«Las palabras nos ayudan a construir la realidad»

Es uno de los cantautores más profundos de la actual escena española. Las letras de sus canciones van y vienen por la cruda realidad cotidiana y los íntimos paisajes personales. Estuvo en Buenos Aires y conversó con "Río Negro".

Entre octubre y noviembre pasados Ismael Serrano Morón (31) grabó «Naves ardiendo más allá de Orión», CD que salió el 10 de marzo para dejar marcas por su poesía sin rodeos-clara-emocionante-certera-útil, un marco musical con saxos delicados, preciosas guitarras y el concepto de siempre que lo sustenta.

Un día de calor, húmedo, típico en el microcentro de Buenos Aires se inicia la charla. «El tema dos («El virus del miedo») habla de una estrategia para controlar a la gente, para alienarla, sedarla un poco. Miedo a lo desconocido, al extranjero a través de la xenofobia, a una amenaza un tanto abstracta, concreta otras veces, a perder el trabajo; la precariedad laboral que en mi país se observa en la gente más joven para que baje la cabeza y asuma todos los excesos del mercado laboral… Miedo al fracaso, a las relaciones», dispara Serrano.

– A construir pareja…

– Se va imponiendo la fragilidad en las uniones humanas dentro de una sociedad atomizada. Es muy difícil acceder al otro, también por el ritmo que impone esta vida frenética. Efectivamente, no se contrae el compromiso, se elude a todo nivel. Si la vida no se compromete con nosotros, no podemos comprometernos con un trabajo porque va a durar dos días, con la felicidad.

– Porque dura como un electrodoméstico.

– Todo es frágil: la memoria, las relaciones entre personas, los sueños, la seguridad. Y para combatir tal fugacidad, pues, escribo canciones. «El virus del miedo» se refiere a un tipo que va quedando inmovilizado por el temor, usado de modo permanente para controlarnos. Una canción que bien podría ser continuación de ésta, «Estamos a salvo», dice que lo estamos de la amenaza terrorista pagando el precio de mermar nuestras libertades individuales; a salvo de las drogas; de extranjeros porque cierran las fronteras; lo estamos de nuestro vecino cuando erigimos paredes o rejas. Finalmente, estamos perdidos…»

Luego Serrano se queda en silencio. Como en el aire, espera y prosigue: «Hay canciones que hablan de la infancia, porque además del ejercicio de la memoria que se hace hablando de ella, la primera etapa de la vida también es frágil, ahora. Cuando yo me crié, la calle era un territorio en el que podía habitar un niño. Jugábamos en un espacio que hoy es cada vez más hostil, inhóspito… Hay una elegía a la memoria porque la perdemos y nos lleva a repetir errores. Habla de paralelismos entre partes distantes de la historia, como el muro de la vergüenza en Palestina y el que rodeaba los guetos de Cracovia; los soldados en Vietnam sin saber muy bien qué hacer, y los que hoy invaden Bagdad con la misma ignorancia.»

– Ahora… estas obras, estas ideas te dicen cosas una vez escritas. Las proponés a otros, pero también a vos mismo, a tu familia, amigos, a tu mujer.

– El fin último es ése… no canto tanto para complacer al que escucha, sino para complacerme. Casi como una terapia a mí mismo. La necesidad de escuchar estas canciones, de encontrar referentes que se sientan identificados. Son mensajes dentro de una botella que lanzo con la esperanza de que alguien los encuentre, pero -sobre todo- es casi terapéutico verbalizar estos miedos, las frustraciones y esperanzas. También hay temas que tratan de ser optimistas. Es un modo de encontrarse uno mismo, de hallar sentido a las cosas que difícilmente lo tienen es un mundo cada vez más difícil, más violento, absurdo.

Bebemos café negro despertador. Serrano todavía tiene los ojos hinchados. Alicia, su mujer, le acerca pañuelos de papel para contener un resfrío que el salto térmico de cuarenta grados produjo. BA transpira tras la lluvia nocturna.

«Un ejemplo de componer casi terapéuticamente, homenaje al 11 de marzo, es 'Fragilidad', la primera sensación que tengo cuando estallan las bombas en Madrid y conozco la dimensión de la tragedia. Imaginé gente humilde, trabajadora que iba durmiendo en los trenes y estalla. Traté de verbalizar eso. Finalmente todo es frágil, la vida, nuestro contrato laboral, el silencio; ni siquiera podemos tenerlo aquí para conversar, siempre hay un hilo musical de fondo. De eso hablo, casi como una cuestión personal. Es un homenaje, pero no tanto para que lo escuche otro, sino para tratar yo de entender qué diablos pasa…»

– ¿Cómo sucede entonces la conexión con otros ajenos a vos?

– Creo que es la magia de la música. Responde a algo natural, el hombre es un animal social que necesita sentirse acompañado, saber que hay quien comparte sus sueños, sus frustraciones, sus esperanzas. Y para eso existen todas las expresiones artísticas que crean puentes de diálogo entre unos y otros, conexiones, señas de identidad que fortalecen en los momentos de adversidad, le dan sentido a levantarse por la mañana; permiten ver a la gente que comparte tu viaje. Para eso sirve la música. Al menos para mí ha servido, además de la literatura, el cine. En los momentos de bajón, depresivos de mi vida, leer un libro me salvaba, igual que escuchar música. Recuerdo cuando leí «Ensayo sobre la ceguera», me hizo entender algunas cuestiones, saber que mi concepto de mundo es compartido por otro.»

– Una palabra que aparece casi obsesivamente en tus letras es «memoria».

– Se ha dado así, pero no de modo premeditado, igual que el concepto del disco. Inconscientemente, cuando elijo el repertorio, veo que al final hay términos, valores repetidos. Tu hablas de la memoria y es cierto, es una obsesión mía porque se la desvaloriza.

– Es perseguida.

– Incluso criminalizada, ridiculizada muchas veces. Al hablar de memoria, se reprocha despectivamente la nostalgia de creer que todo tiempo pasado fue mejor. Y no pasa por ahí, reivindicarla es una necesidad fundamental para recuperar la identidad y no repetir errores. Es algo natural, nos mantiene vivos, es nuestro legado, nuestro patrimonio último. Cuando nada nos queda, tenemos la memoria que no es poco. Me gusta conceptuar, más aún en música donde se impone la ley del consumo. De tanto pasarlas en la radio, las canciones se venden pero se consumen. En Internet puedes comprar sólo una y el disco va dejando de funcionar. Así como pierden valor algunos términos como memoria, se desvaloriza la palabra misma. Por otro lado, contra esa tendencia que busca imponer un modelo planetario cada vez más superficial, que usa el miedo, existe una reacción natural de la gente que recupera el valor de la palabra, fundamentalmente a la hora de salvarnos, de rebelarse contra el modelo globalizador. Hay una frase muy bonita del poeta Gabriel Zelaya: «la poesía es un arma cargada de futuro». La palabra no es sólo memoria, también es una herramienta a futuro, nos ayuda a construir, a tomar conciencia de la realidad. Más aún en la canción de autor que trata de ser una expresión contundente, rotunda, cruda del planeta que habitamos. Dureza de la que también se huye en el panorama musical, muchas veces reprochada, como si fuera mal visto hablar del mundo en términos realistas. Al decir que el mundo está jodido, es desigual, más inhóspito, te preguntan por qué hablas de algo en lo que mejor no pensar. Hay hacerlo porque es una realidad compartida y modificable por todos.

Sucede que a veces

Sucede que a veces la vida mata y el amor te echa silicona en los cerrojos de tu casa, y te abre un expediente de regulación, y te expulsa del Edén, hacia tierras extrañas.

Sucede que a veces sales de un bar y la luz quema la piel de este vampiro que te ama, te llena la frente de fino polvo marrón-sur, bostezas y te queman agujetas en las alas.

Pero sucede también, que, sin saber cómo ni cuándo, algo te eriza la piel y te rescata del naufragio.

Y siempre es viernes, siesta de verano, verbena en la aldea, guirnaldas de mayo, tormentas que apagan el televisor.

Teléfonos que arden, me nombra tu voz, hoy ceno contigo, hoy revolución, reyes que pierden sus coronas, verte entre la multitud, abrazos que incendian la aurora en las playas del sur.

Sucede que a veces la vida mata y te encuentras solo y en este corazón no reciclable se hunden petroleros desahuciados y sospechas que provocan miopía en lanzadores de puñales.

Sucede que a veces la vida mata y el invierno saca su revólver, te encañona en las costillas, te aterran los álbumes de fotos y el espejo, huele a pino el coche y el mar a gasolina.

Pero sucede también, que, sin saber cómo ni cuándo, algo te eriza la piel y te rescata del naufragio.

Y siempre es viernes, siesta de verano, verbena en la aldea, guirnaldas de mayo, tormentas que apagan el televisor.

Teléfonos que arden, me nombra tu voz, hoy ceno contigo, hoy revolución, reyes que pierden sus coronas, verte entre la multitud, abrazos que incendian la aurora en las playas del sur.

Más allá de Orión

Música y letras de Ismael Serrano, excepto «El vals de los jubilados», poema de su papá Rodolfo Serrano Recio. Invitados: José Losada en guitarra flamenca; Vicky y Luisi Estévez, coros; Andreas Prittwitz en saxo soprano; Olga Román y Serrano Recio en voz.

Catorce temas tocados por Fredi Marugán en guitarras, programaciones, piano eléctrico y órgano; Javier Quílez, Manolo Toro y Marcelo Fuentes en bajo; batería, Vicente Climent y Oscar Herrero; percusiones, Luis Dulzaides y Tino di Geraldo; Javier Mora y Jorge Villaescusa en piano; saxo tenor, Bob Sands; Andreas Prittwitz además en clarinete y flautas; acordeón, Cuco Pérez; Angel Luis Aguiar en oboe; contrabajo, Víctor Merlo; Djembé, Javier Bergia. En «Estamos a salvo» tocan Silvia Martín, viola; primer violín, Miguel Romero; Bruno Axel, violín segundo; cello, Angel Morilla; y Francisco Lobo en contrabajo; cuerdas arregladas y dirigidas por Joaquín Calderón. Las restantes canciones son arreglos de Fredi Marugán, grabadas en los estudios Trak, Los Paraísos Desiertos y Guitar Peaks.

 

La esperanza

«Un año que ha acabado terrible con lo del tsunami y República Cromañón, a nivel planetario, no personal,» aclara Ismael Serrano. «El 11 de marzo sucedió un atentado de dimensiones desconocidas para los españoles y particularmente para los madrileños como yo. En el 2004 ha habido una guerra terrible en Irak. Fue difícil, y precisamente por eso uno trata de rebelarse con cierto cabreo, de recuperar todo eso. No podemos permitirnos vivir con miedo. No debemos aceptar el fracaso de este planeta como inevitable. Es tiempo de recuperar la esperanza. En «Sucede que a veces» hablo de que cuando todo se derrumba, es disparatado, «huele a pino el coche y el mar a gasolina», ocurren cosas que ayudan a recobrar la esperanza, a reivindicar nuestra felicidad. A levantar la mirada siendo conscientes de lo que vivimos», dice.

Eduardo Rouillet


Entre octubre y noviembre pasados Ismael Serrano Morón (31) grabó "Naves ardiendo más allá de Orión", CD que salió el 10 de marzo para dejar marcas por su poesía sin rodeos-clara-emocionante-certera-útil, un marco musical con saxos delicados, preciosas guitarras y el concepto de siempre que lo sustenta.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora