Massa sigue en carrera
El exintendente de Tigre y actual diputado Sergio Massa se resiste a darse el “baño de humildad” que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner recomendó para aquellos aspirantes a mudarse a la Casa Rosada que carecían del apoyo popular necesario. Aunque, uno tras otro, los “barones” del conurbano bonaerense lo han abandonado para reincorporarse a las huestes del presunto heredero de Cristina, Daniel Scioli, por suponer que el gobernador está en condiciones de triunfar en las elecciones presidenciales venideras, Massa parece convencido de que le convendría continuar participando en la carrera por un rato más, ya que a los peronistas no les gustan los perdedores. Tal vez espere que en las próximas semanas la evolución de la economía deje de favorecer al oficialismo o que Cristina opte por impedir que Scioli sea el candidato del Frente para la Victoria, provocando así un gran revuelo en el seno del oficialismo, lo que podría permitirle volver a ser el líder del peronismo rebelde, pero es poco probable que ocurra algo así. La migración masiva de los intendentes del conurbano hacia el sciolismo se debe menos a los errores que Massa se atribuye o a las hipotéticas diferencias entre sus propuestas y las de Scioli que al realismo. Lo mismo que muchos mandatarios provinciales, los “barones” dependen de la buena voluntad del monarca de turno. Tienen que brindar la impresión de estar dispuestos a dejarse avasallar porque de lo contrario correrían el riesgo de verse privados de los fondos procedentes de “la Nación” –es decir, de “la caja”– que tanto necesitan. Puede que en esta oportunidad exageren y que, de instalarse Scioli en la presidencia, actuaría de manera menos discrecional que Cristina, pero es comprensible que, luego de doce años de kirchnerismo, hayan preferido no arriesgarse. Mal que nos pese, en política los intereses concretos suelen importar mucho más que la lealtad, razón por la que a menudo es difícil distinguir entre el pragmatismo y el oportunismo. De todos modos, lo que le ha ocurrido a Massa ha servido para confirmar que, a pesar de la presencia de algunos independientes, el Frente Renovador que se aglutinó en torno de él siempre ha sido una agrupación peronista más. Fue por tal motivo que el principal rival de Scioli, el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, decidió desoír los consejos de quienes le hablaban de lo bueno que sería que se combinaran las distintas fuerzas opositoras, resistiéndose a pactar con el tigrense. Mientras que los partidarios de una alianza abarcadora dan por descontado que el enemigo a derrotar es el kirchnerismo, Macri y su gurú ecuatoriano, Jaime Durán Barba, creen que el país está por pedir ser liberado del populismo peronista que tanto ha contribuido a llevarlo a su estado nada satisfactorio actual. Es una apuesta muy fuerte, pero no carece de sentido. Por lo demás, en el caso de que Macri lograra triunfar en las elecciones gracias a la ayuda de una facción peronista poderosa, no le sería fácil impulsar “el cambio” que quisiera protagonizar. Aunque Massa procuró minimizar el significado del aporte peronista al Frente Renovador, la mayoría de los políticos que lo integrarían eran peronistas que, por un motivo u otro, se oponían al agresivo estilo K y a su forma de manejar la economía nacional. Scioli y sus simpatizantes esperan que el sector del electorado que, según las encuestas de los días del “triple empate”, apoyaría a Massa privilegie sus sentimientos peronistas por encima de su aversión a la variante kirchnerista del movimiento, pero Macri parece convencido de que muchos, quizás la mayoría, decidirán que sería mejor votar a favor de una alternativa auténtica. Por ser tan desmedidamente importante la provincia de Buenos Aires en el sistema político nacional, el destino tanto de Macri como de Scioli, además de aquel del país, dependerá de la actitud asumida por los millones de bonaerenses que se habían sentido atraídos por la oferta de Massa pero que últimamente llegaron a la conclusión de que en esta oportunidad no le será dado ser “presidente de los argentinos”, como afirmó el miércoles al ratificar su voluntad de seguir con su candidatura, y que, es de suponer, en el cuarto oscuro optarán entre dos amigos que, si bien militan en agrupaciones políticas muy diferentes, tienen mucho en común.