Más pérdidas de exportaciones en el sector agropecuario

Por Redacción

GUSTAVO CHOPITEA (*)

Impresionó hace pocos días una precisa y a la vez punzante nota de Constanza Rodríguez F. publicada en el diario “El Mercurio” de Santiago de Chile. Su título resumía con claridad el mensaje de su feo contenido: “Nueva Zelanda desplazó a Argentina como el principal proveedor de lácteos de Chile”. Allí se describía con cifras indiscutibles (Chile no las falsifica) otro golpe asestado desde la penumbra al agro argentino, que ha sido tan vapuleado y castigado por el gobierno nacional a lo largo de la última década. Otra obvia pérdida de divisas en el capítulo de las exportaciones del campo. Una más. Otro rubro en el que nuestros productores rurales deben sufrir las consecuencias de un “país al revés” que –a diferencia del resto del mundo– privilegia el consumo interno y no vacila en sacrificar fuentes importantes y tradicionales de divisas. Una tras otra. Para nuestro campo –y nuestro interior productivo– no hay, ciertamente, “década ganada”. En el primer cuatrimestre del año las importaciones chilenas de quesos y manteca procedentes de Nueva Zelanda aumentaron un 209,5%. Ferozmente. De ese modo Nueva Zelanda provee el 45% de todas las importaciones de queso y manteca del vecino país. Hasta ayer nomás su contribución era del 17,5% Las procedentes de Argentina cayeron un 47,8% y representan ahora el 16,9% de las importaciones totales de Chile en esos dos rubros, cuando hasta no hace mucho suponían un 40,2% del total. Según la directora de la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (Odepa) del país vecino, Claudia Carbonell, lo sucedido es consecuencia de los “levemente” mejores precios que se encuentran en la oferta de quesos y manteca de Nueva Zelanda y de las “restricciones a la emisión de permisos de exportación, con el fin de lograr una mayor disponibilidad interna que permita mantener bajos los precios al consumidor”. Kirchnerismo puro, queda visto. Un ciclo de gran asfixia gubernamental provocada por el gobierno nacional a nuestro agro sigue mostrando sus pérfidos perfiles. En muy distintos rubros hemos dejado de ser los proveedores confiables que alguna vez fuimos, perdiendo mercados ganados con años de esfuerzo y de coherencia y no sin costos y sacrificios. Dilapidando todo. Como si tuviéramos excedentes de divisas, lo que no es ciertamente lo que nos ocurre y como si no hubiera costos para nadie. Tampoco para los productores. (*) Analista del Grupo Agenda Internacional