Violencia adolescente: la urgencia de la prevención

Vemos debilitamiento de la autoridad simbólica, instituciones desbordadas, menos espacios de palabra, más inmediatez y descarga. Todo esto favorece hechos como el de Santa Fe.

Por Mirta Jeifetz

Lo que ocurrió en San Cristóbal condensa varios niveles a la vez: lo individual, lo vincular y lo social.

Un acto así difícilmente sea solo “impulsividad”. La impulsividad puede estar, pero suele ser la punta visible de algo más desorganizado y en la mayoría de los casos, rasgos compatibles con estructuras graves.

En la adolescencia se produce una reconfiguración psíquica que implica atravesar cuestiones de identidad, cuerpo, sexualidad, lugar en el mundo. Cuando los conflictos internos no encuentran como tramitarse, pueden volverse violencia dirigida hacia otros o hacia sí mismo.

Por otra parte, en la época actual, con circulación masiva de imágenes y relatos de violencia, ciertos actos encuentran modelos disponibles. En ésto, lo global incide: hechos en otros países generan una especie de guion disponible, que puede ser tomado por sujetos particularmente frágiles. No es que alguien “imite” linealmente, pero sí hay una especie de identificación imaginaria con escenas que se vuelven pensables, generando un efecto de habilitación.


Lo social e institucional no se pueden separar del contexto: la fragilidad del lazo social y las dificultades de las instituciones (escuela, familia, dispositivos de salud mental) para alojar lo disruptivo.

 En el contexto actual, vemos debilitamiento de la autoridad simbólica, instituciones desbordadas, menos espacios de palabra, más inmediatez y descarga. Todo esto favorece el acto. En estos actos, muchas veces el otro deja de ser semejante, pasa a ser obstáculo, amenaza o simplemente objeto, no hay reconocimiento del otro.

Y el resultado es un acto que irrumpe.

Se impone trabajar en prevención desde las instituciones y desde los dispositivos de salud mental generando espacios para la palabra y observando la evolución de los adolescentes para brindarles el tratamiento psicoterapéutico que corresponda en los casos que fuera necesario y orientación a las familias.

*Licenciada en psicología, psicoanalista del Centro Liberman (Centro de atención comunitaria-Apdeba)


Lo que ocurrió en San Cristóbal condensa varios niveles a la vez: lo individual, lo vincular y lo social.

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