Pablo Borgia: yoga, música y solidaridad

Es profesor de bandoneón en el IUPA. En su tiempo libre construye, junto a otras personas, un comunitario de cubiertas en barrio Nuevo, donde darán talleres de oficios y arte.



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Alrededor de 12 son las personas que colaboran con Pablo Borgia en el proyecto comunitario, donde esperan dar talleres de oficios y arte.

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Rueda sobre rueda se avanza en la construcción del salón comunitario.

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Pablo es docente de bandoneón en la Fundación Cultural Patagonia.

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“La madre Teresa de Calcuta ayudaba a todos en la India: católicos, musulmanes, hindúes o del budismo. Nosotros estamos construyendo un comunitario con cubiertas en barrio Nuevo e invitamos a todos, sin importar la religión, para que ayudemos a los demás”.

Pablo Borgia es el que hace referencia a Teresa, la mujer que lo inspira a la hora de ser solidario. El junto a otras 12 personas son las que cada sábado se instalan en un predio de calle Rosario de Sante Fe al 4300 donde levantan un salón con material reciclado, de 17 metros de largo por seis de ancho.

A pesar del poco tiempo disponible, Pablo no duda en destinar algunos días del mes para el trabajo solidario. La música y el yoga son sus otras pasiones que se convierten en obligaciones, ya que es parte de su trabajo en la Fundación Cultural Patagonia y en el Centro Sana, donde tiene varios alumnos de yoga.

Radio y tangos con el abuelo

Pablo nació en Regina, donde vivió un año. Luego sus padres se trasladaron a Zapala, donde residió hasta los 17 años, volviendo a su ciudad natal, aunque sólo por tres años, ya que luego se instaló en General Roca con la intención de estudiar comunicación social en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales.

La pasión por la música pudo más y se dedicó de lleno al estudio del bandoneón. “La música tomada como profesión requiere igual o más tiempo que estudiar una profesión como ingeniería o abogacía. Es mucho tiempo de estudio con el instrumento”, dice el joven que arrancó a los 20 años estudiando en el IUPA.

“Cuando era chico mi abuelo, Antonio Portoni, solía escuchar un programa de radio 5 a 7 de la tarde sobre tangos. Yo me quedaba cerca de él y me gustaba esa música. Además mi abuelo fue bailarín, así que creo que eso fue formando un gusto por el tango. También tengo amigos tangueros”, relata.

Borgia suele organizar eventos musicales junto con el IUPA y la Fundación Cultural Patagonia logrando que lleguen a nuestra ciudad personalidades destacadas como Julian Peralta, Néstor Marconi y Julio Pane. Músicos de gran trayectoria que han acompañado a figuras relevantes del tango en Buenos Aires.

El Yoga

La postura que requiere estar con el bandoneón le generó a Pablo algunas contracturas por lo que consultó a un profesor de Yoga. “Esos dolores me llevaron a tener sesiones dos veces por semana, luego empecé a practicar en casa hasta que me gustó tanto que hice un instructorado en “Ashtanga Yoga”, que es una de las ramas del yoga. Desde hace dos años doy clases en el Centro Sana”, cuenta el profesor.

El trabajo comunitario

Como ya hemos contado, Pablo “tano” Borgia, dedica parte de su apretada agenda al trabajo solidario, actividad que generalmente la realiza los sábados, junto a unas 12 personas.

“En su momento nos convocó el sacerdote Pablo Buda, que trabajaba en barrio Nuevo. Allí comenzamos con la tarea de construir un salón, ya que no hay lugares donde se puedan realizar actividades comunitarias. Los que más saben de construcción tradicional y natural son Hernán y Cristian. Con ellos y la ayuda de tutoriales avanzamos con la edificación de cubiertas”, dice.

Explica que Las ruedas van atornilladas unas con otras y rellenas de tierra que debe estar muy bien compactada. Tierra y neumáticos son los materiales básicos. El resto son tornillos y algunos caños tubing. “Lo que más lleva es mano de obra y necesitamos gente que nos ayude. La idea es hacer el encadenado tradicional, con hormigón, y como techo utilizaremos maderas, nailons y tejuelas de neumáticos. Queremos que la gente del barrio vea que también puede hacer una casa más segura y económica, que las de cantonera y nailons”, explica Pablo.

Una vez terminado el salón, los constructores esperan que el lugar sea utilizado como comunitario donde se brinden talleres de oficios, de arte, música, etc.

Actualmente al lugar asisten jóvenes que integran el “IAM” (Infancia y Adolescencia Misionera) que convoca a unos 30 chicos entre 5 a 11 años, a los que les brindan un desayuno junto con actividades recreativas.

“No queremos hacer asistencialismo, aunque en principio es necesario porque hay muchas carencias. Queremos acompañar con temas espirituales y ofrecer alternativas. Vemos que hay muchas situaciones de violencia, de drogadicción, de marginalidad, indigencia y falta de alimentos, incluso algunos abandonan la escuela por estos problemas”, analiza.

Finalmente invita a la gente que quiera colaborar con el proyecto aportando mano de obra. Para terminar el comunitario hace falta alrededor de $25.000 y tanto Pablo como otras personas realizan actividades para juntar fondos que permitan culminar con la obra.

Los interesados pueden contactarse a través de la página en Face: Pablo tano Borgia, Una buena oportunidad para imitar, al menos en una pequeña parte, a la madre Teresa de Calcuta.

Los sábados se realizan los trabajos de construcción donde están invitados los que quieran colaborar.

Datos

Los sábados se realizan los trabajos de construcción donde están invitados los que quieran colaborar.
25
mil pesos
Se necesitan para la compra de materiales que permitan terminar el salón comunitario.
102
m2
Mide la construcción confeccionada con cubiertas y barro en R. de Santa Fe al 4300.

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