Oasis de frutas finas en El Hoyo

Mezcla de familias de inmigrantes europeos llegados en los años 20 y generaciones nuevas de antiguos pobladores, El Hoyo es un pueblo dedicado a la producción, que encuentra en el turismo su modo de mostrarse al mundo y celebra desde hoy su tradicional Fiesta Nacional de la Fruta Fina

VALLE PRODUCTIVO

Desde los verdes de las montañas hasta el rojo de sus frutos, pasando por el azul de sus aguas y el amarillo de los pastos que se enfardan para el ganado local, El Hoyo es un collage de colores que representan a la producción local de un pueblo que ha crecido de la mano del campo y de la gente que lo ha hecho grande.

Cientos de vecinos siguen apostando a una actividad que se muestra cada vez más costosa y a contramano, en medio del boom inmobiliario y la explosión del turismo como alternativa rentable de ingresos.

Con el precio de la tierra en alza, apostar a la producción parece ser algo inimaginable; sin embargo aquello que se ha heredado de generaciones pasadas es lo que marca el presente de esta tierra.

El poder y las cualidades de los suelos y el clima y la bendición del ser el valle de la fruta fina, hacen que la producción siga en pie, siendo el principal estandarte de este pueblo ubicado en el límite noroeste de la provincia de Chubut.

Desde hace 29 años que esta localidad cordillerana realiza un “Homenaje a los frutos y a la tierra”, tal cual lo ha definido desde hace algunos años la municipalidad local.

Este año no será la excepción. Sin embargo los tres días que dura la fiesta son solo un complemento para aquello que ofrece a diario esta región.

Las visitas a las chacras productivas son una de las opciones con las que se podrán encontrar quienes llegan a la zona.

Allí se puede observar desde la cosecha de frutas finas como frambuesas, casis, boysenberries y moras desde el suelo, o bien subir a una escalera o un árbol para disfrutar de cerezas o guindas.

Los lugareños aseguran que si bien puede ser un poco peligroso para quien lo hace por primera vez, nada se compara con la experiencia de trepar a un cerezo y sentir el viento mover la copa del árbol mientras se disfrutan los frutos de la naturaleza.

Las frutillas son otro de los puntos débiles del paladar, que en El Hoyo, tienen un sabor especial. Hace algunos años la producción de esta variedad de berries se había abandonado, a raíz de la gran producción que ofrecían otros puntos del país a un costo muy bajo.

Sin embargo en los últimos años la apuesta se redobló, y hoy existen chacras que cuentan con más de 25.000 plantas y con proyección de crecimiento. Las frutas se venden en el mercado local y llegan hasta San Carlos de Bariloche, Villa la Angostura y San Martín de los Andes.

Sin embargo el correr del tiempo ha generado que la producción se modernice, y además de adoptar mejores condiciones de riegos y preparación de la tierra, las actividades que le ponen un valor agregado a la fruta también crecieron.

Las fábricas de pulpa de fruta son un reflejo de ello. Al menos tres establecimientos se dedican al rubro. Allí se procesan los frutos, se retira la semilla y la piel de aquellos que son más duros, y se elaboran pulpas para dulces, jugos, helados y otros usos gastronómicos.

Sobre la Ruta Nacional 40 se espera la pronta inauguración oficial de una las fabricas de pulpas más importantes de la región, que ya ha captado parte del mercado local para hacer producción propia, llegando en las primeras pruebas a elaborar cerca de 300 kilogramos de pulpa por día.

Desde allí se han logrado procesar sauco, frambuesa, frutilla, guinda, grosella y la perla del otoño, la rosa mosqueta. La empresa pertenece a tres familias, Luquet, Gregori y Helrriegel, y afirman que cuando se abran las puertas al público habrá un cambio en el mercado de la producción dulcera.

También sostienen que habrá una línea de productos fraccionados, que llegará directamente a los vecinos, posibilitando la producción casera de dulces y jugos con fruta seleccionada y debidamente procesada.

Para perderse y disfrutar

Los propietarios de Laberinto Patagonia debieron esperar más de quince años para ver su proyecto hacerse realidad.

El laberinto más grande de Sudamérica está en la Comarca Andina del Paralelo 42, en El Hoyo, a sólo 3.7 km de la ruta Nacional 40.

Según afirman sus fundadores, “llegar a Laberinto Patagonia, es llegar a un oasis en la cordillera, la impactante vista panorámica que le ofrece al visitante es un privilegio único”.

Para los creadores del lugar, recorrer sus intrincados pasillos nos “conecta con nuestra memoria ancestral y recreamos el alma, al superar el desafío que implica salir del laberinto, estamos preparados para reconfortar el cuerpo y nada mejor que disfrutar de las exquisiteces que ofrece la confitería del Laberinto. El paseo es apto y seguro para todas las edades y condiciones, es de muy fácil acceso”.

“Contar la parte de la concepción de la idea es como recordar un sueño muy profundo donde uno narra sensaciones, emociones, donde la génesis de la idea está oculta como ciertos sueños que podemos tener al dormir; y al despertar, cuando más queremos mensurarlo y retenerlo con el intelecto, más se nos desvanece, hasta desaparecer y sólo nos deja sensaciones, datos aislados , aparentemente incoherentes, que desafían a un orden cronológico.

El proceso creativo del diseño del laberinto me llevó casi un año, noches de vigilia y madrugadas interminables. En él confluyen conocimientos de kabbalah, geometría sagrada, mitología, filosofía y magia” sostiene Claudio Levi, creador de este espacio natural único.


VALLE PRODUCTIVO

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