El desafío de la función pública

Mario Rojas

Subjefe en Agencia Neuquén. Nació en enero de 1966 en Cutral Co. Estudió Profesorado en Comunicación Social en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). Inició su carrera como informativista en Radio Municipal Cutral Co y se desempeñó como redactor en Tribuna Abierta, La Mañana del Sur. También fue prensa institucional en Acipan, Copelco y en Prensa del gobierno de Neuquén. En Diario RÍO NEGRO 2010.

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La discrecionalidad de las capas intermedias y la displicencia de la capilaridad del Estado neuquino requieren problematizar sus prácticas.


El ejercicio de una discrecionalidad no arbitraria, conversada al interior de los organismos públicos, es necesario y compatible con la vocación de servicio que también hace a la integridad de la función pública. El concepto integra un trabajo de la Oficina Anticorrupción denominado Las burocracias de calle como primera línea de Estado que firman Pilar Arcidiácono y Luisina Perelmiter.

Hay dos hechos en los que se problematizó la burocracia del Estado neuquino en los que la discrecionalidad de las capas intermedias no fue conversada al interior de los organismos, es decir, se transformó en arbitrariedad. Hubo tres muertos hace un año en la escuela de Aguada San Roque y 16 chicos víctimas de abuso en un jardín de infantes de la ciudad de Neuquén.

Hay siete directores, inspectores, coordinadores y un subsecretario cuyas acciones como empleados públicos están problematizadas a partir de que actuaron en forma negligente, al menos, al aprobar obras para agilizar pagos sin que se realicen las inspecciones correctamente. La escuela 144 queda a 170 kilómetros del edificio de Colón y Belgrano o de Rioja 229 de la ciudad capital. Cumplimentar cuestiones administrativistas permite apreciar eficiencia en términos políticos, pero faltó que esa capilaridad de la burocracia neuquina tenga forma humana. Es verdad que las prácticas internas del Estado son protocolizadas y, es probable, que se repitan desde hace mucho tiempo, aunque desde la explosión de la escuela requiere un mirarse hacia el interior de los organismos.

La generación de espacios para reflexión sobre las prácticas requiere compromiso de abajo hacia arriba pero también desde las autoridades políticas, de arriba hacia abajo para generar los recursos comunicacionales e institucionales para socializar y coordinar saberes, para normalizar y conducir prácticas hacia una defensa más realista y menos declamativa del interés público.


La explosión de Aguada San Roque con tres muertos y diez funcionarios en la mira y el repudiable abuso en el jardín 31 obligan a legitimar políticas.


El dolor de los padres de la Jardín 31 irrumpió como una cachetada en la agenda política del gobernador Omar Gutiérrez, del intendente Mariano Gaido y del vicegobernador Marcos Koopmann, quienes están entretenidos en tejer la sucesión en el poder provincial. Ese cachetazo obligó a atender, a entender, a involucrarse. Otra vez la capilaridad de la función pública se problematiza, y falló ese de arriba hacia abajo, porque la discrecionalidad se convirtió en arbitrariedad con las consecuencias de un profesor con antecedentes poco claros.

El Estado como guardián del bien común y la seguridad faltó a todas sus obligaciones. El profesor fue detenido y golpeado en una unidad policial. El lógico enojo de la familia, después de 5 días de conocerse el primer hecho sin que existan mecanismos de resguardo, llevó a que la sensibilidad corriera la barrera hacia la justicia por mano propia.

Finalmente, el cachetazo en la fiesta del Ruca Che fue el envión a que se pusiera en marcha la sinergia desde las autoridades políticas hacia la capilaridad del Estado. Si el colador estatal tenía tantos resquicios para que se escapara una situación con un nivel de sensibilidad extrema es porque hubo fallas en la dinámica para que el nivel decisorio actúe en forma discrecional y por ende displicente.

Arcidiácono y Perelmiter indican en el estudio citado que “desde el punto de vista de las autoridades, conocer la vida capilar del Estado puede ser una gran herramienta para lograr burocracias lo más igualitaristas, íntegras y democráticas posibles, capaces de fortalecer la legitimidad de las políticas públicas”.

Claro que si este debate se centra en el costo de la burocracia o demonizar la discrecionalidad de la burocracia “de calle” no va a desembocar en la necesaria reflexión de la función pública que el Estado neuquino reclama.

Por ahora la eficientización no financiera sino humana de la función pública parece un mito que no forma parte de los proyectos al 2023.


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