LA SEMANA EN RÍO COLORADO: Nueva polémica

Parece que en Río Colorado cada vez que se proyecta una obra pública se abre una áspera polémica donde no faltan discusiones de alto tono, afrentas, amenazas y una serie de improperios que sólo crean mayor confusión en la sociedad. Así ocurrió cuando se concretó el Parque Laguna, los bulevares iluminados y el depósito de carga y descarga de camiones que está en marcha, entre otros.

Por eso cuando el actual intendente Juan Alfonso Villalba manifestó la firme decisión de concretar el viejo proyecto de costanera cubriendo unos cinco kilómetros de ribera iniciando en el puente ubicado en la Ruta 22 y la calle cinco del barrio de Buena Parada, nuevamente se alzaron voces en contra del proyecto con una diáspora de protestas, aunque en este caso, impulsadas por personas que cuentan con propiedades a lo largo de la ribera.

Estos vecinos que se consideran perjudicados por esa medida intentan por todos los medios defender lo que para ellos es su propiedad, llegando a suscitarse serias amenazas e inclusive agresiones físicas a un funcionario municipal y denuncias policiales continuas, lo que habla a las claras la ausencia de diálogos y una manifiesta intolerancia que puede llegar a un terreno de violencia y de actitudes, lejos de todo tipo de razonamiento.

Pero más allá de esta conflictiva situación en la que la última palabra la tendrá la Justicia, es firme la decisión de Villalba de concretar la costanera avalado por las leyes.

En cuanto a la Justicia, hasta el momento no ha habido ninguna resolución ante la presentación de los dos sectores en pugna. Su decisión podría poner blanco sobre negro en esta cuestión que desde hace semanas ocupa la atención pública.

Como cuadro demostrativo se puede decir que dentro del proyecto que abarca unos 5 kilómetros de costa, en la actualidad sólo unos pocos metros son de libre acceso para los riocoloradenses.

Para entender la situación que se ha planteado. Es bueno recordar que el proyecto de costanera data desde hace mucho tiempo, pero por razones que no están demasiado claras, las autoridades municipales no lo llevaron a cabo.

Pero la realidad actual muestra otro escenario, porque las personas que poseen propiedades en la costa del río están arraigadas y con el paso de ese tiempo, se consideran dueños absolutos. Sin embargo existen leyes provinciales y nacionales que dice claramente que la ribera de los ríos debe ser de libre tránsito para todas las personas. Pero además una ordenanza realizada en el año 1980 le da aún más fuerza porque en ella aclara que debe dejarse reservado 30 metros de costas para usos públicos. También dice que en esa franja de terreno no se debía construir instalaciones, sean estas de carácter permanente o transitoria. Es cierto también que algunos propietarios de esos terrenos procedieron a edificar utilizando esos metros de tierra.

Sobre esto vale la pena decir que aquellos dueños que edificaron después del año 1980 deberían haberse ajustado a la ordenanza. Pudo haber ocurrido un error por parte de la comuna el no haber advertido de esa norma ante la presentación de los respectivos planos, salvo que no lo presentaron y se hubiera construido sin la autorización correspondiente.

Pero el problema se agrava si se edificó antes del año ´80 porque no existía esa ordenanza y en este caso la situación se torna más conflictiva, porque en derecho lo que no está prohibido, está permitido. Sin embargo esa cuestión no debería ser un impedimento porque tanto la ley provincial y nacional data desde hace mucho tiempo y está por encima de cualquier ordenanza.

Por otra parte, vale recordar que la conflictiva situación que se planteó con las tierras de Pizá y la comuna local hace dos décadas terminó en manos de la Justicia cuyo fallo favoreció al municipio, aunque debido a la insolvencia económica por parte de Pizá, los aranceles de los abogados y peritos debieron ser afrontados por la comuna local.

Pero lo llamativo de esta situación fue que dentro de la decisión de la Justicia establecía como obligación al municipio la concreción de la costanera de puente a puente. En ese sentido se puede decir que las cuatros manzanas en cuestión con sus respectivas calles en la escritura que cuenta la comuna está delimitado el espacio para la costanera. Quizá sea el único caso en el cual las calles están escrituradas, por lo que no debería haber duda alguna en cuanto a determinar quién tiene derecho sobre ella. Pues en ese punto está centrado el conflicto, donde dos familias se oponen a su apertura.

También es bueno saber también que algunos de los propietarios de lotes ubicados a la vera del río que ocuparon hasta el pelo de agua. Existen algunas dudas sobre lo que en realidad dice las respectivas escrituras, en cuanto a las dimensiones del terreno.

Es de aguardarse que tras estos escarceos iniciales, exista un acuerdo general para que nadie se sienta perjudicado por la obra. Río Colorado, como ciudad ribereña, necesita contar con la costanera que le sumará atractivos y generará un urbanismo de cara al río Colorado, y no de espaldas a él, como ha sido hasta el momento.

 

ALBERTO TANOS

betotanos@yahoo.com.ar

ALBERTO TANOS


Parece que en Río Colorado cada vez que se proyecta una obra pública se abre una áspera polémica donde no faltan discusiones de alto tono, afrentas, amenazas y una serie de improperios que sólo crean mayor confusión en la sociedad. Así ocurrió cuando se concretó el Parque Laguna, los bulevares iluminados y el depósito de carga y descarga de camiones que está en marcha, entre otros.

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