Obama frente al EI

Por Redacción

Antes de ser elegido presidente de Estados Unidos y, a juicio de sus compatriotas, “el hombre más poderoso del mundo”, Barack Obama parecía creer que casi todos los problemas del Oriente Medio y otras regiones conflictivas se debieron a la agresividad de George W. Bush. Una vez en la Casa Blanca matizó su postura, pero no le fue dado impedir que se difundiera la impresión de que la superpotencia, agobiada por sus propios problemas económicos y cansada de sentirse responsable por lo que sucedía en el resto del planeta, había optado por el aislamiento. Como fue de prever, centenares de personajes ambiciosos se apuraron a aprovechar lo que para ellos sería una oportunidad acaso irrepetible, con el resultado de que, desde Túnez y Nigeria hasta Filipinas, los integristas islámicos emprendieron una ofensiva brutal que ya ha costado decenas de miles de vidas. Los esfuerzos de Obama por convencer a los islamistas de que Estados Unidos respeta sus creencias y por lo tanto no es su enemigo han resultado ser contraproducentes. Lejos de apaciguarlos, les han brindado más motivos para redoblar los ataques. La popularidad del llamado Estado Islámico, o ISIS, por las siglas en inglés de una versión anterior, entre los sunnitas se debe en buena medida a la sensación de que los occidentales, encabezados por los norteamericanos, serán incapaces de derrotarlo. ¿Está por asumir Obama una actitud más firme frente a los islamistas sanguinarios del EI, Boko Haram, Al-Shabab, los talibanes y otras agrupaciones que todos los días están asesinando a quienes no comparten sus ideas severas? A juzgar por la trayectoria de las personas mencionadas para suceder a Chuck Hagel como secretario de Defensa, no es su intención arriesgarse, pero no puede sino entender que la confusión vacilante que ha caracterizado su reacción ante el surgimiento del islamismo violento ha contribuido a agravar la amenaza que supone tanto a Estados Unidos como a Europa, para no hablar de los habitantes de los países más convulsionados. No es que Hagel, un republicano, fuera un “halcón”. Por el contrario, advirtió que sería peligroso intervenir en la guerra civil de Siria, ayudó a impulsar la retirada precipitada de otras zonas de conflicto y a menudo pareció desbordado por las dificultades, pero según se informa se sintió molesto por el escaso interés de su jefe en asuntos estratégicos y no logró ocultar la frustración que sentía, razón por la que perdió su lugar en un gobierno norteamericano. Cuando de la política internacional se trata, las consecuencias importan más que las intenciones, buenas o malas, de los líderes. Puesto que en los años últimos el Oriente Medio ha sido escenario de un sinfín de atrocidades, es lógico que muchos lo atribuyan a la conducta de la superpotencia que a partir de la Segunda Guerra Mundial se había desempeñado como una especie de gendarme regional. Asimismo, aunque desde inicios de su gestión Obama ha hecho de la eventual reconciliación con el “mundo musulmán” una prioridad absoluta, ya no cabe duda de que dicha política ha fracasado. Es probable que no hubiera nada que Estados Unidos pudiera hacer para mantener a raya el caos en que han caído tantos países musulmanes, pero muchos imputan la catástrofe así supuesta a la torpeza de un mandatario que creía que sus vínculos familiares con el islam, además de su nombre y apellido, le permitirían tener más éxito que su denostado antecesor Bush. Se equivocó, claro está: conforme a las encuestas de opinión, en los países musulmanes Obama es aún menos popular de lo que era el texano a finales de su período en el poder. Tal y como están las cosas, no podrá recuperar el prestigio perdido: si opta por intensificar la campaña contra el EI, enviando tropas terrestres a Irak y Siria, no tardará en ser acusado de responsabilidad por todo cuanto suceda en los dos países y en otros vecinos; si continúa limitándose a respaldar desde el aire a los combatientes kurdos, los islamistas “moderados” y las fuerzas leales al gobierno iraquí, será criticado por negarse a hacer lo necesario para eliminar a los yihadistas. En el mundo real, esperar que la superpotencia de turno sea universalmente popular es una ilusión; a lo sumo puede aspirar a ser respetada, ya que, si no lo es, regiones enteras pronto degenerarán en zonas liberadas como en efecto ha sucedido en “el gran Oriente Medio”.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Miércoles 26 de noviembre de 2014


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