País piquetero



Para conseguir subsidios, o sólo para desahogarse, bandas de piqueteros suelen tomar como rehenes a automovilistas y otros que no tienen nada que ver con sus problemas por entender que, si les hacen imposible la vida, el gobierno se sentirá forzado a ayudarlos. La metodología perversa así supuesta, legitimada por kirchneristas interesados en aprovechar lo que llaman la “protesta social” para intimidar a la clase media, ha hecho escuela en el país. Vecinos enfurecidos por apagones que en algunos barrios del conurbano bonaerense han durado más de una semana, e indignados por la incapacidad patente del gobierno de mejorar la situación, se han puesto a cortar calles, autopistas e incluso vías ferroviarias, de tal modo agravando el caos provocado por la combinación nefasta de un sistema energético colapsado y una intensa ola de calor que no da tregua. Sería de suponer que todos comprenden muy bien que obstaculizar el tránsito no servirá para que haya más luz, pero, haciendo suya la lógica de los piqueteros, miles de vecinos quieren exteriorizar la rabia que sienten golpeando a quienes están a su alcance. Los argentinos no son los únicos que pasaron Navidad sin energía eléctrica. También sufrieron muchos europeos y norteamericanos a causa de condiciones climáticas muy adversas. Con todo, si bien en tales lugares ha habido muchas quejas, la mayoría sabe que sería inútil culpar al gobierno local, lo que dista de ser el caso en nuestro país, ya que muchos especialistas previeron hace años que, tarde o temprano, amplias zonas quedarían sin luz debido a la insensata política energética de un gobierno más interesado en privilegiar el consumo a corto plazo por motivos electoralistas que en aumentar la producción o mantener las redes de distribución. Para defenderse contra las críticas, funcionarios como el ministro de Planificación Julio De Vido –el responsable principal del desastre– y el jefe de Gabinete Jorge Capitanich están tratando de hacer pensar que todo es culpa de las empresas Edenor y Edesur, ambas en efecto fundidas, y han amenazado con estatizarlas, pero en vista del desempeño lamentable del sector público en los años últimos pocos creen que dicha variante sea una solución. Por lo demás, el gobierno nacional ya tiene veedores en Edenor y Edesur, pero parecería que no vieron nada mal hasta que la crisis que tantos habían vaticinado estalló. Al gobierno kirchnerista le fue irresistible la tentación de dejar deteriorarse la infraestructura del país. A su juicio, los beneficios políticos que le supondría invertir en obras sólo se harían sentir en el largo plazo, razón por la que le convendría concentrarse en el gasto social, o sea electoral. Pues bien, muchos millones de personas están viviendo las consecuencias de la miopía e ineptitud de gobernantes que a menudo brindan la impresión de estar más interesados en las cuestiones ideológicas que agitaban al estudiantado cuarenta años atrás que en la realidad actual. Reparar los daños no sólo materiales sino también sociales y éticos ocasionados por una década ganada por la demagogia no será del todo fácil. Reconquistar la soberanía energética perdida requeriría años de esfuerzos. Igualmente arduo sería reconstruir el sistema de provisión no sólo en el deprimido conurbano bonaerense sino también en muchas otras partes del país. Por desgracia, no habrá soluciones inmediatas. Es más, puede que no haya soluciones porque serían insoportables los “costos políticos” de aplicarlas. De ser así, el país de las semanas últimas, el de los motines policiales, saqueos, apagones no programados y protestas callejeras inconducentes, no cambiaría demasiado en los años próximos aun cuando el electorado optara por un gobierno mucho más competente que el de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Mal que nos pese, un país en que, a juzgar por lo que ha sucedido desde que la ola de calor se abatió sobre buena parte del territorio nacional, tantos comparten la mentalidad de los piqueteros no estaría en condiciones de recuperarse con rapidez de los perjuicios que le ha causado un período prolongado signado por la desidia y la corrupción consentidas, ya que no sólo han quedado maltrechas la infraestructura material sino también la social y la cultural que, claro está, son mucho más importantes.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Domingo 29 de diciembre de 2013


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