La reiterada falacia ad hóminem
El jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, y el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, son los voceros presidenciales que practican full time la falacia ad hóminem. Consiste en eludir los argumentos de un adversario político, en evitar contestar el eje de cualquier tema político, utilizando la falacia referenciada. Se atacan, no las evidencias señaladas por el denunciante o crítico, sino al hombre que las produce. Más concretamente dirigen sus ataques a su origen, condición económica, pasado, estatus social, situación moral, educación, familia, filiación política y toda otra circunstancia que sirva para desmerecer las denuncias o demostraciones que afecten la administración deshonesta o negligente del gobierno.
Repasemos un ejemplo muy reciente.
Luis Etchevehere, presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), inauguró oficialmente la 128ª edición de la tradicional exposición que se realiza de forma anual. Durante su discurso, criticó duramente el rumbo del gobierno, al que instó a cambiar de manera “urgente” las políticas aplicadas al campo.
Entre otras consideraciones sostuvo:
“Tras once años de kirchnerismo el balance es “negativo”, con “16 millones de pobres” y con un gobierno que “dilapidó dinero”. “El gobierno se enfrenta a algo que no puede escapar: el momento del balance. Hagamos memoria. 10 millones de cabezas menos, 14.000 ganaderos menos, 135 frigoríficos menos, 15.000 empleados menos, siete años de incumplimiento de la cuota Hilton”. “Fue la década depredada. Depredaron los recursos del campo, las reservas energéticas y las del Banco Central, la credibilidad de las estadísticas públicas. Y se extiende sobre nosotros la sombra de un nuevo default mientras nos dicen que la cuenta la pague el que sigue”, apuntó, a la vez que destacó a la vigencia de la Mesa de Enlace, que agrupa a las cuatro entidades rurales más relevantes.
Julio de Vido contesta:
“La verdadera década dilapidada fue la neoliberal”. “Es curioso que la Sociedad Rural se muestre preocupada por la corrupción, cuando el propio Etchevehere habló ayer desde uno de los lugares emblemáticos de la década de la degradación neoliberal, a la que homenajean permanentemente, como es el predio de Palermo que manotearon al Estado, adquiriéndolo a precio vil a funcionarios igual de corruptos que ellos, en una operación de compraventa espuria que el gobierno nacional anuló en el 2012 y hoy aguarda su resolución en la Justicia”
Jorge Capitanich contesta:
“Nunca se sabe si ellos representan un interés político partidario, político personal o la tradicional línea histórica de la Sociedad Rural que es de la oligarquía vernácula de nuestro país, que apoyó todo los golpes militares”
“Ellos, que son cómplices de los crímenes de lesa humanidad, que apoyaron a la dictadura militar más genocida de la historia, que nunca jamás denunciaron la corrupción de la dictadura ni de sus socios o acólitos, ahora pretenden ser adalides de la moral pública. La caridad empieza por casa. Si están tan preocupados por la pobreza y el empleo, por qué no empiezan dándoles dignidad a sus trabajadores”. “¡Es muy importante empezar por casa, señor Etchevehere! ¿Por qué tiene semejante denuncia por trabajo esclavo?”.
De la simple lectura puede apreciarse que atacan al presidente de la Sociedad Rural, sin contestar punto por punto el deterioro económico señalado por el expositor. Ellos desvalorizan sus afirmaciones, debilitan la imagen del denunciante pero omiten contestar los problemas centrales reseñados por señor Etchevehere.
Se trata de una práctica cotidiana de los señores Julio de Vido y Jorge Capitanich. Invitamos a los lectores a que analicen los discursos de ambos funcionarios, a los fines de comprobar sin mayores esfuerzos que utilizan todos los días el recurso de la falacia ad hóminem (entre otras conocidas falacias) para fortalecer el relato oficial.
ENRIQUE LIBERATI (*)
(*) Doctor en Derecho
OPINIÓN