Liliana Vitale: la felicidad es cantar
Su apellido es célebre, pero no vive de la fama de su hermano sino de un enorme talento que ha puesto una y otra vez sobre los escenarios porteños. Liliana Vitale tiene perfil bajo y para los especialistas locales se trata de una artista incalificable. En una entrevista con “Río Negro”, contó como se desarrolla la magia de la composición en su caso. “Cada artista tiene su manera de encontrar la canción. Más bien la canción aparece y te encuentra”, explica.
El comienzo fue un trabajo que hizo con Alberto Muñoz y su hermano Lito, cuando tenía 14. Ahora tiene 41. Vivía una situación artística y creativa en la casa de infancia, en Villa Adelina, con sus viejos estimulando todo el tiempo. Desde chica cantó.
Su madre, Ester Soto, lo hacía y su viejo Rubens – “Donvi” se copó arreglando un piano y Lito se largó a tocarlo. A Liliana también, la cosa se le fue por la lectura, el dibujo. Luego, desde mediados de los setenta, momento muy duro para el país, tenía casi quince, empezaron a juntarse con músicos de más edad, con los cuales formaron MIA -Músicos Independientes Asociados- en 1976, que duró hasta los ochenta y sentó un precedente en cuanto a la producción independiente en el rock argentino.
– No se te puede encasillar.
– No. Creo que tengo las influencias de cualquier argentino que ha escuchado un poco de todo, pero en mi caso particular como parte del rocanrol. Es lo que más sé. Del resto, manejo los grandes artistas del folclore pero no puedo decir que en profundidad, aunque me encanta conocer. Y en cada oportunidad posible, lo hago. Lo mismo me sucede con el tango, pero no siento pertenecer a la cultura tanguera. Si tengo que ver con una opción cultural. Yo me expreso…
Desde fines de los ‘70, Liliana también formó dúo con Verónica Condomí. Sus voces a capella, con acompañamiento ocasional de percusión y flauta, en composiciones originales, la mayoría de Verónica, y recopilaciones e improvisaciones, dieron a luz dos discos: “Danzas de Adelina” (81) y “Camasunqui” (82). Luego vinieron años de trabajos solistas o compartidos con importantes músicos y el reencuentro a fines de 1997 para una presentación en San Telmo, coincidentemente con la re-edición completa en el CD “Liliana Vitale- Verónica Condomí” de sus discos de vinilo. El 23 de noviembre y el 22 de diciembre pasados, estuvieron en el Club del Vino. 15 de diciembre cantaron en el Museo Hernández. Ahora proyectan ahora grabar en vivo. Lili, por las suyas, se presentó los sábados 11, 18 y 25 de noviembre en el Auditorio del Centro Cultural Recoleta y el domingo 19 en el de Radio Nacional, Maipú 555, recorriendo canciones ya editadas y estrenando otras recientemente compuestas. Acompañándose con piano, a capella y con Juan Belvis –su hijo- también desde el teclado, interpretó además obras de Alberto Muñoz, Peteco Carabajal, Liliana Felipe, Charly García y Luis Alberto Spinetta. En 1995, editó “Mujer y argentina”, solita en voz y piano; “El beneficio de la duda”, es su último compacto editado hace ya cuatro años.
“No tengo mucha distancia para hablar sobre mis letras. “El beneficio…” es el primer disco que saco completamente mío. Música había compuesto a lo largo de todos estos años, en colaboración con Alberto Muñoz, con Verónica o con gente que estuvo en MIA. Con letras mías, es la primera vez que me animo a sacar algo. Todos los temas se relacionan con un viaje muy personal, aunque no siempre habla de historias personales, con una visión femenina. No feminista, desde el lugar de la mujer.”
– El discurso del método
– No soy muy metódica. Antes de “El beneficio…” compuse bastante música sobre textos de escritores que me gustan mucho y siempre me aparecieron las melodías. Me surgen en función de un texto, nunca se me ocurrieron antes que la letra. Me parece que no hay método, que cada artista tiene su manera de encontrar la canción. Más bien la canción aparece y te encuentra, en un situación medio alquímica, mágica. De todos modos, hubo momentos donde me puse a componer todas las tardes; por suerte tuve la oportunidad de hacer una rutina de eso y me di cuenta que hay cosas relacionadas con la inspiración, pero también con el laburo, con darle y darle. Si aparece la inspiración, mejor es que me encuentre trabajando, porque de la nada, tampoco saco elementos para hacerla correr. Hay que conocer la sustancia con la que uno labura, en mi caso, la musical. Yo creí que no tenía el don de hacer canciones, empecé a componer de grande. Las primeras cosas que hice y realmente estuve conforme, me impresionaron, fueron más o menos a los treinta años.
– Trabajás con tu familia originaria, de un modo y desde un sello independiente (Ciclo 3). Alguna vez apuntaste a un mercado masivo o que te asesoraran para vender más discos o aparecer mucho más en los medios?
– No, pero no puedo negarte que no siento el deseo de comunicarme con más gente. Eso está implícito en lo que hago, pero nunca corté la torta por ese lado. No siempre trabajé con mi familia, hace unos cuantos años atrás y durante bastante tiempo, trabajé fuera de ella y mi representante puso un sello, es el dueño de La Trastienda. Pero asumí el planteo de hacer algo independiente como mío.
– ¿Qué te llevó a escribir “Las mujeres fuertes”?
– Un cuadro de situación de mujer sola con niños, tratando de salir adelante. Lo escribí un día como a las cuatro y pico de la mañana, que no podía dormir, sobre la base del tic tac del reloj, me acuerdo… Fue un poco por mí, pero cuando se escribe durante el viaje, durante el conflicto, es muy difícil expresar lo que sucede. Una vez saliendo del problema, hay un poquito más de distancia, algo se sedimenta para poder expresarlo. Entonces salió ese texto y luego tomó forma a través de la percusión de Bam Bam Miranda.
Las mujeres fuertes
Las mujeres fuertes
Los maridos llorando
Las mujeres cerradas
Los maridos cansados
Los hombres sensibles
Las mujeres con plata
Las mujeres llorando
Los hombres imposibles.
Las puertas cerradas
Los maridos durmiendo
todo tirado todo tirado
por qué siempre está todo tirado
La casa ordenada
las mujeres solas
los chicos durmiendo
ya nada ya nada
volverá a molestarte.
(Tema 10 de “El beneficio de la duda”)
Cinco notas locas cinco
-Una mujer frente al mundo…
– Una mujer no está frente al mundo, forma parte de él. No es conquistadora, la mujer da la vida, da luz, es parte del mundo y entonces no hay nada que enfrentar. Creo que nosotras no entendemos la guerra, básicamente comprendemos la diferencia que hay entre los hijos, porque nos damos cuenta que amando igual a personas que viven la misma vida cotidiana, hay de todas maneras diferencias.
– Dos recuerdos de la infancia…
– Recuerdo a mi amiga Patricia Pagola, a quien conocí en Primero Superior y empezamos una relación eterna, entrañable y amorosa. Con ella todavía sigo viéndome y tengo sinfines de recuerdos caminando por las vías. Yo vivía en Villa Adelina, frente a las vías y a la ropería del ferrocarril, donde se cambiaba la mantelería y la ropa de blanco de los trenes de larga distancia. Y ahí jugábamos de chicas, por ahí andábamos y charlábamos, salíamos a pasear con nuestros incipientes noviecitos…
– Otro…
-Una mesa grande y mis viejos dándonos papel y témperas y lápices y pinceles, a mi hermano, a mí y a los pibes del barrio que se juntaban en casa pintar, a crear, a divertirse, a permitirse cosas.
– Vos, Donvi y Ester, tus viejos…
– Una relación definitivamente pasional. Un acuerdo filosófico básico con mi viejo, sobre todo; y un amor desenfrenado con mi madre. Peleas infinitas, múltiples, reconciliación y crisis –que quiere decir oportunidad de crecimiento- y una renovación de las ganas de vivir y de crecer permanentes. Una comunicación sin careta.
-Cuatro palabras que usás con mucha frecuencia…
– Amor… Yo soy así, cristiana-taoísta-fusionista. Solidaridad, otra. Evolución, crecimiento. Forman parte de una cosmogonía, de una manera de ver el mundo; me parece que no sólo son sentimientos, se basan en ellos, pero luego acceden a un lugar de la conciencia donde yo opto por eso. Son parte de una actitud, de un compromiso.
– Cinco deseos que involucren a tus hijos Juan (18), Camilo (9) y Fidel (7), a tus viejos, a Lito, a una pareja, a vos…
– Para mis hijos deseo… (Traga lentamente) Decir felicidad es como un fragmento de la vida. Para ellos, deseo la verdad, la fuerza, la inteligencia y el corazón para superar todos los obstáculos, las miserias humanas que todos tenemos. Que siempre tengan la valentía de enfrentar la verdad, sea como sea.
Para mis viejos decido la felicidad (ríe). Deseo, si pudiera decidir, decidiría. Se merecen un momento de descanso, de feliz disfrute. Han laburado y siguen laburando tanto… Que tengan un remanso entre ellos y para con los otros. Un tiempo calmo, bueno, blando y piadoso. Todo eso.
Para mi hermano, la fuerza para no abandonarse, para creer en sí mismo, en toda su diferencia específica. Que siga creciendo artísticamente y como ser humano. Es un grande, un grande. Como artista también, deseo que siga desarrollándose.
-Una pareja…
(Estalla en picardía) ¡Deseo una pareja! Encontrar la forma de que una pareja no se estereotipe, no se rigidice, no se oscurezca, que sea libre. Deseo una relación con un hombre libre. Eso. Si hablo de amor entre los hijos, los padres, los hermanos, los amigos, se sabe; la familia es innata y los amigos, una opción. Pero el gran desafío amoroso es poder fundar con otra persona un mundo nuevo y vivirlo sin cerrarse en él, reciclarlo, dejarlo evolucionar. ¡Espero que no sea mucho pedir! (E. R.)
Eduardo Rouillet
El comienzo fue un trabajo que hizo con Alberto Muñoz y su hermano Lito, cuando tenía 14. Ahora tiene 41. Vivía una situación artística y creativa en la casa de infancia, en Villa Adelina, con sus viejos estimulando todo el tiempo. Desde chica cantó.
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