Mejor Suecia

Por Redacción

Ha caído a mis manos –en realidad, un préstamo sin vencimiento de mi sobrina y bibliotecaria María Paz– “La quinta mujer”, del sueco Henning Mankell. Habituada como todo el mundo a la catarata cultural angloparlante, cuyos protagonistas verdaderos son persecuciones a alta velocidad, mucha sangre y autos chocados e incendiados, esta novela sueca es altamente refrescante. “La quinta mujer” es una novela policial. Mejor diré, es también una novela policial. La trama entrelaza las investigaciones del inspector Kurt Wallander en una pequeña ciudad de Suecia, con una implacable lectura social de una población donde el racismo, la milicia parapolicial y la propia vida, complicada por cierto, del inspector Wallander, se entrelazan magistralmente. Y sí, también es refrescante por el clima: el hombre y su equipo batallan, entre la nieve, el barro y la lluvia, con un crimen que es en su meollo, una venganza de género. El duelo es entre este equipo y alguien que cree hacer justicia con mujeres maltratadas. Ya estoy en campaña para leer las otras criaturas de Mankell, porque nuestro inspector es el protagonista de una serie de novelas que prometen ser tan trepidantes como la que le comento. Esta cultura está aportando al siglo que transitamos gente como Stieg Larsson, autor de la trilogía “Millenium”, que nuestra televisión ofrece de vez en cuando para delicia de cualquiera que esté saturado de latas abolladas y cuerpos desmembrados. Protagonizada por Mikael Blomkvist y Lisbeth Salander, es desde otro lugar –el periodismo– el retrato de un país donde el nazismo y sus ramas en fuerzas armadas y empresariales aparecen soberbiamente tratados. Hay un detalle original aquí: ambos protagonistas conservan sus nombres en la ficción. Difícil de olvidar a esta chica del dragón tatuado, una hacker que habla poco y fuma mucho. Hollywood tenía que intentarlo, e hizo lo que pudo con Daniel Craig y Rooney Mara. Daniel, el último 007 de la serie inglesa de espías, no puede –opinión personal– emular cercanamente a Mikael, ni a Lisbeth. Si tiene que elegir para matizar nuestro invierno, sugiero calurosamente la versión sueca original. Cuando estaba leyendo “La quinta mujer”, Suecia produjo una actuación en directo: mediando mayo pasado, las movilizaciones en barrios marginales de Estocolmo, que llegaron al centro de la ciudad capital del bienestar, ocuparon las primeras planas. Como en otros países europeos, la inmigración aparece como el componente molesto ante la cual la mayoría de la población reacciona con miedo y su correlato, la represión. Como pasa en Inglaterra, Francia o España, el colapso de una sociedad asimétrica en lo económico se corta por lo más delgado de la cadena. Si usted accede a la serie de novelas de Henning Mankell o de Stieg Larsson, se va a encontrar que estos lúcidos novelistas anticiparon la violencia que pulsa en estos países, los invocados por aclamados analistas como los “países serios”: nuestro ejemplo de modelos para seguir haciéndonos sentir como de segunda clase. Sin embargo, y a pesar de la soterrada corriente racista de la que no estamos exentos en Argentina, numerosas comunidades de otros países no sólo son aceptadas, sino que acceden a derechos civiles impensables en los “serios”. Alguna vez, nuestra Feria del Libro, de alcance internacional, debería contar con representantes de esta Europa del Norte. Y mejor si vienen de Suecia.

MARÍA EMILIA SALTO bebasalto@hotmail.com

en clave de y


Exit mobile version