triunfo aplastante sin tener que prolongar la campaña tres semanas más, ya que quedó a menos de tres puntos del 50% que necesitaría para formalizar su reelección. En teoría, sería factible que su contrincante principal, el kirchnerista Daniel Filmus, lograra remontar la diferencia abismal que, para sorpresa de muchos, lo separó del jefe del gobierno porteño, pero para que ello ocurriera tendría que producirse un cambio cataclísmico en el panorama político, razón por la que a juicio de muchos le convendría al representante del oficialismo darse por vencido. Si bien Filmus mejoró levemente la proporción de votos que consiguió cuatro años antes, también lo hizo Macri, de suerte que la actitud triunfalista que, a pesar del resultado contundente de la primera vuelta, han asumido tanto el candidato como los voceros del gobierno nacional podría servir para intensificar todavía más la antipatía que sienten tantos porteños hacia el kirchnerismo. Como el propio Macri entenderá muy bien, una parte significante del más del 47% de los votos que cosechó se debió menos a las bondades de su gestión que a la voluntad del grueso de los habitantes de la Capital Federal de castigar a un movimiento que a su entender es prepotente y vengativo. Macri, quien optó por replegarse a la Capital Federal al darse cuenta de que su precandidatura presidencial no iba a ninguna parte, ya tiene derecho a considerarse el opositor mejor posicionado para las elecciones de 2015, pero sus planes en tal sentido dependen de la reelección de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Si antes del 23 de octubre el país experimentara una de sus esporádicas mutaciones políticas, el jefe del gobierno porteño podría verse marginado nuevamente ya que, como aprendió en los meses que siguieron a las elecciones legislativas del 2006, sus eventuales aliados en la provincia de Buenos Aires y otras jurisdicciones del interior, cuya colaboración necesitaría para armar una estructura nacional, siempre privilegiarán sus propios intereses inmediatos y, de llegar uno a la presidencia, se pondría enseguida a subordinar al porteño a su “proyecto” personal. De todos modos, en cuanto se hizo evidente que Macri había hecho una muy buena elección, superando a las previsiones más optimistas de su propio equipo, varios opositores que aún están en la carrera presidencial se apresuraron a celebrarla. Lo que quieren hacer es instalar la idea de que en el resto del país también las encuestas han subestimado groseramente el poder de convocatoria de los adversarios de Cristina como en efecto hicieron en la ciudad de Buenos Aires, donde algunas ubicaron a Filmus a escasa distancia de Macri. Por razones similares, el gobierno nacional está procurando impedir que se “nacionalicen” las elecciones locales no sólo en la Capital Federal sino también en Santa Fe y Córdoba, distritos en que las perspectivas ante los candidatos oficialistas no son exactamente promisorias. Puesto que la noción de que “Cristina ya ganó” constituye una de las armas proselitistas más eficaces del gobierno, los estrategas de la presidenta no tienen más alternativa que la de intentar hacer pensar que las únicas elecciones provinciales o municipales que realmente importan son aquellas en las que el desempeño del kirchnerismo resulte ser mejor que el previsto, tesis ésta que los aspirantes opositores están procurando rebatir. Así, pues, Ricardo Alfonsín jura que de haber sido porteño hubiera votado por el PRO, lo que fue sin duda una noticia ingrata para la candidata radical Silvana Giúdici que tuvo que conformarse con el 2% del total y por su ex correligionario Ricardo López Murphy que recibió un aún más magro 1,4%. También trató de aprovechar el resultado Eduardo Duhalde, que ya se había acercado a Macri, mientras que Elisa Carrió lo tomó por un golpe muy fuerte asestado al “autoritarismo fascista” y la corrupción del gobierno nacional. Aunque la candidata de la Coalición Cívica, la senadora María Eugenia Estenssoro, sólo obtuvo el 3% de los votos, de compartir los simpatizantes de Carrió sus opiniones vehementes, Macri ya podría dormir tranquilo aun cuando todos los votos de Pino Solanas se fueran a Filmus, lo que, huelga decirlo, sería muy poco probable.
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