Humanizar lo animal y animalizar lo humano
Mientras la natalidad cae, la soledad crece y el miedo reina entre las relaciones íntimas, los animales “ganan” derechos y todos los humanos los pierden para siempre.

La humanidad es una animalidad.
1. El humano puede ser racional
Recordemos que el ser humano es un animal que “puede ser racional”. La animalidad es permanente, la racionalidad es facultativa: se adquiere, educa y no es constante. Incluso cuando es un animal racional es más animal que racional. La animalidad es un destino inescapable, la racionalidad un esfuerzo disciplinado y laborioso. Tantas veces se pierde, recuperarla no es fácil.
Llegamos a este momento histórico porque, mucho antes de Milei, se vivió un clima que la pandemia y el hastío con la economía aceleraron hasta el extremo. La irracionalidad de ciertos movimientos que generaron políticas de miedo y pánico se descontroló en linchamientos y cancelaciones, en violencia regenerativa. “Siento, luego existo” fue propio de ese momento y cultivó ansiedad, ira, inseguridad, todas las emociones negativas.
Se organizaron patrullas para perseguir en todos los ámbitos, desde escuelas hasta la misma esfera judicial, política y académica. No debería sorprender que al cultivar políticas del miedo y resentimiento se coseche oscuridad.
Fue un momentum, un impulso antisocial. Hubo una sociedad extraña entre misandria y misoginia. Se alimentó la guerra entre los sexos (que son géneros). Eso provocó este hito misantrópico y generó las condiciones para Milei. El mileismo generará otra cosa diferente, posiblemente peor si no se hacen control de daños.
El Gobierno está en sintonía y legitimado por esa mayoría enojada que vivió esa intensidad de minorías en silencio.
Cuando las relaciones íntimas entran en un Estado de excepción, todo se llena de desconfianza. Se vuelven peligrosas, un campo minado. El miedo invita a la soledad y al exilio digital. Gatos o mascotas digitales, compañeros caninos o compañeras creadas con inteligencia artificial. ChatGPT, mi fiel amigo.
Mientras tanto los niños se animalizan con crueldad. Desde defender la muerte de niños en conflictos bélicos hasta los escraches a niños de trece o catorce años en escuelas, justificados por ciertos progresismos. Todas políticas de castigo directo y control social aplaudidas. Esas patrullas generaron prácticas participativas de violación de derechos y garantías.
Actualmente se pasó de castigarlos sin proceso -o proponer hormonizarlos- a querer criminalizarlos “como adultos”. El progresismo y el antiprogresismo, en su crueldad, parecen hermanos siameses.
Aquellos grupos que instrumentalizaron los pánicos y el miedo maximizaron atención pero dejaron un tendal de traumas. Tuvieron ganancias de corto plazo, dejaron daños de largo alcance también. Repitieron errores de otros grupos en otras décadas, creando las condiciones para una reacción igual de intensa y demencial.
Hoy los efectos de esa ola antisocial contribuyen a la reelección del Gobierno en 2027. Milei le debe mucho a su oposición.
2. Infantilización y destrucción de derechos
Es un contraste duro ver la infantilización de un Gobierno que quiere castigar penalmente a niños. Especialmente bajo la idea de tratar sus acciones “como adultos”. El pensamiento mágico que tuvo el progresismo y que tiene el actual Gobierno son ejemplos de infantilización y negación del alto costo de sus acciones.
Toda la destrucción estatal, la pérdida en los derechos laborales, el industricidio y el daño evitable que se producirá con la posible sanción de “la baja de imputabilidad” -que realmente es punibilidad- traerá más dolor real.
La infantilización social está en el poder y cruza la sociedad. La aparición de la tribu cosplayer “therian” lo grafica.
No es extraño que las parejas decidan “criar” mascotas como “familia”, que haya políticas y campañas publicitarias para humanizar a mascotas, equipararlas a hijos. La depresión, la soledad y lo antisocial son también mercados muy lucrativos. Habrá más veterinarios que pediatras, más muertes que nacimientos.
Nadie se opone a la extensión de derechos de los animales, a su protección inteligente y a reducir su sufrimiento innecesario. El problema no son los animales no humanos diría Edwin Landseer.
Los únicos responsables somos los animales humanos. Los únicos que tenemos obligaciones, deberes, valores, que podemos ser racionales, decimos “pensar”, procesar emoción y razón. Los únicos que podemos salir -por un rato- de la animalidad pura estamos decidiendo alejarnos de esa humanidad desarrollada. Hacia otro mundo. Uno de más dolor y miedo para todos. No hay nada más primal en nuestra animalidad que el dolor y el miedo al dolor. Hacia ese mundo primitivo vamos.
* Abogado y profesor de Derecho Constitucional.

La humanidad es una animalidad.
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