El combate de Milei contra Milei
La discusión de reformas en el Congreso y la disputa desigual por el posicionamiento.
Los tiempos del conflicto político se acelerarán desde hoy. Milei caminó casi en soledad durante todo enero. Alternó el protagonismo en la escena global con la campaña permanente en territorio nacional. El equipo económico pagó los primeros vencimientos de deuda del año y concretó luego un mes entero de compra de divisas para reconstituir reservas, sin que por eso se escape el dólar. El riesgo país perforó la barrera de los 500 puntos. La oposición se replegó y eligió esperarlo a Milei, en febrero, en la arena del Congreso.
El Gobierno necesita aprobar en las sesiones extraordinarias la modernización laboral. Es la señal más fuerte que ansía enviar a los mercados: que el programa de estabilización inflacionaria tiene apoyo suficiente para pasar a la fase de reformas estructurales.
Sus adversarios tienen la misma percepción. Se dividen en dos grandes bloques. Los más alineados en la objeción programática al gobierno creen que la reforma laboral es un muro que Milei no debe atravesar. Los que proponen una recomposición conceptual de la oposición sostienen que el rechazo frontal y sin matices a la reforma puede profundizar la crisis del espacio adversativo a Milei y fortalecer a la Casa Rosada.
Entre los primeros prevalece una coalición táctica entre dirigentes del espectro progresista y referentes de la burocracia gremial. Consideran que cualquier revisión de las normas laborales sería una catástrofe porque profundizaría un modelo económico al que califican como destructivo del empleo y letal para una trama social de fragilidad muy delicada.
En la posición moderada se mueven dirigentes territoriales con responsabilidad de gestión. No sólo representan a sus votantes, también están desafiados por los conflictos gremiales emergentes en las provincias y municipios, cuya nómina salarial administran. Y reciben las demandas de los inversores que aspiran a ser competitivos, en una economía cada vez más abierta, desde la escena local.
Advierten de que el país viene posponiendo reformas imprescindibles para revertir la informalidad laboral. La rigidez normativa se transformó en un privilegio para pocos y en un obstáculo para la creación de empleo.
Esa es la batalla en ciernes en el Congreso. La Casa Rosada incluyó en la reforma laboral algunos puntos que inciden en la recaudación y la distribución de impuestos. Es el nudo de la negociación con los gobernadores. Pero la disputa parlamentaria será simultánea con otra: la del posicionamiento político para la próxima elección presidencial.
Inercias
Por el momento, esa conflagración es la de Milei contra Milei. Es decir, la del Gobierno contra la inercia de cometer errores no forzados. Esto es así porque las principales vertientes de oposición desaprovecharon la oportunidad de la elección de medio término para posicionar una alternativa de poder.
El Partido Justicialista resolvió posponer su renovación política y confirmó a Cristina Kirchner en la conducción. La táctica resultante fue más parecida a los empujones destituyentes que a la promoción de nuevos liderazgos para competir con Milei.
Apareció por el costado una coalición más plural -Provincias Unidas- que no alcanzó a diferenciarse lo suficiente de esa apuesta irracional por escalar la crisis. El rescate financiero de Donald Trump y electoral de la mayoría del país lapidaron esos intentos.
En busca del tiempo perdido, el espacio opositor decidió, tras la derrota, un repliegue. Es lo que genera la imagen del protagonismo presidencial excluyente.
Para el Gobierno puede ser un espejismo de alto riesgo. Interpela su capacidad para administrar casi con exclusividad las expectativas sociales. Es un termómetro delicado y volátil. Un suceso con el Chaqueño Palavecino; un bochorno con Fátima Flores.
En soledad, sin el control de una oposición lúcida, los actores del poder pueden marearse. La Casa Rosada aún cree que ganó las elecciones con un recital de rock en el Movistar Arena; los votantes de Milei saben que influyó más la aparición de Trump diciendo que Argentina agonizaba casi sin pulso en la terapia intensiva.
El repliegue opositor de enero comenzará a remitir desde hoy. La vidriera será el Congreso, pero el proceso político empezará a acelerarse en el territorio.
Las provincias y municipios tienen resuelto desenganchar sus elecciones de la presidencial de 2027 por una razón irrefutable: sin una alternativa nacional posicionada y en condiciones competitivas sólo queda una opción: aguardar a que Milei desgaste a Milei preservando, mientras tanto, el poder territorial.
En el fondo esa es la apuesta generacional de los referentes que no consiguieron desplazar a Cristina Kirchner del liderazgo estratégico de la oposición. Contra la proscripción declamada, la prescripción esperada. El peronismo espera recuperar el PJ por usucapión.
El riesgo de sustituir la acción política por la inercia del calendario es alto, aunque incluye incertidumbres que la ufanía de los libertarios no debería subestimar. A Milei lo rescató el voto, sólo después del rescate de Trump. Esa alianza externa tiene un horizonte contingente: el liderazgo de Trump será puesto a prueba, en su propio país, a fines de este año.
En estos días, Trump propone un nuevo orden global a su medida, pero cae en las encuestas del electorado norteamericano por el trato inhumano a los inmigrantes. Sus asesores vacilan sobre el consejo más conveniente: ¿crueldad o clemencia? ¿Trump debe buscar ser amado, temido u odiado?
Capítulos XVII y XIX de El Príncipe, un tratado de ciencia política, escrito en 1513 por un antiguo autor florentino cuyo fallecimiento fue anunciado hace días, en Suiza, por el economista Javier Milei.
Los tiempos del conflicto político se acelerarán desde hoy. Milei caminó casi en soledad durante todo enero. Alternó el protagonismo en la escena global con la campaña permanente en territorio nacional. El equipo económico pagó los primeros vencimientos de deuda del año y concretó luego un mes entero de compra de divisas para reconstituir reservas, sin que por eso se escape el dólar. El riesgo país perforó la barrera de los 500 puntos. La oposición se replegó y eligió esperarlo a Milei, en febrero, en la arena del Congreso.
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