Historias de los guardianes del hospital de Allen
Luchan desde hace meses para salvar vidas, pero también las propias. Paola, una de ellas, hace unas semanas volvió a trabajar al hospital tras estar en coma por el virus. La vocación de servicio caracteriza a estos profesionales que le ponen el cuerpo a la pandemia.
Paola Orellana nunca imaginó que en Allen realizarían cadenas de oración para que pudiera despertar del coma en el que estuvo luego de contagiarse de coronavirus.
La noticia de su internación en diciembre del año pasado fue como un balde de agua fría en la ciudad, en especial en el centro médico Ernesto Accame donde la licenciada en enfermería estaba concentrada organizando la campaña de vacunación contra el virus.
Junto a sus compañeros dan batalla en la primera línea para atender a los pacientes que llegan cada día. Ellos ponen el cuerpo y aunque la cifra de muertes es muy alta, no dudan al momento de trabajar. Son los héroes del hospital Allen.

En el centro médico cada colega que se contagia se siente mucho. Paola es la jefa del Departamento de Actividades Programadas para el Área (DAPA) y el año pasado cuando iba a comenzar la campaña de inmunización estaba abocada a organizar las jornadas en el Ernesto Accame.
La mujer que tiene 52 años hace 26 trabaja en salud. La comunidad de Allen le tiene mucho aprecio por eso dolió en el pueblo cuando se enteraron de que el virus también la había atacado.
El 16 de diciembre dio positivo junto a su hijo y su hermana.
Paola venía bien pero cuando estaba terminando el aislamiento empezaron las complicaciones respiratorias.
Primero la internaron en el hospital de Allen y en enero la derivaron a Roca a la Clínica Juan XXIII.
“Estuve en terapia y soñé mucho porque estaba intubada”, contó a Río Negro.

Tras estar más de un mes milagrosamente despertó, aunque no podía hablar porque tenía una traqueotomía. Cuando revisó su celular nunca imaginó encontrar cientos de mensajes de apoyo para que se recuperara.
“No esperaba que hubiera tanta repercusión por mi caso mucha gente hizo cadenas de oración tanto mis compañeros del hospital como toda la comunidad”, contó emocionada.
Luego que recibió el alta el 23 de febrero vino una etapa de cuatro meses de rehabilitación donde fue fundamental la asistencia de kinesiólogas. Además, su hermana fue un pilar muy importante. “Me ayudó a levantarme de la cama, a bañarme y a comer”, recordó con los ojos humedecidos.
Paola salió de internación con una dificultad motriz en el lado derecho. Esto le complicó para poder escribir y tuvo que volver aprender.
La profesional llegó al Valle desde Carmen de Patagones y aunque vive en Roca, en Allen la quieren mucho.
“La comunidad me recibió muy bien y por eso quiero devolverle un poco de ese cariño”, expresó.
Su cuadro fue muy grave en una terapia donde no todos logran sobrevivir.
Tras despertar del coma señaló que no quiere planificar nada a largo plazo. “Tenía muchos proyectos para fin de año, pero pasó la pandemia y me contagie, hoy vivo el día a día con mi familia y compañeros de trabajo tratando de hacer lo que más pueda”, contó relajada.

Vocación de servicio
Detrás de la importante labor que se realiza para atender a los pacientes covid hay todo un equipo que se esfuerza si medir reservas.
Entre ellos está Enzo Garro que cumple el rol de jefe de enfermería de la terapia intensiva. También Emilio Ramos que es supervisor intramuro, Nelson Ojeda que es trabajador social y está a cargo del sector de epidemiología junto a la licenciada en obstetricia Daniela Zanelli y la kinesióloga Andrea Gas.
La terapia intensiva del centro médico tiene una capacidad de siete camas. Ojeda recordó que la primera semana que se habilito la ocupación fue del 100% aunque se realizaron pocas derivaciones.
“El rango etario de contagio y de mortalidad ha bajado mucho en comparación con el año pasado. Antes teníamos más adultos mayores y ahora de 35 a 50 años”, detalló Garro.
Desde el servicio de epidemiología señalaron que se realizan entre 20 y 30 hisopados por día y entre siete y ocho dan positivo.
En mayo hubo un fuerte aumento de casos al igual que junio. Este mes hay una leve baja.
Apuntan a que esto se debe al regreso de los chicos de las vacaciones y que muchos salieron de la localidad.
El porcentaje de muertos es uno de los más altos en el Valle. Hace unos días este medio dialogó con autoridades del hospital que señalron que las variables a evaluar son diversas.
Por un lado, incide la edad del paciente y sus comorbilidades; y por otro lado el acceso a la atención, tiempo y forma de ingreso. En el caso particular de los pacientes críticos, una variable es “cuánto tiempo tardó enconseguirse una cama”, explicaron y que esta evaluación aún no fue realizada.
También hay otros profesionales que cumplen una función esencial como los seguidores que llaman a los pacientes por teléfono todos los días para consultar por su estado. Orellana destacó que en el seguimiento es muy clave en la línea de lucha contra la pandemia.

Además está el sector que se encarga de la rehabilitación post covid. “Muchas personas que reciben el alta quedan con alteraciones cardíacas o respiratorias, se les realiza un tratamiento donde van recuperando esas capacidades y se hace una rehabilitación cardiopulmunar”, explicaron desde el área.
Hay casos de personas que han pasado por internación y que cuando caminan una cuadra se agitan.
Por otro lado, el supervisor intramuro se encarga de que funcione enfermería dentro del hospital, distribuir el personal de los servicios, viendo las diferentes capacidades y formación de cada uno.
“Hemos tenido muchas bajas en este tiempo de personal que ha quedado aislado por coronavirus. Por esto estamos recibiendo ayuda de enfermeros de Viedma desde abril”, señaló Ramos.
Paola Orellana nunca imaginó que en Allen realizarían cadenas de oración para que pudiera despertar del coma en el que estuvo luego de contagiarse de coronavirus.
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