Nos abrazaremos todos con todos
Estoy engripado. Tengo los ojos congestionados y camino arrastrando un cuerpo más cansado que otros días. Todo eso disimula la estúpida vergüenza que tenemos los hombres cuando nos desbordan las emociones. Murió Bocha. Era inminente… lo sabíamos, pero igual la noticia es un mazazo. Bocha. Ahora tomamos conciencia de este sobrenombre futbolero para aquella señora de una presencia tan delicada. Creía en Dios como algo inevitable en ella. “Los designios de Dios son inescrutables”, afirmaba ante la falta de una conclusión racional sobre algún tema, para después sonreírse de su propio candor. Hoy iremos al velatorio de Bocha y encontraremos muchas caras conocidas. Caras con que compartimos historias y bromas cruzadas por un mate amargo o un café dulce servido por el “Negro”. Hoy iremos al velatorio de Bocha y encontraremos muchas caras conocidas. Abrazaremos a sus familiares, pero será inevitable a cada paso sentir la necesidad de abrazar, consolar y sentirnos abrazados por nuestros amigos en esta ingrata ausencia, porque Bocha ya era un poco de todos.
Horacio Licera hlicera@gmail.com