Michel Houellebecq: El libro de todos los miedos
EL atentado coincidó con la salida del libro del autor que planeta un 2022 en el que Francia es gobernada por musulmanes.
ATENTADO
Francia, año 2022. La bandera de la media Luna ondea sobre la Sorbona, las estudiantes llevan velo y en los supermercados ha desaparecido el apartado de alimentos kosher. Este provocador panorama es el que plantea Michel Houellebecq en su última novela, “Soumission” (“Sumisión”), que el miércoles pasado ocupaba la portada de la revista satírica “Charlie Hebdo”.
Sin embargo, tras el sangriento atentado que dejó 17 muertos y ha sumido al país en duelo nacional, el primer ministro, Manuel Valls, se apresuró a alertar a sus compatriotas del riesgo de caer en la intolerancia, el odio y el miedo: “Francia no es Michel Houellebecq”.
Mientras, Houellebecq tuvo que suspender la presentación del libro, abandonar París, y quedar bajo custodia.
En la última página de su último ejemplar, Charlie Hebdo destacaba entre otras viñetas protagonizadas por el escritor una en la que aparecía su caricatura con el texto “¡Escándalo! ¡Alá ha creado a Houellebecq a su propia imagen!. Allí se lo ve ilustrado con un sombrero de punta, enorme nariz, y cigarrillo en la mano, como un mago que predice el futuro: “En 2015 pierdo los dientes”, se lee en el dibujo.
El enfant terrible de las letras
En 2001, poco antes de los ataques a las Torres Gemelas, Houellebecq publicó “Plataforma”, un libro en el que los protagonistas abren un local de turismo sexual en Tailandia antes de ser asesinados en una masacre por hombres de turbante. Provocador eterno, en plena promoción de aquel libro, describió el islam como “la religión más estúpida”.
Ahora, Houellebecq vuelve sobre un tema caro para los franceses y los europeos. “Sumisión” se desarrolla al final de un segundo mandato de François Hollande, con la inminente cita con las urnas para elegir presidente. El ultraderechista Frente Nacional de Marine Le Pen lleva las de ganar y, para evitarlo, socialistas y conservadores forman un frente republicano en apoyo del candidato moderado musulmán Mohammed Ben Abbes.
El autor asegura que “Sumisión” no es una provocación. A su juicio, la novela sólo “acelera la historia”. “Condenso una evolución que, en mi opinión, es realista”, señala en una entrevista con “The Paris Review”. Y por si había dudas sobre su posición, añade tajante que la islamofobia “no es un tipo de racismo”.
El planteamiento de “Sumisión” promete polémica, y no sólo desde el lado de los musulmanes más sensibles. El autor desarrolla una especie de “ficción política” con personajes reales en la que se ceba especialmente con el centrista François Bayrou, primer ministro del nuevo presidente ficticio Abbes, al que tacha de “animal político sin personalidad” e “idiota”.
Houellebecq está acostumbrado a generar revuelo. “Hemos extendido el reino del racismo inventándonos el delito de islamofobia”, dice. Houellebecq juega con el miedo, pero afirma que no sabe a quién hay que temer más, si a los musulmanes o a los llamados identitarios. Este movimiento, formado por varias agrupaciones independientes, considera que la cultura europea está amenazada por la islamización. Los identitarios nacieron en Francia, pero actualmente hay agrupaciones en otros países europeos, como Alemania.
Como eje de “Sumisión” está la pregunta de la decadencia de Occidente y la relación entre sus tres grandes religiones: judaísmo, islam y cristianismo. El protagonista de la novela, un filólogo llamado François, escribe su tesis sobre el francés Joris-Karl Huysmans, que celebró esta decadencia antes de convertirse al catolicismo. François se convierte al islam, pero no por motivos religiosos: en la Sorbona islamizada le espera no sólo un sueldo más alto, sino que además tendrá tres mujeres en nombre de la poligamia.
Con su estilo que se mueve entre la seriedad y el cinismo, Houellebecq ha vuelto a adentrarse en terreno peligroso, aunque esta vez su tono sea algo menos provocador. En la entrevista con “The Paris Review”, la única que ha concedido hasta la fecha, alude más bien de forma positiva a los Hermanos Musulmanes y señala que ha leído el Corán y es mejor de lo que pensaba. Los malos musulmanes son los yihadistas, añade, pero subraya que él no es un intelectual y no toma partido por nadie.
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