La lección del “shutdown”

ANáLISIS

En nuestros fueros íntimos y familiares, es habitual preguntarnos en estos días: ¿qué pasa en Estados Unidos?, ¿qué significa que “cerró el gobierno”?, ¿cómo es posible que esto ocurra? La perplejidad en la Argentina puede explicarse por la ausencia de una cultura fiscal apegada a la verdad, al rigor y –sobre todo– al cumplimiento de las leyes. En definitiva, se comprende por la devaluación a la que sistemáticamente los Ejecutivos sometieron a la ley de leyes: el presupuesto. ¿Qué es el “shutdown” en Estados Unidos? Es la parálisis del gobierno federal por la sencilla razón de que no ha logrado el presupuesto para funcionar. Tal como determina la Constitución de ese país, el Congreso tiene que aprobar las leyes de presupuesto que financien la Administración. Si no las aprueba, no hay dinero para su labor: no se pueden pagar salarios ni cumplir con los proveedores; tampoco otorgar pasaportes o autorizar préstamos para viviendas, etcétera. Determina esta situación la feroz disputa política de los republicanos con Obama, que intentan frenar la reforma del sistema de salud condicionando el presupuesto. Pero, más allá de la contienda política, el dato importante es que los estadounidenses cumplen a rajatablas con la Constitución y las leyes. Si terminado el año fiscal (del 1 de octubre al 30 de septiembre) no hay presupuesto aprobado, directamente no hay un solo dólar que pueda gastarse. Y no hay improvisación que valga. No existen prórrogas ni decretos que sustituyan las herramientas aprobadas por el Congreso. Es impensable que se viole la ley. En cambio aquí, en Argentina, no sólo el Presupuesto es tratado como una mera formalidad parlamentaria molesta de fines de año, tanto para el Ejecutivo que lo tiene que elevar al Congreso como para muchos legisladores. Tampoco es desmenuzado ni debatido en profundidad, y los dibujos de las cifras hechas por el gobierno son consentidos con ligereza extraordinaria. • Precisamente, un aspecto frecuente del presupuesto argentino de los últimos tiempos es la irrealidad: inconsistencias en las proyecciones de inflación, ilusiones en el crecimiento de la economía, determinaciones engañosas de gastos e ingresos, excesivo optimismo en la balanza comercial, y consecuencias no ponderadas para el sistema financiero que determinarán un notable incremento de la deuda, por cupones atados al PBI. • Si no se aprobase el presupuesto por las razones que fueren, el Ejecutivo toma clásicos atajos. Acude a la ley de Administración Financiera y de los Sistemas de Control del Sector Público Nacional para reutilizar el presupuesto vigente hasta su tratamiento. También frecuenta -como es su mala costumbre- el decreto de necesidad y urgencia (DNU) para alterar el destino de los fondos presupuestarios establecidos, sin consulta al Congreso. • Otro atajo fácil es la prórroga de tentadoras leyes como la Emergencia Económica, que incluye el impuesto al cheque, cuya recaudación prácticamente no se coparticipa con las provincias. Todas estas son argucias reveladoras de la concentración de poder y del desprecio por las normas y el principio de separación de poderes, sin órganos de control a la vista que puedan neutralizarlas (porque han sido aniquilados). Por eso es aleccionador lo que ocurre en Estados Unidos. Hay contienda, presión y boicot político, pese a lo cual hay estrictez en el cumplimiento de las normas para una herramienta de decisiva influencia en la vida de la República.

ÍTALO PISANI ipisani@rionegro.com.ar


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