La secuencia imposible en la tapera

Según la menor prostituta, en la tapera de Feruglio agredieron a las víctimas y el fallo no la descarta como escenario de los hechos. Pero ensayar una reconstrucción de los crímenes de las tres chicas sobre la base de esta versión arroja un resultado curioso, cuando no imposible.

Los cinco o seis sujetos que, según la Cámara Segunda, cometieron el triple crimen tuvieron actitudes muy curiosas por motivos que debieron ser poderosos, pero que se ignoran o al menos no fueron explicados: desde techar una tapera abandonada para luego quitarle otra vez el techo, hasta permitir que sus víctimas consumieran alguna bebida, se peinaran y orinaran.

De acuerdo con los jueces, las víctimas caminaron por la calle San Luis (aunque los tres testigos directos que citan en el fallo confunden horarios y no dan descripciones precisas) donde fueron abordadas en dos vehículos (aunque los supuestos testigos presenciales no se ponen de acuerdo entre ellos) y luego llevadas a la tapera abandonada ubicada en la chacra de Feruglio.

Para aceptar a la tapera como el lugar de las agresiones, hay que tolerar que ocurrieron ciertas circunstancias:

• Que los dos vehículos ingresaron en la chacra inundada sin dejar rastros.

• Que se metieron en la tapera y una vez allí:

• pusieron algunas chapas a manera de techo;

• clavaron clavos en las paredes;

• sujetaron allí a las víctimas maniatadas;

• las golpearon pero sin que en las muñecas de las chicas quedaran rastros de las ligazones;

• les permitieron orinar;

• las dejaron tomar café, o mate, o té o comer un chocolate (circunstancia que no descarta el fallo, cuando dice: «no sabemos si las víctimas ingirieron algunos de los productos indicados -café, té, chocolate, cacao, bebida cola- luego de salir a caminar y antes de las agresiones finales»);

• les permitieron colocarse las peinetas en el cabello (los cadáveres las tenían puestas);

• quitaron los clavos;

• quitaron las chapas;

• y las llevaron a otro lugar o a los olivillos.

En efecto, la menor dijo que presenció el primer tramo de las agresiones. Y que eso ocurrió en la tapera, que estaba «una mitad con techo y otra sin techo», referencia que según los jueces «puede llamar a equívocos». Sobre todo si se tiene en cuenta que Feruglio aseguró que le había quitado todo el techo a la tapera en 1995, y los crímenes ocurrieron en noviembre de 1997.

En la sentencia, la tapera está en parte techada.

Dice el fallo: «la menor explicó en el lugar (la llevaron hasta la tapera) que una parte de la casa carecía de techo y que la otra parte tenía un pequeño pedazo techado con un par de chapas, lo cual condice con los restos de chapas tirados detrás de esa tapera, aunque hoy no estén colocados y aunque Feruglio diga que él había sacado todo el techo, pero admitiendo que quedaron esas chapas tiradas, que bien pudieron ser colocadas en forma precaria, por ejemplo, apoyadas en algunas maderas».

El Taunus multicolor

Según el fallo, del secuestro de las víctimas pudo participar un Taunus. El problema es de qué color: algunos testigos lo vieron verde, otros bordó, otros viejo y destartalado. Los jueces de la Cámara Segunda consideraron probado que esas tres descripciones pueden referirse, en realidad, al mismo vehículo.

•Rafael Huirimán Lloncón, que según los jueces fue testigo presencial del secuestro, dijo que había visto dos vehículos y en fotos identificó un Duna blanco (con dos sujetos en el interior) y un Taunus verde (con cuatro individuos).

•La menor, quien supuestamente iba en uno de esos vehículos, cambió varias veces de marca y de modelo. Del cotejo de sus contradictorias declaraciones puede pasarse en limpio que en el secuestro intervinieron un Duna blanco (con cuatro individuos en el interior, incluida ella) y un auto bordó, que también mencionó como verde (en el que viajaban tres sujetos, entre ellos los imputados Claudio Kielmasz y Guillermo González Pino).

•Verde era también el Taunus que creyó ver el testigo José García casi a la misma hora en que creyó ver a las tres víctimas caminando por la calle San Luis.

•Pero bordó era el Taunus que creyó ver la testigo Cecilia Garrido cruzando las vías, con un sujeto de mirada lasciva sentado del lado del acompañante y que según ella, podría ser González Pino.

La Cámara encontró una manera de compatibilizar marcas y colores: «si ese vehículo estaba chocado, deteriorado y/o descascarado, como fue descrito, es muy posible que en partes resaltara un fondo de anti-óxido que bien podía ser color bordó, lo que sumado a la suciedad pudo impregnar de esta tonalidad la visión global del automotor».


Los cinco o seis sujetos que, según la Cámara Segunda, cometieron el triple crimen tuvieron actitudes muy curiosas por motivos que debieron ser poderosos, pero que se ignoran o al menos no fueron explicados: desde techar una tapera abandonada para luego quitarle otra vez el techo, hasta permitir que sus víctimas consumieran alguna bebida, se peinaran y orinaran.

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