Dos Golondrinas: una editorial patagónica que nace al sur del mapa y al centro de la infancia
Desde General Roca y Villa La Angostura, Mariana Rizzuto y Marina Hernalz lanzan Dos Golondrinas, un sello infantil que apuesta por el libro-álbum y la producción editorial patagónica.
En un mapa editorial cada vez más concentrado, con catálogos infantiles que suelen responder más a lógicas de mercado que a otras búsquedas, el nacimiento de un sello pequeño en la Patagonia tiene algo de gesto revolucionario. Dos Golondrinas, la editorial que Mariana Rizzuto y Marina Hernalz lanzaron en noviembre de 2025, surge desde General Roca y Villa La Angostura, donde viven una y otra, respectivamente, con una convicción que parece sencilla, pero que en realidad es profundamente radical: los libros para niños siguen siendo necesarios, siguen siendo deseados y siguen siendo una herramienta para formar lectores activos, sensibles y críticos.
Rizzuto, que es profesora en Letras por la Universidad Nacional de La Plata, escritora y formadora de docentes, lleva más de una década trabajando en literatura infantil. Hernalz, ilustradora y diseñadora, comparte con ella un recorrido de creación a distancia que empezó en 2012 con el libro “Lua feliz”. Desde entonces, ambas se mudaron varias veces, cambiaron de ciudades, de provincias, de ritmos y de paisajes, pero mantuvieron un diálogo creativo que ahora encuentra una forma más estable: una editorial propia, pequeña, artesanal en espíritu, pero ambiciosa en su horizonte.

El nombre Dos Golondrinas condensa esa historia de migraciones y reencuentros. “Siempre nos hemos mudado, pero siempre volvimos a encontrarnos”, dice Rizzuto a Lecton, poco antes de empezar un año que tiene además del desafío de la editorial propia, el de darle empuje a un concurso de literatura infantil, de un libro álbum para ser más específicos, junto a Ysur ediciones, del colega José Álvarez.
La Patagonia tiene editoriales pequeñas, activas y diversas: de poesía, de microficción, feministas, experimentales. Pero, como señala Rizzuto, no abundan los sellos dedicados exclusivamente a las infancias, “excepto una que es de una amiga, María Marta Paz, que vive en San Martín de los Andes, y que se llama Del Manzano”, dice. Esa ausencia no es menor: implica que buena parte de la producción infantil circula desde centros urbanos más grandes, con estéticas y problemáticas que no siempre dialogan con los paisajes, los tiempos y las experiencias de la región.
Dos Golondrinas no busca construir una literatura patagónica en sentido temático. De hecho, no figura en sus propósitos que los libros hablen de montañas, chacras o ríos. Pero sí reconocen que hay un modo de mirar, una sensibilidad, una paleta de colores y texturas que emerge de vivir en el sur. Ese clima, más que un contenido, es un modo de estar en el mundo. Y los libros, cuando son honestos, siempre dejan filtrar algo de ese estar.
Por eso, el primer gesto editorial es un concurso de libro-álbum, realizado junto a la editorial Ysur, de José Álvarez. El concurso está abierto hasta abril de 2026 y convoca a autores e ilustradores que vivan o hayan nacido en la Patagonia. “No se trata de restringir, sino de fortalecer un ecosistema creativo que ya existe, pero que muchas veces carece de espacios de edición, acompañamiento y circulación”, dice Rizzuto, entusiasmada y comprometida con el proyecto. “Lo que nos gustaría es ser el enlace entre los ilustradores y los escritores. La ilustración es muy importante en literatura infantil. Y por eso el primer proyecto que nos damos es un concurso de libro-álbum, que es un género que nos encanta, que nosotros hemos explorado y que nos parece que es muy interesante. Es un proyecto en conjunto, porque Ysur tiene mucha experiencia en ediciones”.
El libro-álbum, género que tanto Rizzuto como Hernalzs conocen bien, es un territorio fértil para esa búsqueda: combina imagen y palabra, exige una lectura activa y permite que la infancia complete sentidos sin que el libro se los entregue masticados. Es, además, un formato que se presta a la experimentación, algo que Dos Golondrinas quiere sostener como marca.

La literatura infantil, además de ser la materia que dicta en el Centro de Formación docente, es el tema central del taller que dictó este año, organizado por la Secretaría de Cultura del Municipio de Roca, y en el que participaron 18 personas. “Vino gente que trabaja con infancias, maestras de nivel inicial, personas a las que les gusta escribir, pero nunca escribieron para infancias. Fue muy variado: hombres, mujeres, grandes, y jóvenes”, cuenta.
Poesía y juego
El primer título del sello será un libro de caligramas, esos poemas visuales que se leen y se miran al mismo tiempo, que obligan a girar la página, a buscar la forma, a descubrir el texto en el dibujo. Es una elección significativa: la poesía visual invita a jugar, a detenerse, a leer con el cuerpo. Y, sobre todo, confía en la inteligencia de los chicos y chicas.

Rizzuto insiste en que la editorial no publicará textos con moralejas ni mensajes explícitos. No buscan libros que “enseñen” algo, sino libros que abran preguntas, que habiliten interpretaciones, que permitan que cada lector encuentre su propio camino. Esa ética de la lectura, la confianza en la capacidad de los niños para pensar, imaginar y completar sentidos, es uno de los pilares del proyecto.
Además del libro de caligramas, están explorando videos animados y poemas animados, materiales que funcionen como disparadores para talleres y escuelas. No se trata de reemplazar el libro, sino de expandirlo, de crear un ecosistema de lectura que dialogue con lo digital sin perder la materialidad del papel.
-Hay algo muy desafiante en plantearse una editorial de textos escritos, de libros, en un mundo que parece volcarse a lo tecnológico. ..
-Yo trabajo en la formación docente. Específicamente, en literatura infantil. Y lo que yo veo con mis estudiantes y con los niños y con los que ellos trabajan es que el libro sigue siendo un objeto muy preciado. Desde el bebé que lo chupa a los que piden que les lean historias, y también entre los chicos que capaz no tienen acceso a un libro en su casa. En ese caso, las escuelas todavía siguen siendo un lugar donde hay libros. Y vemos que incluso en una feria de libros, los niños van con los padres y los padres no los pueden sacar del stand porque se quieren llevar libros. Es cierto que existe el problema del costo, que no es accesible para todos. Pero el libro tiene todavía una funcionalidad. La conexión que los niños tienen con el objeto libro, sigue estando. Y es más, en algunos se ha potenciado. Porque lo digital está todo el tiempo, todo el día en la vida de ellos, pero ese momento en que agarran el libro, funciona a otro nivel, y eso sigue estando. Además, hay que alentarlo. Entonces, hay que formar a las familias para que sigan sosteniendo la formación de lectores porque si no hay lectores tampoco va a haber libros.
El desafío, claro, es también económico. Hacer libros infantiles es costoso: requiere papeles de calidad, tipografías legibles, colores cuidados, márgenes amplios. Y distribuirlos desde la Patagonia implica costos de envío que muchas veces superan el precio del libro. Por eso, Dos Golondrinas piensa en redes: librerías amigas, ferias, bibliotecas populares, grupos de docentes que compran en conjunto. La circulación, en este caso, es artesanal y comunitaria.
Editar y acompañar
Para Rizzuto, editar no termina en la impresión. El trabajo continúa en las escuelas, en las bibliotecas, en las ferias. Presentar un libro infantil implica pensar actividades, preguntas, juegos que permitan que el texto siga vivo más allá de la lectura inicial. Es un acompañamiento que requiere tiempo, energía y presencia.
Esa dimensión comunitaria es central en el proyecto. Dos Golondrinas no busca convertirse en una fábrica de títulos, sino en un espacio de diálogo entre autores, ilustradores, docentes y lectores. Un lugar donde los libros se piensen, se discutan, se prueben.
La literatura infantil no es un género menor: es el primer contacto de un niño con la ficción, con el lenguaje, con la posibilidad de imaginar mundos.
En un contexto donde la inteligencia artificial ya produce textos, imágenes y hasta libros completos, la pregunta por lo humano en la creación se vuelve urgente. Rizzuto lo ve en sus estudiantes y en su propia hija: lo digital entretiene, pero la repetición cansa. La sorpresa, la singularidad, la voz propia siguen siendo patrimonio de la creatividad humana.
Dos Golondrinas no promete grandes tiradas. Promete otra cosa: libros cuidados, pensados, acompañados, que confían en la potencia de las infancias, y en que hay lectores.
En un mapa editorial cada vez más concentrado, con catálogos infantiles que suelen responder más a lógicas de mercado que a otras búsquedas, el nacimiento de un sello pequeño en la Patagonia tiene algo de gesto revolucionario. Dos Golondrinas, la editorial que Mariana Rizzuto y Marina Hernalz lanzaron en noviembre de 2025, surge desde General Roca y Villa La Angostura, donde viven una y otra, respectivamente, con una convicción que parece sencilla, pero que en realidad es profundamente radical: los libros para niños siguen siendo necesarios, siguen siendo deseados y siguen siendo una herramienta para formar lectores activos, sensibles y críticos.
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