La Mar Grande, la playa de los paisajes inolvidables a 15 km de Las Grutas

Agreste y de poca pendiente (hay que internarse en el agua para que llegue a la rodillas) es ideal para que los chicos corran por la orilla. Avistaje de aves, pesca y kite surf, otros de sus atractivos en San Antonio Oeste.

Uno de los atardeceres mágicos de La Mar Grande en San Antonio Oeste. Foto: Martín Brunella.

Uno de los atardeceres mágicos de La Mar Grande en San Antonio Oeste. Foto: Martín Brunella.

A 15 Km de Las Grutas, San Antonio Oeste deslumbra con su oferta de playas. Y, entre ellas, La Mar Grande se destaca por tener un paisaje tan particular como su nombre. 

Es que, cuando uno escucha “La Mar”, se siente transportado a antiguos versos, en los que el mar resuena en femenino, buscando capturar una naturaleza misteriosa y esquiva que, muchos, sólo conciben con formas de mujer. 

Vista aérea de La Mar Grande. Foto: Martín Brunella.

Y conociendo los otros balnearios de San Antonio, en los que una ría tímida va llenando de a poco la superficie pedregosa de sus costas, se entiende que ése mar (o “la mar”, en femenino) sea bautizado como “grande”. Porque aquí sí el agua se muestra amplia, burbujeante y rompe en olas cantarinas que llenan la arena de espuma.  

Pescadores en acción. Foto: Martín Brunella.

Sin embargo, una de las particularidades más lindas de esta playa es su baja pendiente. Eso provoca que, aunque esté en su plenitud, haya que sumergirse y caminar mar adentro para que el agua sobrepase las rodillas de una persona de estatura media. Por eso el lugar es ideal para llevar a los niños, que pueden corretear a gusto por la orilla, ya que las olas van y vienen sin violencia. 

Avistaje de aves desde la arena. Foto: Martín Brunella.

Además, las playas son de una arena densa e invitadora, ideales para el relax o para la pausa en familia.  

Su paisaje mágico es otro punto a favor. Es una costa agreste, y en ella puede verse a una gran cantidad de avifauna. Los flamencos, por ejemplo, se roban todas las miradas, con su elegancia y el colorido de sus plumajes. Ese rosado intenso que contrasta con el azul del agua llena de postales inolvidables las cámaras de los que la visitan por primera vez. 

Foto: Martín Brunella.

Las condiciones naturales de la costa también la convierten en un sitio ideal para los amantes del kite surf. Por eso, es usual ver los saltos de los que, subidos a sus tablas y propulsados por el kite (una suerte de cometa que impulsa el viento) maravillan a todos con su agilidad. 

Ideal para los chicos. Foto: Martín Brunella.

Para llegar, hay que dirigirse al cruce de las rutas 3 y 251, en cuyas inmediaciones se inicia un camino ubicado sobre la ruta 2 que conduce a la firma Álcalis de la Patagonia (Alpat), que posee cartelería para orientarse. De hecho, el edificio de esa planta productora de carbonato de sodio es visible desde cualquier punto de la playa. 

Los flamencos son los más buscados por las cámaras. Foto: Martín Brunella.

Por último, los que adoran la pesca también tienen aquí un punto clave. Es que en esta época se multiplican los buenos piques de lenguados, chuchos y rayas.  

Las aventuras de los pescadores que arrancan. Foto: Martín Brunella.

Los pejerreyes abundan a partir de octubre, aunque, alguno, puede aparecer, tal como ocurre con otras especies, debido a la abundancia de la zona. 


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