Javier Navarro: el escritor neuquino que rescata la memoria de la región
Veteranos de Malvinas, desapariciones en democracia, pioneros de Centenario y memorias cordilleranas: Javier Navarro construye, libro a libro, un archivo imprescindible de la historia patagónica reciente.
Javier Navarro llegó a la escritura por una pulsión: que el mundo que conoce no se olvide. Es de los que sienten que, si no se registra ahora, si no se escucha a quienes todavía pueden contar, si no busca en el archivo que lo espera en las hemerotecas, la historia del sur se puede perder. “Creo que hay muchas historias para contar”, dice en un momento de la entrevista, casi como una declaración de principios. Javier Navarro hace justamente eso: escribir para que no se pierda lo que sostiene la identidad de una comunidad, la suya.
Docente neuquino, gestor cultural, lector obsesivo de diarios desde la infancia, Navarro llegó a la escritura por necesidad más que por vocación literaria. “Yo no soy cantante, no soy artista”, aclara con modestia. “Pero sí hice toda una labor como gestor cultural”. Ese lugar, entre la docencia, la gestión y la investigación, es el que le permitió escuchar historias, detectar silencios, reconocer materiales que pedían ser narrados.

Nacido en Centenario hace 58 años, Navarro trabajó como docente en primaria y secundaria en Cinco Saltos, Villa Manzano, Contralmirante Cordero y Barda del Medio. También pasó por áreas administrativas de los municipios de Centenario y Cinco Saltos, donde se vinculó con programas culturales nacionales. Ese recorrido territorial -hecho de escuelas, oficinas, chacras, clubes y talleres mecánicos-, es la matriz de su escritura.
Su formación no es la del periodista clásico, pero su método sí lo es. Navarro entrevista, contrasta versiones, revisa archivos, vuelve a las hemerotecas. “Me encanta, estaría días enteros en la hemeroteca del diario Río Negro”, confiesa. Ese entusiasmo por el papel impreso, por la cronología precisa, es el motor de sus libros. Una costumbre que nació en su casa, adonde su padre siempre llevaba el diario y donde ambos lo leían.
Malvinas: la primera vez que una historia lo eligió
El primero de sus libros nació de una vigilia de Malvinas en Cinco Saltos. Allí conoció a excombatientes “que habían estado en el teatro de operaciones, y se me ocurrió entrevistarlos para tener idea de cómo había sido su vida antes de la guerra, durante la guerra y después de la guerra”, dice durante la entrevista con Lecton, desde Junín de los Andes, donde vive ahora.

“Quería saber cómo la pasaron, porque el reconocimiento les llegó muchos años después. Quería saber cómo habían transitado la vida desde su regreso al continente, esos primeros años en los que hubo cierto rechazo de la sociedad. Muchos no tuvieron un acompañamiento psicológico que les permitiera reinsertarse mejor. Entrevisté a cuatro de ellos y de ahí surgió “En primera persona, Malvinas”, que se terminó de imprimir después de varios años de trabajo, en el 2023”. Con ese material, editado por Autores Argentinos, participó de la Feria Internacional del Libro, en Buenos Aires, y luego hizo presentaciones en Aluminé, San Martín de los Andes y General Roca.
El archivo fue clave. Navarro reconstruyó el clima de época a partir de las tapas y notas del diario Río Negro, un medio que, dice, fue “muy crítico” durante la guerra y que registró día a día los errores del gobierno militar. En el libro, las tapas del diario de 1982 conviven con las voces de los veteranos, creando un contrapunto entre la historia pública y la historia íntima.
¿Cuándo se jodió la Argentina?
El segundo libro nació de un encuentro fortuito. En Aluminé, adonde se había mudado por el trabajo de su esposa, Navarro llevó su auto a un taller mecánico. El dueño era Rubén Jara. “Cuando lo fui a ver sí me acordé de quién era”, dice. Jara fue uno de los policías acusados por la desaparición de Néstor Gutiérrez en 1984, un caso resonante en Neuquén, considerado como el primer desaparecido en democracia.
Néstor ‘Lito’ Gutiérrez desapareció la noche del 27 de diciembre de 1984. Ocho policías fueron a juicio, y sólo la mitad recibió condena. “El cuerpo de la víctima nunca apareció, pero todos los indicios señalan que después de una feroz golpiza fue arrojado a las aguas del río Limay”, dice otro libro, “Desaparecido en democracia”, del recientemente fallecido periodista Walter Pérez, presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDH) de Neuquén.
“Nadie escuchó mi verdad”, le dijo Jara a Navarro durante aquel encuentro en el taller. “La idea primera era pedir perpetua, pero después, la condena llegó a 15 años para Jara, 12 años para Quilapi, y 6 y 4 años para Varela y Curimán, que eran los demás integrantes de la patrulla. A los 3, 4 años de estar detenidos, los liberan a dos de ellos – Varela y Curimán-, y quedaron detenidos tres años y medio más, Jara y Quilapi. Navarro, que ya tenía el archivo del Río Negro sobre el caso, decidió escucharlo.
Así nació “Tras las huellas del silencio”, un libro coral que incluye la voz de Jara, la del ex integrante de Tribunal Superior de Justicia de Neuquén, Oscar Massei, la de Walter Pérez -“para él son culpables”, aclara Navarro-, la de familiares, la del guardiacárcel y la de los hijos de Oscar Calabró, cuyo crimen aparece vinculado en la trama. “Yo no hago un juicio. Cuento su historia”.
Gente De Cente: un título que es pertenencia
El tercer libro nació de un gesto afectivo y lingüístico: nombrar a la comunidad con el apodo que usan quienes habitan Centenario. “Gente De Cente”, así, con esa palabra que marca el humor y el orgullo local. Es una declaración de principios: contar la y las historias de quienes hicieron la ciudad.
Escrito junto a su hermana Marcela, el libro recupera las vivencias de las familias pioneras de la localidad: chacareros, inmigrantes, comerciantes, dirigentes deportivos. “Había un montón de testimonios, pero no estaban cristalizados”, explica.

El libro, de 266 páginas, se volvió un fenómeno local. En la presentación, la sala se llenó y muchos lloraron por no estar incluidos. Navarro y su hermana dejaron, al final del libro, páginas en blanco para que cada familia pudiera completar su propia historia: “Mis recuerdos”, “Mi fotografía”, “Mis anécdotas”. Un libro que es, también, un dispositivo comunitario.
La investigación incluyó anécdotas pintorescas, como la pelea que en los años treinta dividió a la ciudad en dos clubes -Tiro y Gimnasia y Deportiva Centenario- por una discusión sobre el nombre y una promesa de fondos que nunca llegó. “Lo más cómico es que la plata nunca llegó y estos se pelearon lo mismo”, recuerda Navarro, citando a un dirigente histórico de la ciudad.
El éxito de “Gente De Cente” abrió la puerta a una segunda parte en la que ya están trabajando, “ Gente de Cente 2: la historia continúa”, con nuevos testimonios y nuevas familias. En paralelo, Navarro avanza en un proyecto sobre Junín de los Andes, donde vive actualmente. Para eso, entrevistó a pobladores de 90 años, a descendientes de inmigrantes, a integrantes de comunidades mapuche, a quienes recuerdan las tormentas de nieve de los años cuarenta y cincuenta, a quienes vivieron la llegada de los salesianos. El título tentativo: “Historias en la cordillera” o “Entre montañas y ríos”.
Navarro escribe desde la convicción de que la región está llena de relatos que merecen conocerse. “Hay algunas que son mejores que varias películas”, dice. “No hace falta ver una superproducción de Hollywood o una superproducción argentina para conocer historias, porque acá también las tenemos. Yo no uso la palabra interior. Una vez estuve con el historiador Felipe Piña, y él me dijo algo que me quedó grabado. Me dijo: Nunca hables de interior, el país es uno solo, no tiene interior y exterior”.
Navarro busca entonces que las historias de su región, las que circulan en las chacras, en los talleres, en los clubes, en los parajes cordilleranos, queden en los libros. “Hace un año justamente, estaba investigando sobre mi ciudad natal, Centenario. Busqué información en Wikipedia y el resumen era muy breve, no hablaba de cómo era, no contaba qué había. Por eso, yo digo, si eso no queda cristalizado ahora, se va a perder, y yo no quiero que se pierdan los recuerdos”.
En eso está.
Javier Navarro llegó a la escritura por una pulsión: que el mundo que conoce no se olvide. Es de los que sienten que, si no se registra ahora, si no se escucha a quienes todavía pueden contar, si no busca en el archivo que lo espera en las hemerotecas, la historia del sur se puede perder. “Creo que hay muchas historias para contar”, dice en un momento de la entrevista, casi como una declaración de principios. Javier Navarro hace justamente eso: escribir para que no se pierda lo que sostiene la identidad de una comunidad, la suya.
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