Lectura: ”Lo que aprendí de las bestias”
La cineasta argentina Albertina Carri, directora de “Los rubios”, debuta como novelista con este libro publicado por Penguin Random House, en el que una protagonista parecida a ella misma revive la infancia interrumpida por el asesinato de sus padres.
“Lo que aprendí de las bestias”, primera novela de la cineasta Albertina Carri, es un texto espeso y luminoso donde la autora recurre a la misma libertad creativa que transformó a “Los rubios” en un documental disruptivo e icónico, esta vez valiéndose de una narradora homónima para reformular una historia muy parecida a la propia, una suerte de autoficción mediada por la contundencia impiadosa de la voz de la orfandad.

“La protagonista tiene mi edad, se llama igual que yo, hace cine, es lesbiana, pero tiene una hermana, no dos, sus padres no son desaparecidos, no tiene un hijo. Hay muchas condiciones que son muy distintas a las mías”, advierte Carri sobre el libro que acaba de publicar Penguin Random House.
Una huella inicial -una puerta demoliéndose y con ella la infancia (los padres de dos niñas siendo asesinados frente a ellas)- se repite a lo largo de toda la trama (el tiempo) en situaciones soterradas, sean bestias sangrando chorros en un matadero realista y gore o el genocidio de bichos en un campo familiar para que la heroína, contra todos los pronósticos, la desactive, alcance a reconfigurarla como por encanto de la ficción o desconcierto de la mejor de las realidades.
P – ¿Qué significó salirse del guión cinematográfico con una primera novela? Si bien ya habías publicado poesía.
R – Desde el comienzo tomé la decisión de que sería una novela. Me costó mucho la continuidad y en el medio también pasó la vida, necesité volver a hacer cine y le pedí a mis productores, que son mis amigos y socios, que me den el tiempo de retiro para dedicarme al texto. A los guiones los escribo a partir de una estructura, muchas veces tengo ideas de películas durante mucho tiempo, pero en el momento en que me siento a escribir tengo muy claro adónde voy. Escribir literatura fue como entregarme a un vacío. La escritura fue puro presente y terminó en 2021, hace unos meses escribí las últimas cosas, que están en el medio, no es que hayan ido al final.
P – Es una novela muy física, el cuerpo juega como voz, territorio y memoria, y también es un relato sobre la crueldad.
R – En algún momento la novela plantea que no hay peor destino que matar y todo va dirigiendo a este personaje hacia un destino cruel. La vida se vuelve una carrera contra todo lo débil dice la narradora, pero en eso que podría leerse como un sin salida, en ese hacia dónde te lleva la crueldad, hay un vuelco muy importante, se vuelve importante la risa y eso para mí es una reivindicación total del personaje y de la vida misma: la vida vale la pena vivirla porque hay un tránsito y porque se pueden modificar las cosas.
P – La familia en este texto, “el polo tóxico”, conforma un artefacto bestial.
R – Familia es una palabra que puede representar muchas cosas, puede representar formas del afecto, sin dudas, pero también la destrucción de cualquier singularidad, depende de cómo se lleve adelante esa lógica de familia, qué se dice cuando se dice familia. A mí me provoca inquietud, a Furio, mi hijo, le provoca felicidad.
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P – Le dedicaste la novela.
R – Una de las cosas más complejas de la maternidad fue, no solo mi orfandad, también mi historia violenta. Fue muy doloroso tener que transmitírselo a él, porque yo ya lo había vivido de chica. Ahí me di cuenta que desde los cuatro años yo ya era grande, eso que dice la narradora, que cuando tiraron esa puerta abajo, rompieron también la posibilidad de que siga siendo niña. Nunca me había dado cuenta de mi vulnerabilidad hasta que vi a Furio vulnerable, hasta que conviví con ese niño, y cuando me di cuenta, algo de todo eso me quebró de nuevo. Tenía que explicarle que a sus abuelos los mataron. Es parte de mi identidad, de la suya y la del país donde vive. Tenía totalmente naturalizada mi historia, como todo el mundo. No imaginé que me iba a suceder eso que me sucedió, no lo preví para nada. Pero sí tuve la decisión deliberada de que la protagonista de esta novela no sea madre, porque es otro tema. Tal vez escriba una novela sobre la maternidad, pero será otro tema.
P – La novela habla también de qué es lo que habilita un Estado de facto en el ámbito de lo doméstico.
R – Cuando éramos chicas el ‘te voy a matar’ era la frase más común del mundo, te la podían decir las maestras en la escuela. La violencia es totalmente generacional, por eso aparece esa novia apropiada en la novela, y nuestra generación es la que está criando a estos chicos con esa historia que para ellos en ciencia ficción y es fantástico que lo piensen como algo tan ajeno, porque quiere decir que, en un punto, hemos hecho un gran trabajo.
Por Dolores Pruneda Paz.-
“Lo que aprendí de las bestias”, primera novela de la cineasta Albertina Carri, es un texto espeso y luminoso donde la autora recurre a la misma libertad creativa que transformó a “Los rubios” en un documental disruptivo e icónico, esta vez valiéndose de una narradora homónima para reformular una historia muy parecida a la propia, una suerte de autoficción mediada por la contundencia impiadosa de la voz de la orfandad.
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