“No lo podré olvidar mientras viva”

Todo comenzó aquel día en que mis hijas me dijeron que me harían la fiesta de cumpleaños. Pero primero que no conseguían salón… después que lo festejamos más adelante… Entonces yo les dije: “No quiero nada, compro un lechón, lo cocino en la parrilla y listo”. Y todo quedó en suspenso… Faltando una semana, me llamó mi sobrino que vive en Neuquén y me invitó a su cumpleaños, que es el 7 de septiembre –el mío es el 8 de septiembre–, diciéndome que lo festejaríamos juntos… Y así llegó el 8 y mi señora se fue a la peluquería, a prepararse para la farra. Yo me quedé solo mirando el partido en la tele y a las 17 me dio hambre. Me puse a buscar a ver si encontraba torta, como era mi cumple, algo habían hecho para convidar por si venían a saludarme, pero no encontré ni siquiera una criollita. ¡Me dio una bronca…! Cuando regresó mi señora me enojé un poco, reclamándole que no había nada para picar… Ella muy tranquila me contestó: “No te hagas problemas, esta noche vas a comer toda la torta que quieras”… Mi señora, María Hester, mis hijas Susana Hemilce, Laura Liliana y Silvia Anahí me engañaron de lo lindo. Junto con mi sobrino Leonardo Braida me tendieron una cama, como se dice, y ellos junto con uno de mis yernos se encargaron de avisar e invitar a mis familiares y algunos amigos. De ellos surgió la idea de, en vez de hacerme regalos, juntar dinero para poder hacer un viaje a las termas de Río Hondo. ¡Qué lindo! ¡Me puse tan contento! Bueno, la cosa siguió así. Cuando llegamos al Salón Náutico me llamó la atención la cantidad de vehículos que había. Yo pensé: ¿qué pasa acá? ¡Tanta gente!… Además mi hija, que se bajó apurada y golpeó la puerta como anunciando: “¡Ya llegó!”. Cuando se abrió la puerta, ¡qué emoción… qué sorpresa…! Mi acordeón tocando ¡feliz cumple!, ¡feliz 80 años! Y allí mis hermanos, mi familia, mis amigos… algo que no podré olvidar mientras Dios me dé vida… Por eso quiero expresar con estas palabras un agradecimiento muy grande a mi familia y a todos los que colaboraron para que con este engaño se hiciera realidad el cumple de mis flamantes 80. A los cocineros, a los músicos, al Club Náutico, en fin, a todos muchas gracias por esta tan hermosa fiesta, que llenó tanto de alegría a mi corazón y me hizo derramar también una lágrima de emoción. Bruno Mario Braida LE 7.298.480 Regina

Bruno Mario Braida LE 7.298.480 Regina


Todo comenzó aquel día en que mis hijas me dijeron que me harían la fiesta de cumpleaños. Pero primero que no conseguían salón... después que lo festejamos más adelante... Entonces yo les dije: “No quiero nada, compro un lechón, lo cocino en la parrilla y listo”. Y todo quedó en suspenso... Faltando una semana, me llamó mi sobrino que vive en Neuquén y me invitó a su cumpleaños, que es el 7 de septiembre –el mío es el 8 de septiembre–, diciéndome que lo festejaríamos juntos... Y así llegó el 8 y mi señora se fue a la peluquería, a prepararse para la farra. Yo me quedé solo mirando el partido en la tele y a las 17 me dio hambre. Me puse a buscar a ver si encontraba torta, como era mi cumple, algo habían hecho para convidar por si venían a saludarme, pero no encontré ni siquiera una criollita. ¡Me dio una bronca...! Cuando regresó mi señora me enojé un poco, reclamándole que no había nada para picar... Ella muy tranquila me contestó: “No te hagas problemas, esta noche vas a comer toda la torta que quieras”... Mi señora, María Hester, mis hijas Susana Hemilce, Laura Liliana y Silvia Anahí me engañaron de lo lindo. Junto con mi sobrino Leonardo Braida me tendieron una cama, como se dice, y ellos junto con uno de mis yernos se encargaron de avisar e invitar a mis familiares y algunos amigos. De ellos surgió la idea de, en vez de hacerme regalos, juntar dinero para poder hacer un viaje a las termas de Río Hondo. ¡Qué lindo! ¡Me puse tan contento! Bueno, la cosa siguió así. Cuando llegamos al Salón Náutico me llamó la atención la cantidad de vehículos que había. Yo pensé: ¿qué pasa acá? ¡Tanta gente!... Además mi hija, que se bajó apurada y golpeó la puerta como anunciando: “¡Ya llegó!”. Cuando se abrió la puerta, ¡qué emoción... qué sorpresa...! Mi acordeón tocando ¡feliz cumple!, ¡feliz 80 años! Y allí mis hermanos, mi familia, mis amigos... algo que no podré olvidar mientras Dios me dé vida... Por eso quiero expresar con estas palabras un agradecimiento muy grande a mi familia y a todos los que colaboraron para que con este engaño se hiciera realidad el cumple de mis flamantes 80. A los cocineros, a los músicos, al Club Náutico, en fin, a todos muchas gracias por esta tan hermosa fiesta, que llenó tanto de alegría a mi corazón y me hizo derramar también una lágrima de emoción. Bruno Mario Braida LE 7.298.480 Regina

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