Las Pastillas del Abuelo: más desafíos

Poco antes de presentarse en Viedma esta noche y en Roca mañana, el guitarrista de la banda habló con “Río Negro” sobre la crisis y sus oportunidades.

EDuardo Rouillet Diego es el guitarrista de Las Pastillas del Abuelo y prefiere que le digan “Bochi”. Lo aclara desde el vamos. Compañero de andanzas del resto de la banda (Alejandro Mondelo, Juan Germán Piti Fernández, el saxofonista Joel Barbeito, Santiago Bogisich, Juan Comas y Fernando Vecchio), son hacedores de un grupo caracterizado principalmente por la fusión de rock con reggae, candombe, chacarera, jazz y country que les permite disponer de un mosaico musical amplio en posibilidades de letras y armonías. Y es en ese universo donde buscan y encuentran el color y la temperatura de sus propios sonidos. Este fin de semana largo vuelven a Río Negro para seguir presentando su valorado material “Desafíos”: estarán hoy en la Sala del Libertador de Viedma y mañana, también a las 21, en Aquelarre Disco de Roca. El compacto tuvo como músicos invitados a León Gieco, Mario Gusso, Matías Traut, Guillermo Daverio, Bárbara Silva, Hernán Sileoni y Nicolás Oviedo. El disco que presentan, “Desafíos”, sigue temáticamente al anterior, “Crisis”. Y de eso justamente habla “Bochi” con “Río Negro”: “A nosotros lo que nos atrajo del concepto de crisis era el asociarla a la oportunidad, no verla como algo paralizador sino movilizante, justamente generando ese desafío de superarla, de ver qué alternativas se abren cuando todo se descalabra. No siempre las cosas se cierran todo el tiempo. Cuando algo se cierra otra cosa se presenta y hay que agarrarla. Tanto “Crisis” como “Desafío” tienen un hilo conductor. En “Desafío” ya hemos madurado la crisis, aprovechado la oportunidad y salido adelante, emprendiendo nacientes desafíos. –Comenzaste hablando en primera persona del plural, refiriéndote a la postura de Las Pastillas, pero imaginaba que ese desarrollo juntos, también… –(interrumpe) …personalmente es correlativo, seguro. –Una columna para tu propia vida… –Ni hablar. Paralelamente al crecimiento de la banda se ha ido desenvolviendo la vida personal de cada uno de nosotros. Nos ayudó a independizarnos, a tener un proyecto propio. Fue paralelo y bastante equilibrado entre cómo nos fue a nivel laboral, por decirlo así, y en lo individual. Algunos hemos formado familia y los que no, de estar con nuestros padres pasamos a vivir solos y de trabajar en una tarea que no nos agradaba saltamos a hacerlo en algo que nos gusta, para lo que nos sentimos preparados. Esto que nos ha sucedido ha ido de la mano de lo otro. No podemos sacar de nuestras vidas nuestro trabajo, porque es una sola pieza, no se pueden separar. Nosotros, además, somos muy amigos, constituimos una familia bastante grande en ese sentido, por más que no seamos sanguíneos. La vida nos ha juntado, hemos recorrido juntos un montón de caminos. –Esta idea me lleva a pensar en los medios de comunicación, que a toda hora bombardean con las palabras “crisis”, “caos”, “colapso”… –Realmente hemos sentido eso. Pero hemos visto la oportunidad en la crisis, la posibilidad de cambio, de acomodar algo que estaba desacomodándose, de encaminarnos, tirar todo por la borda y empezar de cero en otro lado. La crisis es movilizante, no paralizadora. Siempre hemos hecho hincapié en ello. Lo otro es más una construcción mediática relacionada con el miedo y hay que aprender a convivir con él. El miedo genera incertidumbre, pero en verdad nunca hay certeza de nada ni sabemos qué puede pasar en los próximos dos minutos. Se puede jugar a saberlo pero, en el fondo, siempre hay algún factor que puede fallar. Hay que aceptarlo y saber que eso no te puede frenar. –Sus letras pasan a los oídos, a la emoción, al contacto directo con muchísimas personas… ¿se transmiten del mismo modo en que ustedes las piensan, las crean? –Sería demasiado pretencioso imaginarlo. Tenemos una idea clara al componer pero no podemos exigir que a los demás les signifique lo mismo. Y eso es bueno. Puede que no ocurra así y proyecté cuatro millones de imágenes. ¿Por qué no, si cada uno tiene el derecho a que eso ocurra? Ahí está lo mágico. Si se quiso expresar una idea que significa algo para uno, no hay que explicarla, hay que cantarla y que cada quien reciba. No direccionar el mensaje que se quiere dar. Uno dice lo que dice, hay gente que está de acuerdo y quienes no, y tienen la posibilidad de no comprar nuestros discos, no ir a vernos. Es imposible pretender que los demás piensen como nosotros. Se trata de la eterna búsqueda de equilibrar la balanza. Por ahí es complicado llevarlo a la convivencia social en un mundo donde mandan un billete verde y el consumo. Las fuerzas existen y tienen que estar equilibradas, porque cuando una tira más que otra todo se desajusta y cae. Cuando decimos algo, como banda, nos parece que es la verdad, pero debemos comprender que hay quien no opina igual. Para eso está el espacio del debate. Valdría preguntarse si vale la pena convencer al otro o hay que ser consecuente con lo que se piensa. Creo más en el acto que en la palabra, en que lo que más moviliza es la acción.


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