Muerte en Jujuy

Por Redacción

No sólo el senador Gerardo Morales sino también muchos otros sospechan que el joven radical jujeño Ariel Velázquez, quien murió el miércoles luego de haber sido baleado en vísperas de las PASO, fue víctima de la violencia política. Tienen buenos motivos para echar dudas sobre la versión oficial, por llamarla así, según la cual el asesino quería “sustraerle sus pertenencias”. Nadie ignora que en Jujuy, lo mismo que en otras provincias de tradiciones feudales del norte del país, es peligroso oponerse al oficialismo local que, para más señas, cuenta con el respaldo de la agrupación Tupac Amaru, una especie de milicia piquetera encabezada por Milagro Sala que se ha hecho notoria en los últimos años merced a su voluntad indisimulada de agredir a cualquiera que se pone en su camino. Para Sala, una candidata kirchnerista al Parlasur, la alianza con el gobierno nacional ha sido muy provechosa; le ha reportado sumas multimillonarias para planes de vivienda y otras actividades “sociales”, lo que le ha permitido construir lo que sus adversarios no vacilan en calificar de un Estado dentro del propio Estado, en el que la palabra de la jefa es ley. Lo mismo que otras bandas de piqueteros, pero con mayor agresividad, Tupac Amaru se ha acostumbrado a intimidar a quienes se animan a criticarla, además de aquellos funcionarios, policías y jueces que podrían ocasionarle problemas, organizando manifestaciones públicas amenazadoras y escraches. Puesto que, poco antes de celebrarse las PASO, Velázquez, que repartía boletas, se había enfrentado con militantes de Tupac Amaru y, para más señas, no fue privado de ninguna pertenencia, es lógico atribuir su muerte al tenso clima preelectoral que se da en Jujuy donde, conforme a las encuestas, el dirigente radical Morales podría reemplazar al kirchnerista Eduardo Fellner como gobernador. Como tantas otras organizaciones de “luchadores sociales” vinculadas con el kirchnerismo, los líderes de Tupac Amaru emplean un estilo retórico “revolucionario” que sirve para legitimar la violencia. Aunque hasta ahora los miembros de la agrupación se han limitado a actos intimidatorios como apedrear y golpear a quienes entran en barrios que consideran suyos, se las han arreglado para brindar la impresión de estar dispuestos a ir a virtualmente cualquier extremo para defender sus muchas “conquistas”. No extraña, pues, que al acercarse elecciones en las que el oficialismo se ve ante el riesgo de ser derrotado por la oposición liderada por Morales, Milagro Sala y quienes la acompañan hayan adoptado actitudes más combativas. Están en juego muchos millones de pesos, además de los privilegios que en nuestro país suelen depender del poder político. De perder el kirchnerismo en Jujuy o, lo que sería peor aún desde el punto de vista de Sala, en las elecciones presidenciales, Tupac Amaru vería reducirse de golpe los cuantiosos recursos financieros a los que se ha habituado. Es por lo tanto natural que sus militantes se hayan puesto a hostigar a sus adversarios –ellos dirían, enemigos– con saña creciente. Por fortuna, en la Argentina la violencia política sigue siendo casi exclusivamente verbal, razón por la que la muerte del joven radical ha tenido repercusiones muy fuertes tanto en Jujuy como en el resto del país. A pesar del lenguaje a menudo brutal utilizado por dirigentes resueltos a hacer pensar que las divisiones o “grietas” que se dan en el país son tan profundas y anchas que sería imposible superarlas en el marco de la democracia liberal o “burguesa”, parecería que pocos toman sus propias palabras al pie de la letra. ¿Está por llegar a su fin la tregua tácita así supuesta? Puede que no, que la ciudadanía, vacunada contra la violencia política por el terrorismo tanto “revolucionario” como estatal de los años sesenta y setenta del siglo pasado, continuará resistiéndose a repetir los errores de antes, pero así y todo es necesario que los comprometidos con los valores democráticos se mantengan en alerta. Al contribuir a justificar la violencia política, la verbal, basada siempre en ideologías autoritarias, despeja el camino para personajes truculentos que, lejos de querer convivir pacíficamente con quienes no comparten ni sus principios ni sus intereses, entienden que sólo en un país paralizado por el miedo podrían alcanzar sus objetivos.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Sábado 22 de agosto de 2015


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