Los pobres invisibles
El ministro de Economía, Axel Kicillof, no quiere saber cuántos pobres hay en la Argentina porque, a su juicio, se trata de un dato “estigmatizante”, pero parecería que para su jefa, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, no lo es en absoluto. Por el contrario, al participar en Roma de una reunión de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (la FAO), informó a los asistentes que, merced al “proyecto de país” que lidera, en la Argentina el índice de pobreza es “inferior al 5%”, lo que, como enseguida se encargaron de recordarnos los acostumbrados a tomar en solfa las afirmaciones presidenciales, significaría que aquí hay relativamente menos pobres que en cualquier país escandinavo y muchos menos que en Francia, Alemania o el Reino Unido. Conforme a las estadísticas confeccionadas por el Indec según las cuales a comienzos del 2013 el 4,7% de las personas se encontraba por debajo de la línea de pobreza, Cristina tiene razón, pero sucede que virtualmente nadie confía en los números producidos por la entidad que desde enero del 2007 funciona como una usina de propaganda kirchnerista. De acuerdo con organismos privados y eclesiásticos, en nuestro país alrededor del 25% de la población vive en la pobreza. Por lo demás, aquí las pautas son decididamente menos generosas que en Estados Unidos o los países miembros de la Unión Europa, de suerte que muchos suecos, alemanes, británicos o noruegos calificados de pobres disfrutan de un estándar de vida material parecido al de los sectores menos acomodados de nuestra clase media. Aunque es comprensible que, por una cuestión de orgullo patriótico, en el exterior Cristina haya querido hacer pensar que la Argentina es un país mucho más justo, equitativo e igualitario que los del norte de Europa que habitualmente encabezan los rankings, no le convendría exagerar. Además de deslustrar su propia imagen, ufanarse de logros claramente ficticios incide negativamente en la reputación del país. Habrá sido por tal motivo que, cuando su marido era presidente, procuraba conmover a los acreedores y a las organizaciones internacionales diciéndoles que, por ser la Argentina un país con muchos pobres, deberían tratarla con más solidaridad, absteniéndose de pedirle llevar a cabo ajustes brutales a fin de sanear las cuentas públicas. De estar en lo cierto Cristina, sería legítimo que los gobiernos de países con una proporción mayor de pobres le exigieran no sólo salir del default parcial pagando a los holdouts sino que también aportara mucho más a los programas de ayuda internacional. De todos modos, el que según Cristina se haya reducido tanto la tasa de pobreza nacional, a tal punto que ya es inferior a la registrada en Noruega, Islandia o Dinamarca, plantea algunos interrogantes. ¿Cree veraces las estadísticas del Indec? Los hay que dicen que sí, que con la colaboración de quienes la rodean la presidenta se ha desvinculado tanto de la realidad que no sabe muy bien lo que está sucediendo en el país. ¿O es que, con el fin de su gestión a la vista, quiere crear la impresión de que la Argentina está experimentando un boom con la esperanza de que, no bien se haya instalado el próximo gobierno cuyos funcionarios dirán que heredaron un desastre y por lo tanto no tendrán más alternativa que la de jibarizar el gasto público, podrá acusarlo de haber arruinado una obra maestra socioeconómica, de tal manera preparándose para un eventual regreso triunfal? Sea como fuere, es preocupante que ante organismos internacionales como la FAO la presidenta se haya permitido hablar sobre la base de estadísticas que en opinión de virtualmente todos, incluyendo sindicalistas amigos del oficialismo, tienen más que ver con sus propios deseos que con la verdad. Hubiera podido limitarse a aseverarse convencida de que, si bien desde mayo del 2003 la Argentina ha avanzado mucho, aún queda mucho por hacer, pero prefirió dar a entender que, gracias a su “modelo de sociedad” que, dijo, es el “mejor antídoto en la lucha contra el hambre y la pobreza”, el país casi ha logrado derrotar definitivamente a tales enemigos ancestrales del género humano, una hazaña que ningún otro mandatario, con la excepción del dictador norcoreano Kim Jong-un, pensaría en atribuirse.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Jueves 11 de junio de 2015