“La teta asustada”, de Perú
El cine peruano obtuvo su primer nominación al Oscar con “La teta asustada”. Su directora Claudia Llosa, radicada en Barcelona, sabe que ha hecho historia y festeja el haber puesto la cinematografía de su país en ese lugar, aunque es consciente de que si su película se llevara el premio sería una de las grandes sorpresas de la noche. “La teta asustada” es un filme lleno de símbolos, lo que lo aleja de las producciones hollywoodenses, con una historia pequeña y a su vez enorme relatada de manera poética por una cámara que sin pretensiones sigue a la protagonista. Llosa decidió contar en su película las cosas de las que no habla el Perú. Y lo hizo sin necesidad de grandes explicaciones discursivas. Sólo mostró el drama de Fausta, interpretada por la actriz quechuahablante Magaly Solier, y en él reflejó las heridas abiertas por el enfrentamiento entre el Ejército y Sedero Luminoso. La película narra la historia de esta joven a la que su madre le transmitió lo que popularmente se llama el mal de la “teta asustada” por el que las mujeres le traspasaban el miedo a sus hijas a través de la leche. Temerosa de todo Fausta se introduce una papa en la vagina, un método usado por las campesinas para evitar las violaciones. Al morir su madre todo se desmorona para ella, y a la vez se enferma. Desea enterrar a su madre en su pueblo pero no tiene dinero, por lo que apelará a la comprensión de su familia y aceptará un trabajo en la casa de una familia acomodada. El enfrentamiento armado se nombra pocas veces en el filme, pero sus secuelas ven en cada escena, lo mismo que la discriminación y el despojo –social, económico y cultural– al que son sometidos los sectores campesinos, generalmente de origen quechua, peruanos.
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