Los “buitres” y el fallo de la Corte de EE. UU.
La decisión que tomó la Corte Suprema de Estados Unidos de rechazar el recurso con el que la Argentina buscó frenar el pago de la deuda a los fondos buitre complicó definitivamente la política del gobierno. El fallo no sólo altera cualquier escenario fiscal sino que deja congelada, al menos hasta que asuma otro mandatario, la posibilidad de recurrir a los mercados internacionales en busca de créditos. En este contexto, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no tiene de dónde sacar dólares para pagar las deudas que no sea de las ya golpeadas reservas del Banco Central, lo que generará, en el caso que hacerlo, un grave problema fiscal y monetario. Si finalmente, como recomienda la mayoría de los economistas, el gobierno busca llegar a un acuerdo con los holdouts en la instancia del juez Thomas Griesa, tal como ocurrió con el Club de París, sufrirá, más temprano o más tarde, un drenaje importante de dólares, lo que podría ocasionar un aumento de la cotización de la moneda estadounidense en los mercados oficial y paralelo. Si, en cambio, decide patear el tablero, desoír el fallo y no aceptar lo que consideró “una extorsión” al país, entonces la situación puede que se torne aún más inestable porque significará caer en un default técnico en el corto plazo (ya no hay medianos y largos). En estos once años de gestión el gobierno ha mostrado diferentes experiencias en las que no hizo caso a la teoría. Sin embargo, últimamente tomó otra actitud, quizás en parte buscando una respuesta como la que no obtuvo este lunes de la Corte Suprema estadounidense. En función de la política económica, desde que Axel Kicillof llegó al Ministerio de Economía el gobierno se vino comportando como lo hizo el entrenador del seleccionado nacional de fútbol Alejandro Sabella en el segundo tiempo del partido frente a Bosnia. Por muchos años el gobierno quiso ser el Sabella del primer tiempo y no le fue tan mal, pero cuando intentó cambiar, a diferencia del resultado del complemento ante los bosnios, la cosa no mejoró. Consumado el resultado judicial adverso, promover una negociación con los holdouts (“honrar las deudas”, en los dichos de la presidenta) mientras mantiene el pago a los tenedores de bonos que aceptaron la reestructuración, se hace indispensable y casi inevitable. La economía y la realidad, como se observa, tienen una dinámica muy distinta de la de partido del domingo. (*) Profesor del Departamento de Economía de la Universidad de San Andrés
ENRIQUE KAWAMURA (*)
La decisión que tomó la Corte Suprema de Estados Unidos de rechazar el recurso con el que la Argentina buscó frenar el pago de la deuda a los fondos buitre complicó definitivamente la política del gobierno. El fallo no sólo altera cualquier escenario fiscal sino que deja congelada, al menos hasta que asuma otro mandatario, la posibilidad de recurrir a los mercados internacionales en busca de créditos. En este contexto, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner no tiene de dónde sacar dólares para pagar las deudas que no sea de las ya golpeadas reservas del Banco Central, lo que generará, en el caso que hacerlo, un grave problema fiscal y monetario. Si finalmente, como recomienda la mayoría de los economistas, el gobierno busca llegar a un acuerdo con los holdouts en la instancia del juez Thomas Griesa, tal como ocurrió con el Club de París, sufrirá, más temprano o más tarde, un drenaje importante de dólares, lo que podría ocasionar un aumento de la cotización de la moneda estadounidense en los mercados oficial y paralelo. Si, en cambio, decide patear el tablero, desoír el fallo y no aceptar lo que consideró “una extorsión” al país, entonces la situación puede que se torne aún más inestable porque significará caer en un default técnico en el corto plazo (ya no hay medianos y largos). En estos once años de gestión el gobierno ha mostrado diferentes experiencias en las que no hizo caso a la teoría. Sin embargo, últimamente tomó otra actitud, quizás en parte buscando una respuesta como la que no obtuvo este lunes de la Corte Suprema estadounidense. En función de la política económica, desde que Axel Kicillof llegó al Ministerio de Economía el gobierno se vino comportando como lo hizo el entrenador del seleccionado nacional de fútbol Alejandro Sabella en el segundo tiempo del partido frente a Bosnia. Por muchos años el gobierno quiso ser el Sabella del primer tiempo y no le fue tan mal, pero cuando intentó cambiar, a diferencia del resultado del complemento ante los bosnios, la cosa no mejoró. Consumado el resultado judicial adverso, promover una negociación con los holdouts (“honrar las deudas”, en los dichos de la presidenta) mientras mantiene el pago a los tenedores de bonos que aceptaron la reestructuración, se hace indispensable y casi inevitable. La economía y la realidad, como se observa, tienen una dinámica muy distinta de la de partido del domingo. (*) Profesor del Departamento de Economía de la Universidad de San Andrés
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