Otoños valletanos
Las temperaturas que descienden suavemente, permiten no sólo una paleta de colores increíble sino también un material invalorable... las hojas.
El Jardín de Casa
Los otoños del Alto Valle tienen ese no sé qué especial, que los diferencia del resto del país y no porque los de más al sur de la Patagonia no sean igualmente bellísimos, sino porque en nuestra región las alamedas, los frutales y las viñas le dan ese toque tan particular. Se unen a ellos los fresnos y otros árboles de calle y lo que plantamos en nuestros jardines. El emblema de Roca es un fresno “macho” en el “canalito”, en el centro de la ciudad, que es la admiración de todo aquel que pasa por sus cercanías, maravillados por el color oro de su copa, que resplandece especialmente en horas de penumbra. Estos colores son posibles cuando el frío otoñal se instala en forma lenta y paulatina -como está sucediendo este año- y da tiempo a que las plantas reabsorban parcialmente los nutrientes contenidos en las hojas y los trasladen como reservas a raíces y ramas principales para el resurgir de la próxima primavera. El verde de la clorofila se va perdiendo y aparecen los colores de fondo, ocultos debajo de ella. Por el contrario, cuando los otoños muestran un descenso brusco de la temperatura, con heladas fuertes y repentinas, ese traslado se interrumpe y las hojas caen sin regalarnos esa exquisita paleta de colores. Ese fenómeno de caída del follaje, nos regala además otro tesoro no valorado en toda su magnitud, en forma de material aislante para proteger a nuestras plantas del frío. Colocadas como alfombra al pie de árboles, arbustos e incluso entre plantas herbáceas, mantienen aislada a la parte más sensible de las plantas de las heladas. El aire retenido entre las hojas actúa como un acolchado, reteniendo la temperatura del suelo y retardando su enfriamiento. El “cuello” de una planta, especialmente de las sensibles a frío, es la parte crítica del invierno… si sobrevive, es muy probable que rebrote en primavera aunque el resto aéreo se haya “quemado”. Si se desea prolongar ese efecto protector hasta el fin de las heladas, hay que mantener seca esa cobertura, aislando tanto del suelo como de la lluvia con nailon, preferentemente de color negro, por ser el que más temperatura solar absorbe. Al descomponerse por efecto de lluvias y humedad, liberan los nutrientes que aún contienen y serán un alimento orgánico bienvenido para todos los vegetales, tal como sucede en las grandes selvas. Las plantas son seres frugales y el agregado de abonos químicos hace más mal que bien, porque en el afán de que crezcan “más y mejor” se les altera su metabolismo y se hacen más sensibles a plagas y enfermedades.