La ¿neurosis? de renta

El comienzo de los derechos de los trabajadores en relación a la cobertura de problemas médicos tiene años de evolución y perfeccionamiento.

En nuestro país, la creación de los sistemas de seguridad social, conjuntamente con los avances en la concreción de otros derechos laborales, puso en correctos lugares dentro de la cobertura y protección laboral los derechos del trabajador respecto a emergencias o enfermedades de largo tratamiento y no creo que haya ninguna empresa, privada o estatal, que no cumpla, quizás obligadamente en algunos casos, estos principios establecidos.

Como ocurre casi siempre, dentro de las relaciones entre seres humanos (sea en el ámbito laboral u otros) hay quienes utilizan correctamente estos beneficios ateniéndose a considerar que, en lo laboral, la responsabilidad de ejercer un cargo específico conlleva justamente eso: responsabilidad. Pero en variables porcentajes, de acuerdo a los tipos de trabajo, suele presentarse lo que se ha dado en llamar Neurosis de Renta (DSM IV, Z76.5: «Producción intencionada de síntomas físicos o psicológicos desproporcionados o falsos motivados por incentivos externos como… evitar un trabajo, obtener una compensación económica»).

Si definimos este diagnóstico desde el punto de vista etimológico, en realidad en muchos casos no es una neurosis y sí una renta.Para hablar de un desequilibrio neurótico tendríamos que hablar de la definición del hecho neurótico: la repetición, por motivos que tienen su origen en el inconsciente, de hechos que en gran medida son preocupantes para el paciente. En los casos de los que estamos hablando, no hay una repetición inconsciente sino planificadamente buscada por el trabajador para obtener una ganancia o renta. Si entendemos por renta el pago de un trabajo convenido por contrato previo, la planificación mencionada es para ajustar el concepto a lo que es no trabajar para tener una renta (libre de trabajo), que es el sueldo de contrato.

En nuestro país existe una gran variabilidad de complicaciones surgidas desde lo laboral. Así como hay problemas de abusos en la interacción entre empleados y empleadores motivados por éstos y que últimamente se unifican en las categorías de Trastornos Adaptativos o el tan conocido y poco definido legalmente Mobbing hay, en contrapartida, una alarmante cantidad estadística de buscadores de renta en función de enfermedades inexistentes o aumentadas en su magnitud como para acceder a las posibilidades de no trabajar cobrando.

En general, en empresas privadas no existe esta estadística tan preocupante, en la medida en que el empleado sabe que el acceso a ese trabajo que tiene le costó y que, manteniéndolo, podrá cuidarlo para su propio beneficio.

Los sistemas de control de empresas relacionadas con la medicina laboral hacen también lo suyo como para no permitir que se sobrepasen los términos de los cuadros clínicos de acuerdo a la prospectiva de los diagnósticos. Es poco probable que en una empresa privada una persona aquejada de, supongamos, un estado gripal sin complicaciones acceda a noventa días de licencia laboral. La empresa privada mueve sus resultados en función de ganancias o pérdidas y esto genera que empresarios, controladores médicos y trabajadores se muevan en una dirección con comunes denominadores por todos conocidos. Dicho en otros términos: el empleado sabe que, si falta mucho por motivos pobremente justificados, peligra su estabilidad laboral y su puesto.

En las empresas públicas, donde el gobierno municipal, provincial o nacional paga, es donde existe el mayor porcentual de existencia probable de renta. Y dentro de esta estadística, los diagnósticos de tipo psiquiátrico llevan la delantera por sobre el resto de afecciones clínicas.

En las patologías psiquiátricas y psicológicas, que sin duda existen y que conforman el amplio espectro diagnóstico del Manual de Criterios Diagnósticos (DSM) y otras codificaciones vigentes (CIE), hay posibilidades de ejercer la simulación con ganancias secundarias respecto a la renta laboral, fundamentalmente en las de alcance neurótico.

Estas patologías basan su diagnóstico primariamente en síntomas, no tanto en signos. Los síntomas son, básicamente, los hechos referidos por el paciente al profesional, lo que siente que le pasa. Los signos son la confirmación de lo que el médico ve en relación a determinadas enfermedades. Para poner un ejemplo concreto: un paciente puede referir en una consulta una intensa sensación de angustia. Si bien hay algunos correlativos somáticos de esta sensación, el médico basa su referencia para hacer diagnóstico en el relato del paciente.

En otro caso el profesional puede, como elemento inicial de diagnóstico, constatar un signo determinado. Por ejemplo, la visualización de un tumor, un examen de laboratorio que confirme una afección determinada o un signo clínico específico como puede ser una hemorragia: hechos.

En psiquiatría, muchos de los diagnósticos son elaborados de acuerdo al primer esquema descripto: se parte de un síntoma referido que es relatado y muchas veces mensurado en intensidad por el paciente para establecer un diagnóstico. Si bien pueden existir signos determinados por estas patologías, ¿cómo se puede medir en intensidad un trastorno de ansiedad si no es por las referencias que aporta el paciente? ¿Cómo se sabe, con absoluta certeza, si un paciente es fóbico a determinada acción, circunstancia o situación? Solamente es la referencia, el relato del paciente, lo que configura el elemento inicial del proceso diagnóstico.

Si retomamos el tema en lo laboral, la neurosis de renta, es hasta cierto punto explicable que muchas veces en estos casos se gestionen diagnósticos de difícil comprobación en signos específicos y basados fundamentalmente en lo que el paciente dice que siente.

Obviamente los profesionales médicos en psiquiatría y los psicólogos deberemos informar a los pacientes un cierto pronóstico prospectivo respecto a las patologías neuróticas para que no se conviertan en una posibilidad de renta. Por ejemplo: si el caso a tratar es un supuesto desequilibrio neurótico, un trastorno de ansiedad, el profesional debe tener en cuenta que esta patología no puede generar meses o hasta años de licencia laboral, por más que puedan persistir algunos síntomas luego de un tiempo de tratamiento; si un paciente no puede obtener una mejoría que culmine su merma laboral en determinado tiempo o no está haciendo el tratamiento adecuado o la seriedad de su trastorno se ha transformado como para establecer un nuevo diagnóstico o como una necesidad de comienzo en su gestión de incapacidad laboral.

En nuestro país y en nuestra provincia es común y esperable que sectores dependientes del gobierno lleven implícita la posibilidad de renta laboral, más marcado esto en organismos que deben cubrir necesariamente con suplentes la merma laboral producida por el agente que ejerce la titularidad del cargo.

Muchas veces la necesidad de mantener la prestación por parte de áreas del gobierno se transforma en pago, por parte de la provincia, de hasta tres sueldos por cargo (ante licencias médicas del titular y hasta del suplente del organismo de gobierno).

Evidentemente, así no hay arcas provinciales que aguanten, por más que los ingresos del gobierno sean óptimos respecto a recaudaciones productivas.

También es evidente que los límites a estas pretensiones de enfermedades imaginarias, o por lo menos poco demostrables, deberán estar en la responsabilidad legal que siempre, siempre, implica emitir una certificación médica.

En la esfera psiquiátrica no debe ser solamente el profesional psicólogo el que emita pedidos de amplias licencias en función de tratamientos psicoterapéuticos que en un alto porcentaje se reducen a media o una hora semanales. El profesional deberá limitar las pretensiones (si las hay) en función de la real importancia de lo que ocurre, siempre con el respaldo del médico psiquiatra, quien será el responsable legal de la licencia otorgada.

Si los médicos no comprendemos que no es lo mismo una enfermedad severa grave (dentro de cualquier especialidad ) que las patologías de menor intensidad y de mejor pronóstico, las mermas laborales de hasta años por trastornos neuróticos (cosas que le pasan a cualquier persona, solamente que los que no tienen sueldo fijo se adaptan más fácilmente a convivir con ellos) seguirán siendo la regla básica de funcionamiento de las instituciones que así lo permitan.

Adjunto un comentario emitido por alguien hace un tiempo atrás:

«Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos alentó a consumir sin producir.

«Nuestras ciudades son escuelas de vagancia de quienes se desparraman por el resto del territorio después de haberse educado entre las fiestas, la jarana y la disipación.

«Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por eso tenemos pauperismo mental.

«En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Sobre todo, se muere de pereza, es decir: de abundancia.

«Quieren pan sin trabajo, viven del maná del Estado y eso los mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición. Los orígenes de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿qué duda cabe de que la ociosidad es el manantial de la miseria?

«La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas. Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de las cuales surgen los tiranos y la guerra civil que serían imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo».

¿Quién lo escribió? Uno de los inspiradores de nuestra Constitución nacional, Juan Bautista Alberdi (Tucumán, 1810 – Nueilly-Sur-Seine, 1884 ).

Para pensar, ¿no?

 

RONALDO ALFREDO VARELA (*)

Especial para «Río Negro»

(*) Médico, especialista en Psiquiatría.


El comienzo de los derechos de los trabajadores en relación a la cobertura de problemas médicos tiene años de evolución y perfeccionamiento.

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