“Las distancias largas aprietan el acelerador”
Carlos Torrengo carlostorrengo@hotmail.com
Alberto Silveira, de la asociación Luchemos por la Vida
Velocidad y más velocidad. El querer llegar rápido, lo más rápido posible. Ésta es la causa fundamental que, a juzgar por la ONG Luchemos por la Vida, está en el origen de la catarata de muertes que signan a las rutas de las provincias de Río Negro y Neuquén. Dedicada a la investigación de los accidentes de tránsito, la organización tiene aquilatada una sólida experiencia en materia de reflexión sobre el tema, a la que suma un importante aporte tendiente a modificar conductas de los argentinos a la hora de ir al volante. “Debates” entrevistó al presidente de la entidad, el abogado Alberto Silveira, en relación con los accidentes que tienen como escenario la Norpatagonia. –Desde el punto de vista de las características de los accidentes, ¿las rutas de Río Negro y Neuquén ofrecen, en relación con las del resto del país, alguna característica particular? –No necesariamente, al menos para nuestra organización. No hay “un caso” para esas provincias. Lo que ahí sucede en esta materia hace a la lógica general de lo que sucede en todo el país en cuanto a accidentes de tránsito. Esa lógica, por así definirla, tiene una razón: el error humano. El 85% de los accidentes tiene como causa errores humanos, y en ese marco la excesiva velocidad es determinante. –Pero el que las rutas de la Patagonia, al menos las transversales y las que corren en línea a la costa atlántica, sean rectas largas, ¿alienta la distracción? –Juegan en relación con las largas distancias que hay que cubrir para llegar aquí o allá. Es decir, se va a una velocidad no conveniente para llegar más rápido, pero siempre está la velocidad como factor preponderante, factor que provoca morder la banquina, volantazos, contundencia terminante a la hora de chocar de frente y etcétera, etcétera. –¿Lo de llegar y llegar debemos computarlo como el dictado de un factor psicológico? –Mire, le cuento una anécdota. Hace algunos años me invitaron a hablar en Chubut sobre estos temas. Ya en el final de la charla se me reveló mucho de lo que sucede en la Patagonia en lo concerniente a la velocidad. En el intercambio de reflexiones surgió una confesión interesante: “¿Sabe lo que pasa? Que son horas y horas andando, uno lo que quiere es llegar”… o sea, las distancias largas aprietan el acelerador. –El hecho de que alguien aprenda a manejar en Capital o el conurbano bonaerense y siga manejando toda una vida en esa geografía, ¿implica reflejos mejor entrenados a la hora de salir a las rutas? –¡No, no! La experiencia no conlleva mayor seguridad. Como tampoco necesariamente hace a mayor seguridad el revisar la mecánica del auto antes de viajar. No niego el valor de revisar. Sí digo que, según nuestras investigaciones, sólo el 6% de los accidentes está provocado por temas técnicos. –¿Qué datos tiene Luchemos por la Vida en relación con el promedio de edad de las víctimas fatales? –El 54% tiene a lo sumo 35 años, gente muy joven. Los jóvenes arriesgan más, son menos cuidadosos. Se sienten muy seguros de que no les puede suceder nada por eso, por ser jóvenes; en otras palabras: no computan los riesgos, ven el accidente como algo tan lejano como la muerte. –Las rutas de la Patagonia están, en general, en mal estado, con fuerte déficit de mantenimiento… –Bueno, desde esa perspectiva, expresan una constante del país. Con lo que le voy a decir no establezco ninguna relación de valor en cuanto a los problemas, pero mire: la peor de las rutas en cuanto al estado de su suelo, si está bien señalizada, es más segura que la mejor ruta no señalizada. –¿Entonces? –Autopistas, autopistas…
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