Nuestro Poder Legislativo
Por Eduardo Correa
La Cámara de Diputados de la provincia del Neuquén pasa por un difícil trance.
Desde el punto de vista del funcionamiento de las instituciones democráticas y republicanas, el Poder Legislativo provincial como tal, con todos sus atributos, corre serios riesgos de supervivencia.
Semejante afirmación surge desde una visión republicana de una democracia representativa, fundada en la separación (independencia) de poderes, y en un sistema de pesos y contrapesos entre los diversos órganos del Estado.
Un poco de historia
Llegamos a esta composición legislativa, en cantidad de diputados y forma de distribución, luego de la enmienda constitucional de 1994, impulsada por el entonces gobernador Sobisch sobre la base de una demanda generalizada de distintos partidos políticos y sectores sociales, que consideraban que el viejo sistema de mayoría y minoría (15 y 10) había llegado a su fin. Los defensores del viejo esquema lo hacían desde las virtudes de la «gobernabilidad». Desde ese momento, el sistema de distribución fue proporcional (sistema D»hont) a la cantidad de votos que obtiene cada partido político. De esta manera se produjo un importante proceso democratizador, no sólo en la Legislatura provincial, sino que su influjo se desplegó por todo el cuerpo social e institucional de la provincia. Quedaban atrás las tristes historias de una Legislatura que, débil como contrapeso del Poder Ejecutivo, era permeable a los designios y las tentaciones hegemónicas del gobernante. El sistema del 15 a 10 funcionaba como un cerrojo para cualquier iniciativa que no tuviera la «anuencia» del Ejecutivo.
Un párrafo aparte
De los tres poderes del Estado, el Ejecutivo y el Legislativo son expresión del mandato popular directo. El primero representa, exclusivamente, a la fuerza política que obtuvo la mayor cantidad de votos respecto de los demás partidos. En cuanto al Legislativo, se integra con representantes de la totalidad de la voluntad popular. Allí está sintetizada la suma del 100% -o casi- de los electores provinciales.
En otro orden, no desconocemos el grave proceso de deslegitimación por el que está pasando, en general, la política y los políticos en nuestro país. En particular, son los cuerpos legislativos los que más sienten el cimbronazo del desprestigio de la política. En esto, seguramente los legisladores tenemos nuestra parte de responsabilidad. Pero tampoco es casualidad que los mayores embates se apunten a estos cuerpos, que son los destinados a legislar, a controlar y a producir los contrapesos frente a los excesos del Poder Ejecutivo. Allí se encuentra el escenario, por naturaleza democrática, donde es factible construir los consensos necesarios que permitan los lineamientos de las tan reclamadas «políticas de Estado».
La actual situación
Las elecciones de 1999 arrojaron los siguientes resultados: el MPN 44%, la Alianza 37% y el PJ el 16%.
Así, la actual Legislatura provincial se encuentra integrada por 16 diputados del MPN, 13 de la Alianza y 6 del PJ. Ningún bloque, solo, tiene mayoría absoluta.
Creo que acá es donde reside el problema de fondo en cuanto al funcionamiento de la Legislatura provincial. Por primera vez en la historia político-institucional de Neuquén, el partido provincial -por sí mismo- no cuenta con el número de diputados necesarios para llevar adelante su voluntad política.
Esta cuestión, para un partido hegemónico, acostumbrado a gobernar con la suma del poder, es obviamente un problema de difícil resolución, sobre todo cuando el estilo del gobernante es el del «hacedor», el que «todo lo resuelve» y es donde se concentra la acción política. Nadie más puede producir hechos políticos (aquellos que promuevan el bien común o aborden la cosa pública), menos aún cuando éstos surgen de un espacio donde no cuenta con su propia mayoría.
No importan los medios… diría Maquiavelo, el fin es que la suma de la actividad política institucional de la provincia se desplace totalmente de la Legislatura hacia el Poder Ejecutivo.
Corresponde aquí expresar que no es correcto plantear la contradicción entre eficiencia en la gestión y democracia. Creemos que los problemas que nos aquejan se potencian no precisamente por la plena vigencia de la democracia, sino porque carecemos de ella en toda su extensión. A los problemas de la democracia debemos resolverlos con más democracia. Nuestra responsabilidad es fortalecerla, profundizarla, dotando a nuestro sistema de los mecanismos necesarios para enfrentar los complejos problemas y crisis prácticamente sistemáticas que asuelan a nuestro país y a la provincia.
Seguramente, los legisladores de la oposición tenemos nuestras culpas. Pero lo central de esta situación de «improductividad» de la Legislatura es la actitud del oficialismo y en especial del gobernador.
Por su concepción de gobierno, todo ámbito que necesite del diálogo o la discusión como forma de lograr acuerdos o construir consensos, atenta contra la «gobernabilidad».
Hay que ser muy claro, al sobischismo sólo le interesa un Poder Legislativo incondicionalmente dócil.
Así surge el primer decreto de Necesidad y Urgencia, cuando en la Legislatura no se le daba autorización para aplicar la Emergencia provincial y con ello el despido de más de 3.500 trabajadores del Estado; también aparece en este marco el veto de las leyes de Areas Naturales Protegidas y de Medio Ambiente (estas últimas con el voto unánime de los diputados). Con la misma unanimidad se aprobó la ley de Presupuesto 2000, la que también mereció el veto parcial del gobernador en el artículo que limitaba la cantidad de funcionarios de la planta política del Ejecutivo. El acuerdo con YPF-Repsol no tuvo tratamiento parlamentario, así como tampoco lo tuvieron las últimas concesiones de las áreas marginales hidrocarburíferas. La misma suerte corrió la resolución del tema del Instituto de Seguridad Social de Neuquén, que mientras desde el gobierno se comprometían a enviar los estudios actuariales a la Cámara de Diputados, el gobernador, por su lado, emitía el decreto de asignación de aportes y contribuciones. Cuando desde la Alianza se impulsó una enmienda constitucional para ampliar el período ordinario de funcionamiento de la Legislatura provincial, apareció desde el oficialismo el proyecto «tapón» de la reforma de toda la Constitución provincial.
Paralelamente, nos encontramos ante la presencia de distintas trabas de funcionamiento interno de la Legislatura, ya sea por cuestiones reglamentarias (cantidad de votos en las comisiones para producir despachos que luego sean pasibles de tratamiento de los proyectos en el recinto, o interpretaciones «forzadas» del tratamiento de las mociones de preferencia de algún asunto), como la cantidad importante de reuniones de comisiones que no se realizan porque el oficialismo no da quórum.
Por acción o por falta de ella, existe un bloqueo sistemático y una desjerarquización de la Cámara de Diputados provincial, que es grave y peligrosa.
El problema es complejo y mucho más que una cuestión reglamentaria.
Si bien es cierto que desde la oposición no hemos podido resolver semejante situación, y con ello va nuestra responsabilidad en el asunto, no es menos cierto que desde este lugar al que nos colocó el pueblo hemos actuado, en la medida de nuestras convicciones, dentro del mandato recibido, pretendiendo construir un modelo con mayores componentes democráticos y en la búsqueda de los consensos necesarios que permitan delinear un nuevo horizonte para nuestra provincia.
Nos encontramos ante un grave panorama institucional y republicano que excede a los circunstanciales actores institucionales. Se trata de un problema de Estado.
El futuro democrático de nuestra Provincia requiere de un Poder Legislativo independiente.
En esto, los neuquinos tenemos la palabra.
(*) Diputado provincial
Alianza – P.S.P. Frepaso
Neuquén
La Cámara de Diputados de la provincia del Neuquén pasa por un difícil trance.
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