Detrás de escena: Identidad y familia dos casas distintas
A menudo uno no sabe sobre lo que escribe. Es lo que me pasó a mí. No sé sobre lo que escribí, pero algunos hilos tejen identidad y familia. Dos temas, sobre los que menos sabía. O eso pensaba.
Igual no me importa el saber. El saber no ocupa lugar, decía mi madre, que no sé qué diría sobre mi novela.
Una parte de algo que escribió ella está incluida en mi novela, la parte que describe un living acogedor para charlar con amigas y dominar todo el parque. Los vitraux. Escribió eso en la clínica durante sus últimos días de vida, que nunca (¡jamás!) percibimos como los últimos.
Me di cuenta escribiendo que tengo una familia, entre otras cosas, me di cuenta de eso. Es una gran revelación. Es lindo tener una familia. Yo siempre soñé desde el principio de mi análisis con buscar zapatos, entre montañas de zapatos, enfrentándome siempre a la imparidad.
Pero es lindo tener una familia, pienso, y también pienso que es gracias a una familia que podemos escribir nuestra vida, nuestro libro, nuestro lo que sea que deseemos.
Me alegra vivir en una época donde la familia no es tradicional, o si lo es en una pequeña medida. Quiero decir que quizás esta disfuncionalidad actual familiar de época seguramente esté formando tradición, pero otra.
No ya la tradición de patriarcal silencio, es una un poco más movida, no me importa si más problemática.
Escribimos desde nuestra familia entonces, y qué es un país sino un conjunto de familias, de seres conectados en red, qué importa si por la sangre, o por la nueva tradición.
Yo prefiero de todas las tradiciones la que no es de obedecer, nunca pude atenerme obedientemente a la consigna. Matemáticas siempre fue un problema para mí, después lo tuve que enfrentar porque psicología tiene matemáticas, y hasta me gustó y quizás me dejó algo sobre los límites.
No importa, de ser contadora, siempre elegiré la que cuenta cosas, y entrelaza palabras.
Mi madre amaba las palabras. Por eso me planto acá, dejando que el Edipo funcione como quiera.
En las palabras, en su imprecisión, encuentro la humanidad que decimos perder frente a los hechos. Agarré las palabras y me hice una Casa con pileta, mi identidad es construirme identidades, porque duran poco, soy una trabajadora de la construcción.
Ahora estoy tranquila construyendo otras cosas. Nada me perturba, es como si recibiera una llamada y yo siguiera con mi tarea principal.
Puedo hablar, sí. No es necesario que cuente qué estoy haciendo ahora. Pero estoy en otro planeta. A un millón de años luz. Conviviendo con alguna familia, familia de palabras.
A menudo uno no sabe sobre lo que escribe. Es lo que me pasó a mí. No sé sobre lo que escribí, pero algunos hilos tejen identidad y familia. Dos temas, sobre los que menos sabía. O eso pensaba.
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