Maccarone, seis años espiado y enfrentado a un poderoso
En la Iglesia santiagueña sospechan que Néstor Ick está detrás del joven de 23 años que filmó el video íntimo
Uno de los empresarios más poderosos y enigmáticos de Santiago del Estero, Néstor Ick, llegó al despacho del obispo Juan Carlos Maccarone en busca de respuestas. Había curas de la Diócesis que cuestionaban el poder económico concentrado de la provincia y él, con algunos videos que probaban esta prédica, quería que cesaran esos ataques. Maccarone lo escuchó con parsimonia. “Yo le sugeriría que deje la provincia por un tiempo”, le contestó en un tono amable, pero firme. Luego de esta charla áspera, el cura terminó de confirmar que se había ganado un enemigo intocable. La conversación fue revelada a LA MAÑANA por dos fuentes a las que Maccarone les relató lo sucedido. Quizá sea por esto que en la provincia, una decena de fuentes que hablaron con este diario señalaron a poderosos grupos empresarios -en combinación con sectores ultraconservadores de la Iglesia- como los autores intelectuales del video íntimo que terminó con la renuncia del obispo. Maccarone nunca cultivó un estilo confrontativo, como el de su antecesor Gerardo Sueldo. Pero lo que más molestaba a algunos hombres influyentes era el proyecto de compromiso con la pobreza que el cura fortaleció durante su estadía al frente de la Diócesis. El afianzó el trabajo de la Pastoral Social, alentó a los movimientos campesinos y, en varias oportunidades, se refirió a la “obscena concentración de riqueza en pocas manos”. Posturas atrevidas para una provincia de corte feudal. En los últimos tiempos, el obispo había tenido que cambiar algunas costumbres: incorporó a su vida cotidiana una discreta custodia en la puerta del Obispado y ya no hablaba por teléfono como antes. Sabía que los teléfonos estaban pinchados y quiso sacarse la duda cuando pidió a algunos peritos que revisaran los aparatos de su despacho. El escándalo que desató el joven Alfredo Serrano, al desnudar en público sus inclinaciones homosexuales, no lo tomó por sorpresa. Alguien lo había alertado que esto podía ocurrir. Pero él lo dejó pasar. Quizás subestimó la mano negra que, detrás de este pibe de 23 años, vendedor de celulares y remisero, con escasa capacidad económica, orquestó la filmación de su intimidad. “Nosotros sabíamos que nos infiltraban gente, que grababan las homilías, que escuchaban nuestras conversaciones. Y esto que le ocurrió a Maccarone es la continuidad de una metodología mafiosa y extorsiva”, aseguró a LA MAÑANA uno de sus colaboradores más estrechos, el cura Sergio Lamberti. La sensación de sentirse espiado lo acompañaba desde hacía años. Desde 1999, en pleno gobierno juarista, la temida D2 de la Policía provincial, conocida como la “Gestapo” santiagueña, seguía cada uno de sus movimientos en informes de inteligencia que luego se elevaban al gobernador. Esto fue denunciado por Maccarone, en mayo, ante el fiscal federal, Alberto Pravia, que investiga esta persecución política plasmada en 40.000 expedientes de seguimientos ilegales. En la carpeta del obispo, a la que accedió este diario, pueden leerse decenas de recortes periodísticos con sus apariciones públicas y otros datos como su llegada a la provincia en avión o partes de sus discursos en las homilías. Un dato insólito que no pasa en ningún servicio de inteligencia del mundo: los propios agentes le advertían que lo estaban vigilando. “No sólo sentí que era vigilado por personal policial, sino que los mismos se identificaban como tal, expresándome que tenían instrucciones de la Superioridad de seguirme y controlarme en mis actividades pastorales”, escribió el ex obispo en su declaración ante la Fiscalía. Una vez, Maccarone increpó al entonces gobernador Carlos Juárez. -¿Para qué manda gente a seguirme?- le preguntó al caudillo. -No es para investigarlo, sino para cuidarlo, señor obispo. Pero las tareas de espionaje, si bien menos groseras, no terminaron con la intervención federal a la Provincia que desbarató la D2 y encarceló a su mentor, el ex jefe de Inteligencia Antonio Mussa Azar. Las denuncias por escuchas ilegales continuaron durante el gobierno del radical Gerardo Zamora. “El aparato de persecución está intacto”, dicen a coro los organismos de derechos humanos. Quienes denuncian la continuidad de este sistema de control alertan, por ejemplo, la inclusión en el gobierno del Frente Cívico de dirigentes juaristas en puestos claves vinculados con la seguridad, como el actual ministro de Gobierno, José Neder, que tiene a cargo la fuerza policial, y el propio jefe de Policía, Augusto Tejeda. Además, lo que era la cúpula del D2 hoy se recicló con los mismos funcionarios en la Dirección de Investigaciones Criminales. Y hay un dato todavía más preocupante: nadie sabe adónde fue a parar toda la tecnología que permitía estos seguimientos ilegales, es decir, elementos de escuchas a distancia, grabadores, decodificadores de llamadas de celular. La Justicia no secuestró ninguno de estos aparatos. “Rastreando a estos elementos posiblemente se pueda encontrar al autor intelectual del video contra Maccarone”, dicen en la Iglesia. Está claro que la explicación del remisero, que aseguró haber comprado un grabador de 20.000 pesos en Buenos Aires con la ayuda de su hermano, no es creíble ya que su familia sobrevive gracias a los planes sociales. En Santiago del Estero hay quienes sostienen que esta aparatología continúa en manos de la Policía, que la utiliza de manera anárquica, y aquellos que aseguran que el espionaje se privatizó. Y aquí vuelve a aparecer el nombre del clan Ick, Néstor y su hijo Gustavo. “La Justicia le entregó el D2 a los Ick”, informó una fuente muy vinculada con la familia. La línea que separa la leyenda de la realidad es todavía muy delgada en esta provincia. Lo cierto es que este grupo económico tuvo una activa participación en la difusión del video de Maccarone. El cura Lamberti confirmó que “un grupo económico había permitido ver el video en sectores políticos”. Y fue el mismo remisero quien reveló, en declaraciones periodísticas, que también lo habían enviado al Vaticano. Sucede que al primer lugar a donde acudió el Serrano para aportar su testimonio y la cinta con las intimidades del ex obispo fue a Canal 7, propiedad de Ick. La versión oficial, dada a conocer por el periodista Rogelio Yapur, quien le hizo una entrevista, fue que él recibió a Serrano, junto a otro hombre de la Justicia, Hugo Frola (también estrecho colaborador de Ick), y que luego al consultar al empresario, éste decidió no difundir el material porque “era una agravio para la sociedad santiagueña”. “El dijo que vino al canal porque tenía mucho miedo y quería seguridad. Se me ocurre que este chico puede decir la verdad y no saber la gravedad de lo que hizo”, aseguró Yapur a LA MAÑANA. Por estos días, Santiago del Estero es una usina de rumores. Todos acusan a todos. En el entorno de Ick, siembran sospechas sobre el juarismo y Mussa Azar. Desde el gobierno, la Iglesia y organismos de derechos humanos lo señalan al poderoso empresario. Lo curioso es que, la única que podría llegar a la verdad, la Justicia todavía no se decidió a intervenir de oficio.
MARIA FERNANDA VILLOSIO – fvillosio@lmcba.com.ar
Notas asociadas: Serrano, un chico de barrio
Notas asociadas: Serrano, un chico de barrio
En la Iglesia santiagueña sospechan que Néstor Ick está detrás del joven de 23 años que filmó el video íntimo
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios