Las negociaciones por el programa nuclear iraní

Redacción

Por Redacción

EMILIO J. CÁRDENAS (*)

La primera ronda de las complejas negociaciones que se llevan a cabo en Viena –en el Palacio Coburg– entre el grupo denominado “5+1” –todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania– e Irán terminó sin haberse alcanzado acuerdo alguno. Las partes han definido que el límite para llegar a un entendimiento es el 20 de julio. Por ahora describen el diálogo como “constructivo” pero no final ni definitorio. Se discuten tres temas sustantivos, aún no resueltos. • Primero: el alcance del programa iraní de enriquecimiento de uranio; esto es, el número y tipo de centrífugas, de las 19.000 que están ya en operación, que podrán seguir en funcionamiento y el tamaño de los inventarios de uranio ya enriquecido que quedará en manos de Irán. La idea es que éste nunca cuente con un período de más de seis meses, si de pronto decide fabricar una bomba nuclear. Y que además acepte un esquema transparente de verificación de sus actividades e inventarios. • Segundo: el futuro del reactor de Arak, que producirá plutonio, lo que es una posible segunda vía para que Irán pueda construir una bomba nuclear. La comunidad internacional insiste en que el reactor –que está aún en construcción, con un avance de obra estimado en el 80%– sea reconstruido y rediseñado, de modo que opere no con “agua pesada” sino con “agua liviana”, para que no genere plutonio. Irán se resiste. Pero el problema es grave, porque una vez que se comience a generar plutonio el proceso será irreversible. • Tercero: las demás dimensiones militares del programa nuclear iraní en su integridad. Esto tiene que ver hasta con el avanzado programa misilístico y con su capacidad de llevar ojivas nucleares, una cuestión de gran amplitud. Mientras tanto, en Irán los clérigos conservadores y el propio ayatolá Ali Khamenei presionan públicamente al presidente Hassan Rouhani y a sus negociadores para que mantengan una actitud lo más dura posible porque, sostienen, la dignidad del país está en juego. Por esto, no sorprendió que Khamenei, al visitar un depósito de misiles –actividad curiosa para un líder religioso, además de jefe de Estado– señalara que su país “nunca renunciará a sus adelantos en materia nuclear”, a la manera de velada advertencia. Si no hay avances, las sanciones económicas que pesan sobre Irán y han lastimado su economía no se levantarán. Es más, hasta podrían profundizarse. Y ésta, no otra, es la presión que, por su impacto en el nivel de vida del pueblo iraní, ha terminado llevando al arrogante régimen a la mesa de negociaciones con la preocupada comunidad internacional. Mal que le pese, naturalmente. Pero es así. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas


EMILIO J. CÁRDENAS (*)

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