Mito y realidad sobre la «plaga verde»

La creencia popular sobre la acción depredadora de los loros llevó a muchos chacareros de la zona del Idevi a tomar las escopetas y espantarlos. Durante la dictadura militar grupos de refugiados de países asiáticos que se asilaron por un tiempo en la colonia agrícola del Instituto de Desarrollo del Valle Inferior (Idevi) avanzaron tomando al ave como un recurso gastronómico más. Para Juan Masello, «en el concepto del loro como plaga hay mucho de mitología, mucho de imprecisión y poco de real conocimiento».

El profesional destacó que en este momento está en marcha una encuesta a productores, para tener la mayor cantidad de información posible, sistematizarla, evaluarla y entenderla para poder recomendar medidas de control.

También se está trabajando en un proyecto para poder determinar exactamente qué es lo que comen los loros. «Con las primeras impresiones surgidas tras recorrer los campos surge que hay problemas puntuales de daño, pero a escala regional no hay una amenaza a la producción. Si estamos hablando de casos puntuales deberían tratarse en caso particular y hacerles algún tipo de recomendación. Hay montones que alternativas de cultivar que evitan el daño de los loros sin matarlos», advirtió el experto.

En tanto, la organización Uñopatún viene trabajando en la campaña de concientización para la revalorización de toda la fauna avícola silvestre con el fin de detener la actual captura de pichones de loros que a su criterio se vienen registrando pacientemente, según explicó su presidente, Elvio Mendioroz.

Sin embargo, Mauricio Failla, director de Fauna de la provincia reveló que no pudieron certificar mediante denuncias policiales captura de especies -principalmente loros- para su comercialización. Recordó que por normativa su caza está prohibida en caso de encontrarse con algún hecho de esa naturaleza, a lo que hay que sumarle un acta de infracción con multa y decomiso. Pero el problema no pareciera estar sólo en la persecución con fines comerciales. Uñopatun denunció también que hay que procurar y ordenar el actual sistema de desmonte indiscriminado efectuado en los campos de la región, y que son utilizados por muchas especies para hacer nidos. Se estimó que la tala de piquillines, sobre todo, alcanza a las 14.000 hectáreas anuales, y en consecuencia, en 25 años ya no existirá el monte natural.

Nota asociada: Río Negro tiene la colonia de loros más grande del mundo, pero pocos la protegen  

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