Martín Rejtman, el director de cine que cuenta cuentos

El cineasta vuelve a la librerías con “Tres cuentos”

Milena Heinrich

Con “Tres cuentos”, el escritor y cineasta Martín Rejtman reaparece después de siete años en la escena literaria de la mano de tres textos largos repletos de alusiones fotográficas, propias de un hombre de cine, cuyas historias se bifurcan junto a sus eventuales protagonistas que poco expresan aunque mucho transitan. Sin estructuras metódicas y teorías académicas, Rejtman despliega tres relatos largos más parecidos a nouvelles: “No me gusta esa palabra, suena a ‘baguette’, prefiero cuento. Tampoco me importa demasiado en qué género entra lo que haces, no elijo una manera de escribir. Los géneros se fueron contaminando a lo largo del tiempo, la pureza es algo del pasado, después del nazismo está mal vista”, dispara el autor. En este libro editado por Mondadori el escritor construye cuentos que adquieren vida propia, en donde las historias parecen alterar como por casualidad sus destinos. Y de ahí la vinculación con la extensión: “Tiene que ver con que me costaba encontrarle un final, en general aparecen solos, no los planifico. En este caso los finales no aparecían”, apunta. Con la experiencia personal como materia prima (“lo que leo, lo que veo, lo que escucho”), Rejtman escribió los dos primeros textos, “Este-Oeste” y “Eliana Goldstein” en Estados Unidos hace aproximadamente dos años, mientras que el tercero “El diablo” lo creó en 2012 a partir de unas primeras páginas que había escrito hace más de diez años (“tengo mucho material empezado pero me falta el empujón”, asegura). A Rejtman se le olvidan los nombres de sus personajes, acaso porque ellos son la excusa para montar una escena poética desde la palabra, que simple y puntuada describe geografías y detalles insignificantes que se adueñan de un relato en el que todo sucede y avanza como por distracción. “Cuando escribís para cine –explica– tenés que ver la escena y describirla, creo que ese tono fotográfico tiene que ver con mis orígenes. Hablo muy poco de lo que piensan los personajes, describo lo que hacen, las situaciones por las que pasan pero no tanto lo que piensan”. El primer relato transcurre en diferentes geografías que van de este a oeste de Latinoamérica y en la misma dirección pero en Estados Unidos, con historias que se pierden y se vuelven a encontrar como si en el medio no pasara nada. El segundo tiene a la soledad, la ilusión y la culpa como trasfondo de una atmósfera opresiva y el tercero al andar despojado como pretexto del verdadero contexto. Así, los personajes van alterando su lugar protagónico y son reemplazados por otros –a veces parcialmente– como el caso de Lara y Esteban en el primer cuento: “Él apareció y yo no sabía que se iba a transformar en un personaje importante, era un simple conserje. Ella era la protagonista. Pero cuando estoy escribiendo si surge un personaje que me gusta decido seguirlo hasta que cobra vida y peso en la historia”. Este hombre, a quien en algún momento le parecía imposible escribir tantas páginas como las que tiene un libro, piensa que la espera de sus publicaciones tiene que ver con la falta de rutina, “no escribo todo el tiempo que debería y muchas veces necesito el estímulo de afuera para terminar textos”, aunque ve de positivo que el tiempo “madura las cosas y las hace destacar”. Rejtman combina cine y literatura, dirigió películas como “Rapado” y “Los guantes mágicos” y escribió los libros “Rapado”, “Velcro y yo”, “Literatura y otros cuentos”, todos con el cuento como género predilecto porque tan sólo “pensar en la novela me resulta muy sentimental, sé que no voy a terminar ahí”, sostiene. Próximo a estrenar en septiembre su nuevo film “Dos disparos”, el autor asegura que el material con el que trabaja en sus películas y sus libros “no son muy diferentes” y no duda que “quien me conoce sabe quién está detrás de todo eso”. ¿Escritor o cineasta? “Me gustan los dos lugares”, dice Rejtman y advierte “en ambas profesiones estoy al costado de la producción masiva y sin embargo no siento que no se me preste atención”. (Télam)

El autor asegura que los materiales con los que trabaja en sus películas y sus libros “no son muy diferentes”.


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