«Oración por la patria»

Señor:

Los días son difíciles en la patria de los argentinos. De pleitos, de enfrentamientos, de intolerancia.

Hay como un aire enrarecido que enceguece a nuestros dirigentes.

Y la Nación tiene un largo cansancio porque esa historia se repite desde sus inicios.

Acuérdate de nosotros, los hombres de buena voluntad, que tenemos de ella una idea de limpia grandeza que no tienen quienes nos gobiernan.

¡Pobre patria mía! supo decir el general Manuel Belgrano y hoy que está arrutado su rumbo la gran mayoría exclama lo mismo.

Porque la hora es grave y el desaliento cabalga sobre sus cuatro puntos.

Y la patria como dijo el poeta: «Es un dolor que nunca cesa», y ella somos todos.

Dolor por las diferencias entre hermanos alentadas por una dirigencia que no merece el pueblo que tiene.

Ten piedad de nosotros.

No lo dijeron acaso las estirpes del Cid:

¡Qué buenos vasallos serían si tuviesen un buen señor!

Que sea la hora en que una luz nueva ilumine a nuestros hombres y mujeres para que depongan todo enfrentamiento, obrando con la sensatez y la mesura que la ocasión demanda y que por el bien del país depongan sus mezquinos intereses sectoriales y de partido.

¡Que se abran las esclusas de una nueva Nación que merezca ser vivida por todos sin distinciones ni descalificaciones!

Te pido Señor.

Por la gente común, la de esa Argentina silenciosa y subterránea que sufre y está preocupada, que trabaja y que con sus labores produce toda fuente, especialmente te pido Señor, porque son como las vírgenes prudentes que con sus lámparas encendidas esperan tu regreso en la noche oscura de los argentinos.

 

Jorge Castañeda, LE 8.569.045

Valcheta


Señor:

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