La reunión de gabinete que no fue
El poder siempre se irrita con las filtraciones de información.
Imponen tiempos y verdades que no son las que pretende quienes mandan.
Saiz no es ajeno a esta tradición. Salvo que la situación ahora se transformó en la razón de gobierno.
El miércoles -al mediodía- el gobernador convocó imprevistamente al gabinete. Un extraño mecanismo para su estilo. Se congregaron Iván Lázzeri, Alfredo Pega, Pablo Verani, Juan Acattino, Adriana Gutiérrez, César Barbeito y Francisco Gonzalez. También llamó a Daniel López y Claudio Mozzoni.
Los convocados llegaron con expectativas. Tenían políticas para debatir. Sobran dilemas y diferencias internas para subsanar.
No hubo espacio para hacerlo. Saiz dedicó los cinco minutos del encuentro para quejarse y advertir que no aceptaría más filtraciones. Habló de diálogos con el periodismo que después salían como operaciones y peleas de gabinete.
Nadie contestó nada. Hubo silencio, miradas cruzadas y cabezas bajas.
Ya afuera, la desazón invadió a cada partícipe. No entendían lo ocurrido, menos la férrea dedicación de Saiz a un tema menor.
Además del mensajero, muchas razones conviven en el gobierno que requieren de Saiz alguna que otra mirada interna para obtener explicaciones al permanente estado deliberativo oficial. Entre otras, el requerimiento cuasi-público del ministro Barbeito -un allegado como pocos al gobernador- que recientemente pronosticó reformas gubernamentales en una amplia cena de Educación.
El poder siempre se irrita con las filtraciones de información.
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