La mesa está servida

Redacción

Por Redacción

El Jardín de Casa

Al fin del invierno o comienzos de la primavera, hay dos plagas que se instalan en los jardines y suelen hacer tanto “aspaviento” que los “locos por las plantas” entran en pánico y salen desesperados a buscar un biocida para aniquilarlas. Me refiero a pulgones y cochinillas. Analicemos qué ha sucedido en el jardín y luego cómo hacer las cosas con calma. Estas dos plagas tienen -a simple vista y sin entrar en detalles- varias similitudes y ciertas diferencias. Se asemejan por el hecho de que aparecen en forma explosiva y se mutiplican velozmente y se diferencian porque los pulgones son “piojos” desnudos y las cochinillas son “piojos” cubiertos de una capa de cera que las protege. El porqué aparecen en esta época en cantidades exorbitantes, tiene una explicación biológica. Todos sabemos que “el pez grande se come al chico”… ergo, si el chico no existe, el grande se muere de hambre. A eso los eruditos lo llaman “cadena alimentaria” y es simplemente el traspaso de la energía producida por el sol desde los seres más chicos a los más grandes. Este es un proceso continuo como la vida misma y en el jardín, para encontrarle la punta al ovillo, vamos a hacer de cuenta que comienza al fin del invierno con la aparición -principalmente- de pulgones y cochinillas, que servirán de alimento al resto de la fauna. Aparecen explosivamente, porque los que se los comen “aún no han nacido o están en pañales”… lógico, esperan a que haya comida. Una vez que la mesa está servida, aparecen los predatores como las “vaquitas de San Antonio”, crisopas, microavispas, etc, que se hacen un picnic con ellos y rápidamente baja la infestación… disminuyen los predatores… vuelve a aumentar la infestación y así sucesivamente, por oleadas. Los pulgones se detectan fácilmente a simple vista, pero con las cochinillas hay que ser más observador o usar trampas… colocando cinta adhesiva bifaz (con pegamento en ambas caras, en venta en librerías) en los brotes nuevos, de modo que las cochinillas que nazcan y se desplacen quedarán adheridas y nos darán una idea de la infestación. Llegados a este punto, se debe conservar la calma y usar un poco de sentido común. Con el comienzo de la brotación y con buena circulación de savia, las plantas “se la bancan” hasta la aparición de los predatores… cualquier uso de biocidas, rompe ese equilibrio natural porque se mata indiscriminadamente a héroes y villanos. Una alternativa no tóxica, es el uso de aceites emulsionables minerales o vegetales, que se consiguen en todas las casas del ramo. Como ya expliqué anteriormente, es un aceite que no se “corta” con el agua sino que forma un líquido lechoso (emulsión) y debe ser aplicado sobre la planta hasta que esta choree. El agua se evapora y queda una lámina aceitosa que impide que el insecto respire debajo de ella y muere por asfixia. Obviamente, las formas móviles pueden dispararle “como sapo a la guadaña”, por lo que se recomienda repetir a intervalos de 15 a 20 días.


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